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domingo, 16 de mayo de 2010

Línea 44. Una experiencia para la reflexión

El empeño en la realización metódica de mis recorridos domingueros me va descubriendo aspectos insospechados que sólo se vislumbran con la repetición sistemática de las secuencias que yo mismo establecí al inicio de mi experiencia.

De la misma forma que los antiguos pobladores ingleses al construir Stonehenge se basaron en la observación de la repetición de los ciclos solares para predecir estaciones, el llevar ya 24 recorridos en bus siguiendo una secuencia parecida, me va descubriendo regularidades que nunca hubiera imaginado.

En primer lugar la regularidad en la hora de salida, sólo truncada cuando trasnocho los sábados. También regularidad en la rapidez del desayuno puesto que deseo salir cuanto antes de casa y de los alimentos que me llevo (suelen ser dos naranjas). Regularidad en el panorama ciudadano observable los domingos por la mañana, regularidad que también se observa en la conducta de los pasajeros del bus, los ciudadanos comprando sus periódicos, los paseos de los perros, algunos jóvenes que siguen la juerga "de empalmada", etc.

Podríamos colegir, por tanto, que la repetición sistemática de determinados hábitos conduce a un mayor grado de conocimiento siempre y cuando uno tenga interés en reflexionar y sacar conclusiones sobre estos hechos.

Pues bien, hoy la salida ha sido un poco más tarde por la tardana hora de acostame ayer. He salido a las 9:47. Afortunadamente la parada del 44 la tenía cerca de casa, en la Avenida de La Jota por lo que ya a las 9:57 me encontraba en el interior del bus camino a Actur Rey Fernando. La primera sorpresa (y empieza a constituir otra regularidad) ha sido que no tenía mi tarjeta-bus (y no el bonobús como yo lo denominaba). Como suele ser habitual, alguna de mis hijas se había apropiado de ella sin avisarme por lo cual no me ha quedado más remedio que abonar el euro de rigor al subir al vehículo. Un cómodo recorrido me ha trasportado con rapidez hasta el ACTUR ya que quería realizar el trayecto a la inversa puesto que anteriormente había visitado este barrio en varias ocasiones.

Al descender del bus he recibido los empellones inclementes del cierzo zaragozano empecinado en su afán de revolver y alborotar todo cuanto se encontrara a su alcance. Me he hecho fuerte y, desafianzo sus bufidos he ido al encuentro de una papelería en la que me vendieran un nuevo bonobús (digo..... una nueva tarjeta bus). No ha habido suerte con la primera ubicada cerca del Carrefour. Se habían acabado justo en ese momento. Nueva búsqueda por calles ya conocidas y nueva pregunta en otro quiosco. Tampoco aquí he podido conseguir la preciada tarjeta, si bien la amable señora me ha encaminado hacia una tercera papelería en la que, según ella, tenían la dichosa tarjeta. Bien ventilado he arribado a la tercera papelería y, como decía anteriormente, al preguntar si tenían bonobús, el vendedor (que padecía de cierta discapacidad en su brazo derecho y también en el habla) me ha corregido y recordado el nuevo nombre del abono. Pero bueno, el caso es que finalmente he conseguido el pase y me lo he llevado recargado con 10 euros.

Triunfante he regresado al inicio-final de la parada del 44 y el conductor, desde dentro, me ha indicado que faltaban 7 minutos para la salida. Otra regularidad, he pensado, con el número 7: he salido de casa a las 8:47, he tomado el bus a las 8:57 y ahora faltan 7 minutos para que salga el bus. Todavía he dado otra vuelta aguantando el azote ciercero y regresado al autobús cuya puerta de entrada he franqueado pues se encontraba abierta.

El mastodonte rodado ha iniciado su viaje en sentido inverso y yo me he tenido que cambiar tres veces de asiento para evitar el sol durante el recorrido. Lo mismo ha hecho un señor situado detrás de mí, los dos como ejecutando un elemental ballet.

El viaje ha sido rápido y en un plis plas he sido trasladado del Actur al barrio Montemolín. Me he apeado en las cercanías del pabellón Príncipe Felipe, que es donde se ubica la parada final de trayecto.

Enseguida he avistado el Bar Iceberg, ubicado en la esquina de Cesáreo Alierta con Camino de Cabaldós, viejo conocido visitado en alguna otra ocasión y me he encarrilado por esa calle. He girado por la calle José Galiay y, enseguida he vislumbrado el colegio La Salle Montemolín. Al principio no le he hecho mucho caso al centro escolar pero cuando les he preguntado a unos señores mayores por la iglesia del barrio, ello me han indicado que a las 11:30 hacían misa en el colegio ya que estaban celebrando la semana de San Juan Bautista de la Salle, patrón del centro. Enseguida he tomado la decisión de asistir a esa misa al intuir que la experiencia podía ser interesante.

Me he adentrado en las instalaciones del colegio y luego preguntado a una señora ecuatoriana que iba con su hija si sabía la hora de la celebración. Ella creía que era a las 11:00 pero estaba mal informada puesto que la hora correcta era la que me habían indicado los señores anteriormente comentados. Eran las 11:7 minutos (otra vez el 7) y he decidido deambular por los pasillos del centro que se encontraba abierto a los visitantes. En primer lugar he visitado una exposición de trabajos escolares muy bien presentada y ambientada. Cuadernos realizados con letra exquisita y otras tareas académicas se mostraban con orgullo en mesas preparadas al efecto. También cuadros y trabajos manuales en los que discretamente habían colocado el cartel de "Fotos no". Una primera conclusión obtenida es que los salesianos mostraban orgullosos los mejores trabajos de los alumnos y -creo yo- de las madres.

Después me he dedicado a caminar por los pasillos del colegio, muy limpios y escoscados y engalanados con orlas de las distintas promociones que han ido terminando sus estudios en el centro. Me ha sorprendido una pecera iluminada, limpia y bien cuidada en la que sus habitantes parecían encontrarse muy a gusto. Tanto orden y limpieza en este centro concertado contrastaba con el desorden y dejadez que yo he observado en algunos centros públicos. Ha sido un primer "flash" de otros que han venido más tarde.

En una intersección de pasillos he podido observar a un coro ensayando. Con gran empeño y dedicación un nutrido grupo de señoras y señores de edad avanzada la mayoría de ellos, se preparaban para su posterior intervención en la celebración eucarística. Posteriormente he averiguado que se trata de la Coral San Agustín que ya ha celebrado su XX aniversario http://www.terra.es/personal4/coralsanagustin/

Ha sido un segundo destello que, de nuevo, me ha llevado a establecer comparaciones entre la enseñanza estatal, laica y la enseñanza religiosa.

Un tercer "fogonazo" que también me ha deslumbrado ha sido la cuidadosa puesta en escena y el orgullo de pertenencia a la comunidad lasalliana que se observaba tanto en los asistentes como en el celebrante en el desarrollo de la misa en la cual, como decía ha intervenido el coro.

Estos tres impactos me han hecho reflexionar sobre la enorme diferencia existente entre los centros públicos y los privados concertados, especialmente los religiosos. Estos últimos comparten unas referencias y unos valores muy claros basados en la doctrina cristiana. Alrededor de estos valores, que como digo, están muy bien establecidos se ha ido construyendo un estilo de enseñanza con el que se puede estar más o menos de acuerdo (yo, personalmente, no comulgo con ella) pero que sin duda propician y posibilitan una formación más coherente con el ideario que la que reciben nuestros alumnos de la pública.

Lo deseable (he pensado) sería que en los centros públicos hubiera un acuerdo claro con una serie de valores que compartiera toda la comunidad educativa. Valores basados en la declaración de derechos humanos y otras declaraciones fundamentales de la humanidad. Pero, como digo, la clave sería que todos, de verdad, compartiéramos esos valores y los tuviéramos permanentemente en cuenta a la hora de educar a nuestros alumnos. Para ello se requeriría un liderazgo claro y reconocido por toda la comunidad educativa por parte de los equipos directivos y también un compromiso diario de los padres y los hijos/as para que, conjuntamente con los profesores, todos a una, tratáramos de lograr la mejor educación posible para los alumnos.

En esas elucubraciones me estaba dispersando cuando ya ha dado comienzo la celebración. Enseguida se ha arrancado el coro muy bien dirigido por Antonio González (lo he averiguado en Internet) que cadenciosa y melódicamente ha ambientado toda la misa.

Las lecturas y el evangelio no han dado para mucho. Se hablaba de la ascensión definitiva de Jesús a los cielos. La homilia ha sido leida por el cura con tono cansino. No me ha aportado nada nuevo. Sólo una referencia a la antigua frase de los tres días que relucen más que el sol intercalada con otra aludiendo a la sustitución de la festividad de hoy por la cincomarzada me ha hecho sonreir levemente.

Ya estaba visto lo básico y al terminar el sermón leído me he puesto en pie y driblando los asientos del coro he conseguido llegar a la puerta y abandonar presuroso la Lasaliana capilla.

He salido del centro educativo y no tenía muchas ganas de recorrer el barrio porque, como he dicho, ya lo tengo visto de otras ocasiones. Así es que he decidido meterme en la cafetería Iceberg regentada por dos féminas -yo diría que dominicanas- y un camarero de la misma nacionalidad. Me han atendido con amablidad pero produciendo en mi un cierto sentimiento de ser ignorado. También me ha parecido detectar un cierto rictus de indiferencia cuando he preguntado por el Heraldo. Como ya se sabe, son componentes emocionales, fundamentalmente los que deciden a los consumidores a realizar o no una compra. Si en ese momento me hubieran trasportado a otro bar, yo hubiera tomado la consumición en el segundo establecimiento. Eso lo dice todo.

Como siempre, las viandas me han sabido buenísimas y luego me he leido de cabo a rabo el rotativo aragonés. He pagado y he salido del local, trasladándome hasta una papelería cercana que ya había detectado donde he adquirido El País, con el morbo de ver el tratamiento que le daba al "tijeretazo" de Zapatero a los funcionarios.

Después me he encaminado hacia el principio-final de línea del 44 y enseguida ha llegado el autobús. El traslado hasta mi barrio me ha resultado especialmente fugar porque iba embebido en las noticias de la crisis económica.

El viento me ha seguido zarandeando a mi llegada al barrio. Sus empujones inmisericordes me han servido para tomar conciencia de la hora: las 12:47. El recorrido de hoy me ha llevado, pues, tres horas exactas.

Al llegar a casa, he permanecido hablando un buen rato con Rosa Mari sobre mis experiencias de hoy y especialmente sobre las elucubraciones comentadas anteriormente sobre los colegios públicos y los privados. Después he comenzado a redactar la primera parte de mi crónica. Sobre las 14:47 me han llamado para comer. También como siempre -otra regularidad- he devorado la comida con muy buena gana. El medio vaso de Rioja ha producido en mí un efecto narcótico y, después de leer brevemente el periódico, me he echado una cabezada. Una vez reiniciado el sistema operativo he dedicado la tarde a leer El País con más detenimiento y también a dar vuelta con mi padre a los frutales de la parcela de Villamayor.
Todas las fotos (que hoy son pocas) en:´http://picasaweb.google.com/rutaviva2/Linea44UnaExperienciaParaLaReflexion#

domingo, 21 de marzo de 2010

Recordando tiempos pretéritos. Línea 35

Por la mañana me he despertado con muchas agujetas en las piernas. Las labores jardineras del sábado, casi todo el rato agachado han dado como resultado este efecto lógico aunque indeseable.

Ello no ha sido óbice para encarar la aventura mañanera con renovado ánimo. Es más, la sensación de discreta molestia al caminar me daba la impresión de vivir con más intensidad mi excursión. Es como si esa pequeña mortificación sirviera para eliminar algún que otro imperceptible velo tras el que se esconde la auténtica realidad.

Como el guerrero que todavía se resiente de antiguas heridas he salido de casa a las 8:17 pertrechado con los víveres de costumbre: dos zumosas naranjas, una a cada lado en los bolsillos de mi cazadora-anorak.

El recorrido se ha desarrollado atendiendo a la siguiente pauta:

1º.- Calle Pascuala Perié
2º.- Calle Carmen Serna (Antigua Sierra de Alcubierre)
3º.- Avenida de Marqués de la Cadena (Hasta Hierros Alfonso)

En el cruce de Marqués de la Cadena con San Juan de la Peña me he topado con la primera sorpresa del día: un coche aparecía volcado, ruedas arriba, en el jardincillo que sirve de divisoria entre los dos carriles. Gran aparato de policía y bastantes mirones no han impedido que tomara una foto traicionera aprovechando la "trinchera" de unos contenedores de basura.

No le he concedido más importancia al evento pues no se veían ambulancias ni restos de sangre u otros fluidos orgánicos por el asfalto Dos jovenzanos conversaban amigablemente con los policías esperando -supongo- que llegara la grúa.

Así es que he continuado mi viaje ya que quería tomar el 35 en San Juan de la Peña, dirección Parque Goya. Cerca ya de la parada he recordado que no tenía saldo en la tarjeta del bus ya que, como suele ser habitual, mi hija pequeña me había dado el cambiazo y yo me había quedado con la tarjeta sin saldo. Menos mal que tenía la impresión visual de una papelería cerca de la parada. Allí me he dirigido y la he recargado con 10 €. El señor que me ha atendido, muy formal en su papel de expendedor dominguero de prensa, no me ha prestado mucha atención. El trato ha sido correcto aunque un punto displicente.

He retornado a la parada y, enseguida, ha llegado un novísimo 35 articulado y dotado de una voz sintetizada que iba anunciando la proximidad de las paradas con un acento robótico que me producía risa.

La suspensión, acorde con la juvetud del vehículo también era digna de elogio y muy diferente de anteriores buses. De manera que el viaje me ha resultado placentero y rápido y en un plis plas me he presentado en la urbanización Parque Goya II.

El barrio estaba silencioso y medio adormilado. La supuesta juventud de los residentes -he razonado- les induce a trasnochar el sábado y a remolonear en la cama las mañanas de los domingos. Así es que he recorrido las tranquilas calles tomando una foto aquí y otra allá para dejar constancia de mi visita. A una señora que paseaba su perro le he preguntado por la parroquia del barrio y me ha contestado que no tenía constancia de ninguna construcción eclesial por las cercanías y que si quería oír misa, tendría que desplazarme hasta el colegio de Cristo Rey que era la delegación más cercana del "más allá".

Los prunus pisardis (ciruelos japoneses) abundan en el barrio y mostraban esplendorosos sus blanquirosadas y olorosas flores. Muchos de ellos han merecido mi atención y han quedado inmortalizados y "pixelizados" con mi cámara. También he tomado varias fotos al colegio "Agustina de Aragón". En fin, que he cumplido con mi autoasignado cometido de reportero dominguero por las calles de Parque Goya II.

He retornado por la calle La Fragua hasta el comienzo de línea y de nuevo he subido al bus para -ahora sí- realizar el recorrido completo.

De este segundo viaje, reseñar tres jóvenes que han subido en la confluencia de San Juan de la Peña con Salvador Allende. Todos iban conectados con su mundo particular a través de pequeños auriculares integrados en sus orejas. Han merecido un momento mi atención ya que enseguida he pensado en las grandes diferencias en nuestro "ser y estar" en el mundo entre unos y otros. Yo, personalmente, no concibo la posibilidad de caminar y, al mismo tiempo, ir escuchando canciones o noticias. Prefiero disfrutar del amplio menú que ofrece lo cotidiano. Creo, incluso, que hay muchos platos que para degustarlos con fruición se necesita un plus de atención, concentración y curiosidad, aspectos, todos ellos, incompatibles con la conexión orejera al walkman.

Así que en 30 minutos hemos llegado a la Plaza Emperador Carlos V que constituye el final del trayecto. Rápidamente me he puesto en marcha y preguntado a un señor por la parroquia más próxima. Me ha señalado tres posibilidades: San Braulio en Corona de Aragón, Santa Mónica en la Romareda o -posibilidad remota- el convento de las monjas franciscanas ubicado frente al IES "Miguel Catalán". Me he decantado por intentar este último destino aunque enseguida he podido comprobar que la puerta estaba cerrada y nada invitaba a entrar para, supuestamente, escuchar misa. He tomado una apresurada foto de la entrada al convento al mismo tiempo que me decidía por Santa Mónica recordando que allí, precisamente, fue donde me casé en junio de 1986 (hace 24 años)

Enseguida he llegado a las inmediaciones del templo y, de nuevo, me ha cautivado su original factura. La redonda cúpula sigue destacando cual ovni a punto de aterrizar y todo el conjunto sobrio pero señorial cumpliendo con su misión de acoger las acomodadas almas del barrio de La Romareda.

Sorteando dos pobres apostados a la entrada, he comprobado que la celebración eucarística tenía lugar a las 9, 11, 12, 13 y 19:20. Como se ve, un horario amplísimo que cubre todas las necesidades de la grey.

He decidido asistir a la misa de las 11:00. Eran las 10:10 y disponía de tiempo. Así es que lo dedicaría a merodear por la zona.

La primera iniciativa ha consistido en comprar una "reja" de hojaldre, cabello de ángel y piñones en la pastelería-bombonería Filmir. El extraño nombre del establecimiento no tenía nada que ver con la exquisitez de sus productos. Luego he dado un paseo por las cercanías del colegio "Doctor Azúa" donde hice mis prácticas de magisterio allá por la primavera del año 1980 (hace 30 años). También se ubican por las inmediaciones los colegios Cesar Augusto y Eliseo Godoy.

Ha llegado la ansiada hora del café con leche y he elegido el café-bar La terraza en la calle Condes de Aragón. Ya se habían terminado los croissanes y me he tenido que contentar con dos churros. Afortunadamente hoy ha habido premio. Al terminar mi segundo churro, un señor ha dejado libre El Periódico de Aragón y lo he podido degustar cual otro manjar servido en mi mesa.

Después de un repaso a fondo del rotativo, he abonado (1,80 €) y ya me he encaminado hacia la iglesia. El templo dispone de dos entradas, ambas custodiadas por una selecta representación de mendigos pidiendo limosna con un vasito de plástico.

El interior del santo edificio me ha seguido pareciendo espléndido. Amplio y bien iluminado, la bóveda central (la del platillo volante) le confiere una altitud excelsa digna de su elevado fin.

Una señora (como ya suele ser habitual) había tomado el rol de directora de coro y se encargaba de mostrar a los feligreses la entonación de las canciones que iban a desgranarse en los distintos apartados de la liturgia. Sólo se la oía a ella ya que los parroquianos (en su mayoría ancianos) no parecían estar para muchas canciones. He contado, por encima, unas 200 almas asistiendo al divino oficio.

Han hecho su salida los sacerdotes, ambos maduros, el oficiante más joven que el otro y ha dado comienzo la misa. Las lecturas e invocaciones han ido desfilando sin hacer especial mella en mi mente. Sólo la lectura del evangelio que trataba sobre la mujer adúltera y el conato de apedreamiento evitado por Jesús "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra" han conseguido sacarme de mis reflexiones distantes varios eones de las preocupaciones de los presbíteros.

Delante de mí tenía una señora que destilaba un fortísimo olor a "Azur" de Puig. Ese olor me ha transportado por un momento a tiempos y situaciones juveniles pero finalmente la rememoración ha quedado muy desdibujada debido al paradójico contraste de la señora mayor, la iglesia, los curas y mis libidinosos recuerdos.

El sermón ha venido a continuación. Bien predicado y estructurado. El sacerdote poseía una voz grave y aterciopelada y ha sabido hilvanarlo correctamente. Ha tocado todos los pitos: referencias a las sagradas escrituras, al episodio del intento de apedreamiento, al día del seminario, a la -supuesta- campaña de la prensa contra la iglesia. Su discurso ponderado reconocía los errores de la iglesia (por los casos de pederastia) de una forma suave y comedida como convenía a la situación y al público asistente.

Por lo demás, ya vengo comprobando que mi imaginación se estimula en los templos y durante un tiempo el hilo de mi pensamiento ha acompañado a la adúltera: ¿Por qué cometería tal falta sabiendo que estaba tan gravemente penada? ¿Qué pasión le arrastró a lanzarse a los brazos de su amado? ¿Quién la descubrió? ¿Quién la delató?

Terminada la homilía he salido presuroso. He dejado atrás el empalagoso Azur y a la comitiva oficiante y sus acólitos. El día lucía esplendoroso. El chute de café con leche habia hecho efecto y, sin pensarlo mucho, he decidido volver a pie hasta la parada del 39 en el Coso.

En mi recorrido pedestre me he topado con varios acontecimientos:

- Una entrega de medallas a los socios que hacían ya 50 años en el centro deportivo y de salud del Real Zaragoza
- El anuncio de una feria de tiendas virtuales el día 24 de marzo
- Un rastrillo en la Plaza de San Francisco en el que se dan cita los numismáticos, los filatélicos y los minerálogos.
- Las obras del tranvía
- Las obras del Río Huerva, en Gran Vía que van muy adelantadas
- Una convocatoria de la Asociación española del sueño celebrando su día internacional
- Otra convocatoria -en la Plaza España- apoyando la autonomía Zapatista (México)

He adquirido El País en un quiosco del Coso y luego he continuado caminando hasta la parada del 39. Ha tardado unos 6 minutos en llegar, pero luego me ha trasladado con celeridad hasta la calle Balbino Orensanz donde me he apeado.

De nuevo he llegado a casa con la sensación del deber cumplido. De nuevo, también el ritual de siempre: saludar a la familia e interesarme por cómo había discurrido la mañana en casa. Después de estos preliminares y continuando con el ritual me he encaminado al baño donde he atacado a fondo El País. Disfrutar de la vida es disfrutar de estas pequeñas cosas. La suma de todas ellas va configurando un estado emocional positivo que ayuda enormemente a superar el complejo discurrir de nuestro día a día.

domingo, 28 de febrero de 2010

Línea 32. Visita a las Concepcionistas y estupendo paseo por las orillas del Gállego

Hoy la salida ha sido más temprano de lo usual. Eran las 8:01 y ya me encaminaba con paso decidido a correr una nueva aventura dominguera. La mañana estaba calma y muy agradable. En la atmósfera se dejaba transpirar un ambiente sereno y tranquilo. Ni rastro de la "Ciclogénesis explosiva" con la que tanto nos han estado amedrentando en televisión. Muy al contrario, el día prometía abundante sol y temperaturas agradables.

Como en salidas anteriores, ya el sábado había hecho mis planes. Primero realizaría el recorrido dirección Las Delicias hasta el final de línea y después volvería a tomar el 32 para asistir a la misa en la iglesia de Santa Isabel.

He tomado el 32 en la Avenida Cataluña, cerca de donde, anteriormente, tantas veces tomé el mismo autobús pero con otras finalidades (cuando estudiaba magisterio). Cerca también de la calle Carmen Serna (anteriormente Sierra de Alcubierre) donde, desde el año 1973 trabajé en los talleres de Fernando Martín (Distribuidora General de Grafito y productos de importación).

El autobús se ha presentado rápidamente en la parada y ha iniciado un veloz recorrido acompañado de un incesante traqueteo motivado, creo yo, por el desajuste en las puertas y ventanas, producto a su vez del contínuo paso por los socavones de la Avenida Cataluña. De amortiguadores tampoco iba muy bien porque al final del recorrido tenía las posaderas un tanto entumecidas de los saltitos que iba dando de cuando en cuando.

Total, que hemos llegado al barrio de la Bombarda que ya había visitado anteriormente cuando viajé en la línea 22. En esta ocasión, para variar el recorrido, me he dado un paseo por los alrededores del colegio "Camón Aznar" y también he visitado el Centro Deportivo Municipal de las Delicias. He tomado varias fotografías de las piscinas (muy bien acondicionadas) y de unas plantas "pinchosas" que no se cómo se llaman pero que me han llamado la atención. He pasado de refilón por la parroquia del Rocío mientras me preguntaba si todavía seguirían allí los dos simpáticos sacerdotes que oficiaron la misa en mi pasada visita.

Como no tenía más pretensiones, enseguida he vuelto al principio de línea para reanudar el recorrido e ir en dirección a Santa Isabel que es donde debería desempeñar el grueso de mi actividad dominguera. Así lo he hecho y de nuevo con gran celeridad y mucho acompañamiento de ruidos de la más diversa índole y traqueteos de todo tipo, el "bus de los pobres" me ha llevado hasta el Barrio de Santa Isabel.

Nueva toma de fotos al final de la línea en el barrio de la Santa de Portugal y enseguida me he dirigido a una señora que llevaba un carrito de niño para preguntarle por la iglesia del barrio. Como ya intuía, me ha encaminado hacia la plaza Serrano Bergés que es donde está la iglesia. El recorrido hasta mi destino lo he realizado por una calle paralela a la Avenida de Santa Isabel donde sólo perviven algunas de las muchas casas de labranza que en su tiempo abundaban. Todo el terreno se vendió para construir unifamiliares y son muchas las familias que viven allí actualmente.

Una vez en la plaza, he procedido según el protocolo habitual: mirar el horario de misas y planear mis actividades en función del mismo.

La parroquia comprende tres estamentos: la propia iglesia, las concepcionistas y una capilla cuyo nombre no recuerdo. Bueno, en todo caso lo que he sacado en limpio es que a las 10 comenzaba la misa en las concepcionistas. Yo ya sabía que cerca de allí estaba el colegio de La Concepción, así que por una sencilla inferencia lógica he deducido que la misa se realizaría en ese recinto. Hacia allí me he encaminado y una vez localizada la entrada he vuelto a tirar de protocolo: me quedaba un cuarto de hora para tomarme algo antes de entrar en el templo. Enseguida me he decidido por el "Bar de la esquinica" en el que ya había estado anteriormente. También lo podríamos llamar el bar de los galápagos o de las tortugas por la similitud con los quelonios en la lentitud con la que sirven.

Debo decir que en esta ocasión la camarera no me ha ignorado como en visitas anteriores. Eso sí, el servicio al cliente anterior a mí me ha parecido desesperadamente lento. Cuando finalmente me ha llegado el turno he trastabillado un poco y en lugar de pronunciar con precisión "quiero un café con leche y un croissant", me ha salido algo así como "caféconlecheycasán".

Por lo demás, ambas cosas estaban deliciosas y, además con dos periódicos: El País y El Periódico de Aragón a mi disposición. He optado por repasar velozmente el segundo y dejar el primero para adquirirlo y leerlo reposadamente en casa.

Se me han hecho las 10:00 sin enterarme y rápidamente he pagado y me he dirigido al colegio de la Concepción para asistir al santo oficio.

Nada más entrar al templo me he dado cuenta que la jornada de hoy también iba a ser especial. La iglesia estaba en penumbra y llena de fieles y cuando mis ojos se han acomodado al bajo nivel luminoso me he apercibido de que en la parte delantera, separada por una valla de madera, había un grupo de monjas ataviadas con un hábito azul celeste y una toca negra. El conjunto me ha parecido tan impactante que he decidido ponerme en primera fila para contemplar mejor el espectáculo.

Una vez situado en este privilegiado puesto de observación he podido ir procesando, poco a poco lo que allí se guisaba.

Como digo, el grupo de "sores" se componía de un total de 15 monjas muy muy viejas. Una de ellas, emplazada en el primer banco, en silla de ruedas y a dos monjitas muy ancianas y encorvadas situadas delante de mí, les habían puesto unas mantas dobladas en los bancos para formar un altillo mullido y que pudieran seguir así el santo oficio. La tez de todas ellas era blanquísima. Todo el grupo, con sus hábitos y tocas componía un cuadro que más bien parecía la reunión de una logia masónica que otra cosa.

Ha comenzado la misa y ya con las primeras frases del sacerdote he podido realizar otra observación: la comunicación no verbal del cura no encajaba, inicalmente, con el contenido oral que expresaba. El oficiante, aunque joven, destilaba un aire un poco vampiresco y atormentado. Diríase que había pasado mala noche. Sin embargo la cosa se ha ido templando y poco a poco su conducta me ha parecido más normal.

Ha llegado el turno de la lectura de las escrituras y una monjita de voz aflautada ha leído un texto bastante críptico. Después una "seglar" ha leído la siguiente y finalmente el cura ha desbrozado el evangelio que, en esta ocasión, componía un peculiar episodio por el cual Jesús sube a un monte acompañado por varios discípulos y una nube los rodea a todos y se oye la voz de Dios que dice que es su hijo amado y varias cosas más. El episodio de la voz del Señor me ha trasladado a mis años de infancia, siendo monaguillo cuando me imaginaba los hechos que allí se narraban y los adornaba con imágenes y escenas que iba componiendo al hilo de la narración.

De vez en cuando el grupo de "madres" entonaba una canción acompañada al "armonium" por una monja música. El timbre de su voz me ha parecido el de un coro de niñas pequeñas a pesar de la avanzada edad de las participantes.

También he observado el cuidado y mullido tapizado de la parte de arrodillarse del banco de las monjas y el contraste con la madera lisa y lasa del resto de los fieles. "Estas monjitas -he pensado- no dan puntada sin hilo"

A la hora de comulgar he prestado especial atención y he contado las que pasaban a recibir la hostia o que el sacerdote pasaba para dársela. Quizás he sido un poco malpensado creyendo que alguna no comulgaría por supuestas rencillas o pecadillos cometidos; pero no. Las 15 han comulgado con gran devoción.

Llegada la hora de darnos la paz he saludado a una compañera maestra que allí estaba con su marido y sus dos hijos. Al finalizar la misa hemos hecho recuento de los años que hacía que no nos veíamos.... y nos salía la friolera de 11.

Me he entretenido un poco hablando con ella y he perdido ya de vista a las monjas que todavía seguían arrodilladas en sus respectivos puestos de contemplación. Hubiera deseado quedarme para ver cómo acababa la cosa, pero he optado por salir de la iglesia.

Como el día estaba bueno y además iba con el "chute" del café con leche he tomado la decisión de desviarme por la Avenida del Día y luego, caminando, he decidido pasar por un puente peatonal elevado que conduce a la carretera de Movera. He cruzado la carretera y siguiendo la estela de unos jinetes que iban montados a caballo, he llegado a un camino que discurre paralelo a la orilla izquierda del río Gállego. Siguiendo el camino he arribado al reciente puente de madera de Santa Isabel que permite cruzar al nuevo parque de Covasa. He continuado, pues mi recorrido, ahora por la orilla derecha del Gállego y he realizado un magnífico paseo cruzándome de vez en cuando con ciclistas o familias nucleares que también iban disfruntando del día.

Sobre las 11:10 he comprobado que me había llamado mi amigo Javier Cay y no me había enterado de su llamada. Cuando he llegado a la confluencia de la desembocadura de los ríos Gállego y Ebro le he llamado sin poder contactar y posteriormente él se ha puesto en contacto conmigo. Ambos hemos intercambiado unas cordiales frases sobre el discurrir de la mañana de domingo y, posteriormente yo he podido disfrutar con sosiego del maridaje de los dos ríos y de la gran extensión fluvial que componen al fundirse ambos.

He tomado muchas más fotos. Me he dado cuenta que me atraen especialmente los caminos, las veredas, los puentes y los ríos. También las estaciones de tren. Yo creo que estas imágenes las relaciono con el propio devenir de la vida y el curso que van tomando los acontecimientos. Me atraen porque me recuerdan el tránsito, el paso de una etapa a otra, la posibilidad -que siempre está ahí- de reencauzar mi vida por otros derroteros.

He llegado a casa sobre las 12:15. Justo a tiempo para arreglarme un poco y salir con Rosa Mary y los padres de Berta (Juan y Ángeles) a tomar un vermut por el barrio. La sesión se ha prolongado hasta las 14:30 y, apresuradamente, hemos tenido que acudir a un establecimiento de comida precocinada porque el resto de la familia estaba esperando y no había nada preparado.

domingo, 21 de febrero de 2010

La clase acomodada nunca sale malparada. Línea 31

El día estaba más bien gris y una fina lluvia hacía honor a las previsiones metereológicas de ayer. Efectivamente, llovía por la mañana aunque no con muchas ganas.

La duda sobre si tomar o no el paraguas se ha solventado rápidamente al comprobar que en ese momento arreciaba. Eran las 9:16 y provisto de todos los elementos usuales de las mañanas domingueras, he salido de casa.

Los elementos a los que hacía referencia son:

- Monedero
- Llaves de casa y de la puerta de salida
- Móvil
- Cámara de fotos
- Gafas de ver de cerca
- Una manzana Royal Gala
- Una naranja que prometía ofrecerme mucho zumo
- Paraguas azul (sólo lo llevo en caso de lluvia)

El recorrido a pie ya lo había pergeñado también ayer. En lugar de ir hasta la Paz por el tercer cinturón, pasaría por el puente de la Unión y después de caminar un rato por la Avenida las Torres, a la altura de Jorge Coci giraría a la izquierda para salir a la Calle San José. El motivo del cambio de recorrido no ha sido otro que el pasar por lugares por los que hace tiempo no transito. Ya se sabe: la variedad y la novedad alimentan el espíritu. La monotonía lo adormece.

He pasado por lugares que antaño recorrí cuando estaba trabajando en el Equipo de Compensatoria con alumnos gitanos y cuando he llegado al Canal Imperial de Aragón, he tomado varias fotos de un pequeño y viejo puente de metal que, en su momento, servía para atravesar el canal desde La Paz al centro y viceversa.

Continuando mi recorrido he podido observar las viviendas situadas en la Rotonda de Pau, en la que, creo recordar, vivía una hermana de Joaquín Malo. Desde luego, estas viviendas están muy bien ubicadas: silencio en el ambiente y vistas muy agradables al parque. Tuvo mucho acierto al comprar su casa en ese entorno.

También he pasado por la Plaza de Alcobendas. Me imagino que el nombre se lo puso alguna monja de Madrid que, en su momento trabajaba en la escuela-puente para alumnos gitanos "La Quer Majarí Calí" que yo también conocí.

Había pensado realizar todo el recorrido a pie hasta el comienzo de la línea 31 pero, inesperadamente el autobús ha llegado a una parada que había cerca de donde yo pasaba, así que lo he tomado allí mismo.

Sin darme cuenta he tomado el bus en sentido contrario al que yo pretendía y se ha dirigido al comienzo de la línea en La Paz: cerca del nuevo cuartel de Policía Local situado en la rotonda que lleva a Puerto Venecia. Total, que he tenido que pasar otra vez el bono-bus aunque el inteligente aparato fechador ha identificado la operación como "trasbordo".

Comenzado pues el viaje en el lugar deseado, el recorrido se ha desarrollado sin ninguna incidencia especial que reseñar: viajeros incógnitos que entran y salen y desfile de calles, la mayoría de ellas conocidas, y muchos locales en alquiler por cierre de negocios.

Finalmente el autobús ha llegado a la calle Juan Pablo II y me ha dejado justo al lado de la iglesia de La Presentación de la Virgen por lo que no ha sido necesario preguntar a nadie por la ubicación de la parroquia.

En ese momento eran las 10:45 (las once menos cuarto) y he repetido el ritual de anteriores ocasiones: comprobar el horario de misas (y tomar la foto correspondiente) y dilucidar si me quedaba tiempo para tomarme algo. La misa empezaba a las 11:00 así que rápidamente he identificado una cafetería (La Vícora ) y allí me he dirigido para tomarme un croissant y un café con leche.

Por cierto, que no sabía que La Vícora es un pico de la base aérea del Frasno situado a 1.415 m. de altitud.

El ambiente de la cafetería y la atención del personal me han parecido muy adecuados. He observado que el talante y porte de la gente, el escaso humo en el ambiente y la ausencia de gritos, aspavientos o malos modales me estaban ofreciendo el reflejo del perfil medio de la gente de ese barrio (clase media-acomodada)

Sólo disponía de un cuarto de hora y lo he disfrutado saboreando el menú mañanero. He pagado (2,40 €) y todavía he dispuesto de tiempo para tomar unas fotos de la zona: el complejo parroquial, el banco de sangre y tejidos de Aragón y varios edificios nada singulares pero sí curiosos para mí.

Unas agudas notas de campanas de distintos tonos me han recordado que eran las 11 así es que he decidido entrar al templo.

La primera impresión correlaciona con el título de esta entrada: gente, en general, acomodada, en su gran mayoría personas de avanzada edad y edificio nuevo, amplio y moderno. He contado unos 350 asistentes. Es la primera iglesia que visito que dispone de unos grandes ventanales que dan a un frondoso jardín.

También me ha llamado la atención el énfasis con el que el sacerdote (también de edad avanzada) dirigía un ensayo de algunas canciones que se iban a entonar más adelante, énfasis casi exagerado que no encontraba una entusiama respuesta en los añosos feligreses. Un acólito, cerca del altar, acompañaba los preliminares con un armonium.

Nada más comenzar la misa, ya he intuido que iba a presenciar un oficio que iba a ser el contrapunto de lo que ví el domingo pasado en Casablanca.

Efectivamente, el cura se ha arrancado con una salutación cantada acompañada por la música artesanal del armonium en la que ha hecho un repaso de muchos santos de la iglesia española mientras los asistentes contestaban con un "ruega por nosotros" también cantado. La nómina de padres de la iglesia se me ha antojado bastante extensa y el formato, parecido a las letanías.

Varias señoras mayores han leido las sagradas escrituras (una de ellas del Deuteronomio) y luego el oficiante ha leído el evangelio que hoy trataba sobre las tentaciones de Jesús en el desierto. De hecho, un gran cartel ubicado en el lateral derecho lo recordaba.

No merece la pena que nos detengamos mucho en la homilía. La clásica adornada por el tímido reconocimiento de que también la iglesia católica ha podido caer en alguna tentación (la ostentación, por ejemplo).

Nada más acabar el sermón he salido disparado de la iglesia y tomado más fotos de lo que parecía ser un complejo urbanístico arzobispal en el que también están ubicadas las sedes de algunas organizaciones scouts.

No he perdido el tiempo y como ya estaba preparado un nuevo bus 31 en el disparadero de salida, lo he tomado con la sensación de que la jornada de hoy no había sido especialmente reseñable.

Me he apeado cerca de la plaza del Portillo para hacer el trasbordo y tomar el 32 y allí me he encontrado con que estaban realizando una escenificación conmemorativa de la capitulación de Zaragoza el 21 de febrero de 1809. Me he detenido para observar la lectura del texto de Casamayor exponiendo la situación de Zaragoza los días anteriores y el acta de la capitulación.

He tomado varias fotos de los llamativos uniformes y de los bien caracterizados figurantes (de curas, de heroínas, de pueblo llano...) Estos actos los han preparado y los desarrollan miembros de la asociación cultural "Los sitios de Zaragoza". He recogido también el boletín que edita la asociación que me ha parecido muy interesante.

Ha llegado el 32 y rápidamente me he visto en la calle Pascuala Perié que he recorrido desde su inicio en la Avenida Cataluña hasta la Avenida de la Jota.

Al pasar por la Plaza de la Albada he vuelto a sentir frío. No lo había reseñado pero hoy el día estaba frío además de lluvioso y las manos (y las orejas) las tenía heladas.

Finalmente he llegado a mi casa y de nuevo he vuelto a sentir el agradable calorcillo de la calefacción. Después de saludar a la familia, lo primero que he hecho ha sido ir al baño y allí, sin tasa de tiempo, ni distractores de ningún tipo he saboreado una pausada y tranquila lectura de El País.

Las fotos sobre esta línea están en el enlace:http://picasaweb.google.com/rutaviva2/LaClaseAcomodadaNuncaSaleMalparadaLinea31#