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domingo, 23 de mayo de 2010

Un fin de semana muy compactado. Línea 45

Este fin de semana (contando el viernes ya, por la mañana) ha sido tan variado y diferente que, la verdad, no he tenido tiempo de aburrirme. A las 11:30 del viernes 21, acudía al III Iniciador Aragón en la Feria de Muestras. Una jornada de iniciadores para iniciadores que no me dejó indiferente. Comí en la feria y la sesión se prolongó hasta las 16:30. El sábado subí con mi padre al pueblo y compartí con varios uncastilleros muchos ratos y vivencias entrañables. Desde luego la casita que se ha construido Miguel Ángel Cay (hermano de Javier) y su decoracion así como el huerto exquisitamente cultivado me entusiasmó. Su hospitalidad, por cierto, no tiene parangón. Nos atendió de maravilla.

La visita al abejar siempre me reserva nuevas sorpresas. Todavía dos colmenas resisten a pesar del tiempo tan cambiante que hemos tenido esta primavera. El abejar de La Manzana produce en mí un efecto de "reset" que me deja como nuevo.

Hoy, domingo 23 a las 10:00 tenía una cita con la Asociación de Vecinos de La Jota y la Coordinadora Más Servicios puesto que hace ya siete años me encargo de dirigir la salida ciclista por el barrio. Este año también ha acudido mucha gente. Muchos niños y niñas con sus papás y mamás apostando con fuerza por este medio ecológico de desplazamiento en ciudad.

Hemos terminado a las 11:20 y yo no quería que faltara ningún eslabón en la cadena de salidas domingueras. Así es que nada más dejar la bici me he cambiado y he salido raudo y veloz hacia la parada del 45 que, de nuevo, la tenía cerca de mi casa.

Cuando he llegado faltaban 18 minutos para que llegara el autobús. Como siempre que tengo que esperar he ido alternando pequeñas tareas autoimpuestas con la finalidad de aprovechar ese tiempo tan preciado. He enredado un poco con el móvil, he observado a una chica peculiar que también estaba esperando, he mirado y remirado el recorrido del 45, he observado la evolución de las demoliciones de las naves aledañas al Puente de La Unión, etc. etc. hasta que, por fin, ha llegado el autobús.

Durante el recorrido he ido meditando sobre mi autoimpuesta "semana sin diarios" ni blogs de astronomía. Ha sido la semana del 17 al 23 de mayo, ambos inclusive, en la que me propuse no leer periódicos ni en papel ni en Internet con la finalidad de comprobar los efectos producidos en mí durante el desarrollo de la experiencia.

Lo cierto es que he experimentado una especie de silencio y quietud. Ambas sensaciones han aparecido al eliminar el "ruido" de noticias y acontecimientos que continuamente nos traen los medios de comunicación. No he conseguido desconectar del todo porque me había permitido las noticias en la tele y la radio que, como sabemos, son ubicuas y se encargan de informar de la actualidad que ellos seleccionan en sus redacciones a toda la población. También me he dado cuenta del efecto adictivo de la información diaria. A veces me resultaba complicado prescindir de los periódicos. En varias ocasiones casi "he pecado". Por ejemplo, el viernes me regalaron un Heraldo y sin darme cuenta de mi promesa ya iba a leerlo cuando una vocecilla me ha recordado que el plazo de las restricciones termina hoy, domingo a las 24:00 horas.

Estoy planteándome ampliar el experimento durante otra semana, pero en esta ocasión prescindiendo también de los telediarios y de las noticias en la radio y ver que pasa. También se me pasa por la cabeza proponerles a los alumnos de Psicología una actividad voluntaria en la que, los que se presten a realizarla, deberían eliminar Internet y el móvil durante siete días para comprobar cómo se sienten. No creo que haya nadie que se atreva con el reto.

En estas elucubraciones me hallaba embebido cuando el bamboleo del autobús me ha hecho regresar a la realidad. Entrábamos en zona de obras. Por aquí y por allá se observaban multitud de vallas protectoras y de máquinas inmóviles mientras, poco a poco los carriles férreos del tranvía se van instalando. Toda Vía Ibérica se encuentra en obras y el panorama recuerda un poco al de la "zona cero" del 11S, al seismo de Haití o a otras catástrofes detalladas en la televisión. Después de muchas vueltas y desvíos hemos arribado al Paseo Reyes de Aragón donde se encuentra el final de línea.

Nada más apearme del bus le he preguntado a la primera señora que he visto dónde podía escuchar misa. La inquirida, con porte burgués y acento argentino me ha informado enseguida del panorama: podía ir al colegio de Maristas o al de Montearagón para probar suerte porque ya era un poco tarde (las 12:20) y, si no, para más seguridad, ella me aconsejaba que me acercara a Santa Gema donde seguramente celebrarían a las 13:00 horas. Enseguida me he decidido por probar suerte en Montearagón.

He tomado fotos del colegio "Sagrada Familia", de Ceste (escuela de negocios) y del Stadium Casablanca y enseguida he llegado al Instituto "Virgen del Pilar". Al recorrer su fachada no he podido menos que pensar en los 6 años que pasé en este centro cuando -en los tiempos de Franco- se llamaba "Institución Sindical Virgen del Pilar". Allí llegué directamente desde el pueblo en Octubre de 1968. Curiosamente en esa época sólo funcionaban los tranvías que luego desmontaron y ahora vuelven a instalar. Por esas fechas todavía llevaba pantalón corto y también recuerdo que fue cuando mi madre me compró mi primer reloj de pulsera pues -como ella me dijo- "aquí en la ciudad lo tendrás que utilizar". No se equivocaba. Una vez encadenado al cómputo periódico del tiempo ya no tenía escapatoria. Alejado del pueblo, de mis agradables vivencias y de mis amigos, los meses transcurrieron con monotonía y sólo cuando en mayo vi regresar los "baucinos" mi espíritu se volvió a alegrar ante la expectativa de regresar de nuevo a Uncastillo en verano.

He llegado después a la entrada del colegio Montearagón. Es curioso, me he dicho, que siendo dos centros vecinos ya desde mi llegada a Zaragoza hayan vivido siempre tan indiferentes el uno respecto al otro. Virgen del Pilar es público y laico y acoge a alumnado muy diverso mientras que Montearagón es privado y religioso siendo su alumnado muy selecto. Estas reflexiones me han llevado también a pensar en la contradicción básica entre la doctrina de Jesús y su concreción en la práctica por parte de los miembros de esa organización.

Con paso decidido he franqueado la puerta y me he dirigido a la entrada del edificio principal situado unos ciento cincuenta metros más abajo. Nadie ha salido a recibirme ni tampoco a impedirme el paso y yo he aprovechado para deambular por los desiertos pasillos al tiempo que buscaba la capilla del colegio. Cuando al fin la he encontrado, he avistado un señor de mediana edad que allí se encontraba solitario orando. Le he preguntado con voz queda si se celebraba misa a las 12:3o a lo cual él me ha contestado misericordiosamente que la misa ya había tenido lugar a las 11:30. "Qué pena" -he pensado-. Estoy seguro que esta misa hubiera sido muy interesante. En fin, cuando proceda, me encantaría volver por estos pagos y sumergirme en el ambiente religioso de los ricos.

He salido, también con paso decidido y, después de tomar una foto a la entrada del colegio he seguido caminando aguas arriba del canal por una acera paralela a su cauce.

De nuevo he atravesado la zona-cataclismo del tranvía y me he dirigido a Santa Gema. Una vez llegado a la iglesia he comprobado que la misa comenzaba a las 13:00 horas. Eran las 12:30 y, siguiendo el ritual de domingos anteriores, enseguida he pensado en un bar para tomar la ya tradicional consumición. Lo he encontrado enseguida en la calle del Embarcadero. Se trata del bar "The barrio´s tabern" ambientado externamente al estilo alemán. Su interior me ha gustado por el revestimiento en madera pero las fotos y objetos que allí se exhibían no me decían nada. A diferencia de la ornamentación que observé ayer en la cabaña de Miguel Ángel que entronca muy directamente con mis tradiciones y mis vivencias, las fotos de señores alemanes bebiendo cerveza, por muy antiguas que sean me dejan frío.

He consumido muy a gusto el café con leche y el croissant y una vez repuestas las fuerzas he pagado (2,25 €) y me he encaminado hacia la iglesia ubicada en el Barrio las Nieves.

A las 12:53 hacía mi entrada por la puerta principal y, enseguida he observado una agitada animación en el interior del templo. Un nutrido grupos de colaboradores estaban ya terminando los preparativos para la misa mientras un grupo musical mixto compuesto por guitarras, un bongo y, creo, una flauta, se preparaban también para intervenir.

El sacerdote, con mucho boato, lo primero que ha hecho ha sido echarnos a todos los fieles un hisopazo. Una vez rujiados, ha continuado la celebración con las consabidas lecturas y el evangelio (que hoy trataba sobre la venida del Espíritu Santo). De cuando en cuando el coro entonaba -con mucho acierto- sus canciones y acordes al ritmo de las guitarras. Ha sido la novedad que más he apreciado porque -ya en la homilía- la actuación del cura -para variar- no me ha gustado en absoluto.

Como ya es habitual cuando el desarrollo de la misa no es de mi agrado, al término de la homilía me he puesto en pie y he abandonado el templo. Luego he dado bastantes vueltas buscando la parada del 45 para regresar a mi barrio y como no la encontrara, he decidido tomar el bus 20 del que me he apeado por la Romareda. Por allí paraba de nuevo el 45 pero al tardar tanto en venir, he tomado el 30 hasta la Plaza de San Miguel para allí, volver a coger el 39 dirección al Barrio La Jota. Ese último trayecto le he realizado charlando con Leticia, la hija de José María Pellicer que, con mucha desenvoltura, me ha comentado sus avatares buscando un empleo para el verano. Hemos llegado ambos a Velilla de Ebro y luego, cada uno a su casa. Al llegar yo a la mía me ha caído un mini-regaño por llegar algo tarde (las 14:30) pero la cosa ha sido suave. Todavía he tenido tiempo de escribir unas líneas del blog ya que enseguida me han llamado para comer.

El pollo con arroz y la ensalada han sido devorados con fruición. Esta vez no he tomado vino porque venía muy acalorado. Después de comer enseguida me he entregado a los brazos de Morfeo porque estaba un poco cansado de la jornada. Al despertarme, impulsivamente he salido al jardín y recolectado fresas para comérmelas sin lavar ni nada. He dado vuelta rápidamente por las plantas y a continuación he bajado a escribir la crónica. La mala suerte ha sido la causante de que la primera crónica se me haya borrado del ordenador casi en su totalidad. He comprobado que me voy entrenando cada vez más en aguantar la frustración. Lo suyo hubiera sido darle una patada al ordenador o echarle las culpas de mi fracaso a alguien. Lejos de adoptar esas estrategias, lo he dejado todo, he descansado otro rato y luego he vuelto a reescribir la crónica que ahora, a las 20:18 de la tarde termino. Como de los errores siempre se aprende, ya no se me olvidará darle al botón "guardar ahora" para evitar pérdidas de información la próxima vez.

Las fotos de la jornada en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/UnFinDeSemanaMuyCompactadoLinea45##

domingo, 25 de abril de 2010

Línea 41. La próxima vez, traer sombrero

A pesar de llevar 640 kilómetros a mis espaldas, producto del viaje de ida y vuelta de ayer, sábado, a Madrid, he sido puntual a mi cita y me he despertado a eso de las 8:20 de la mañana. Aprovisionado con los cítricos de siempre, he salido de casa sobre las 8:57 ya con el objetivo prefijado de ir caminando hasta el inicio de la línea 41 en la Puerta del Carmen.

El paseo se ha desarrollado muy agradablemente. La mañana lucía un encanto especial propio de finales de abril y la gente paseaba tranquilamente por las riberas del Ebro mientras otros lanzaban sus cañas al río a la espera de inciertas capturas.

Una foto para un "chopo felusero" que se había encargado de tapizar de blanco los alrededores y varias para los candados del puente de Santiado, iconos de amores más o menos precipitados que, no se si por moda o por convicción, han quedado anclados en los barrotes de la barandilla para dejar pública constancia de la fortaleza de la unión.

Continuando por el Mercado Central y luego por César Augusto, todavía me he detenido en la iglesia de los escolapios a fotografiar un curioso fraile alado que preside la entrada que me ha llamado la atención e igualmente otra foto para la sede de Turismo de Aragón por si en su momento tengo necesidad de recabar información al hilo de la regeneración de Rutaviva.

He llegado finalmente a la Puerta del Carmen y, por aproximación he deducido que la parada-inicio de línea del 41 estaría en las inmediaciones. Sin embargo se me ha resistido y no me ha quedado más remedio que preguntarle a un conductor de otro bus, el cual amablemente me ha indicado el comienzo de línea en la calle Hernán Cortés.

Llegado a mi objetivo sólo me quedaba esperar que también arribara el bus, hecho que ha tenido lugar con rápida inmediatez. Preguntado el conductor por la salida, todavía me ha concedido 7 minutos para ver si conseguía comprar un bonobús pues en esta ocasión había sido mi hija mayor la que había dispuesto del bonobús de su padre.

No he conseguido adquirir la tarjeta y he abonado el importe en metálico. Como el conductor viera que yo esperaba las vueltas, ya me ha aclarado el nuevo precio del viaje: 1 €.

El bus ha iniciado un alegre trotecillo y muy poca gente ha subido en él. El viaje hasta Rosales del Canal me ha parecido plácido y tranquilo; más propio de un paseo turístico que de un desplazamiento urbano. Enseguida hemos llegado a Montecanal, discurrido por el Paseo de la Ilustración y descendido hasta las inmediaciones de la Clínica Montecanal desde la que ya se divisan tanto la Feria de Muestras como los movimientos de tierras de Arcosur.

Más tomas de fotos destacando grandes tuberías pendientes de enterramiento y, sobretodo, el azuzamiento del astro rey ya a esa hora relativamente temprana de la mañana.

Me he colocado una chaqueta que llevaba "por si acaso" en la cabeza para protegerme del sol y vestido de esa guisa he ido recorriendo las calles del nuevo gran barrio que allí se está construyendo.

Enseguida he avistado una pastelería y hacia ella me he dirigido presuroso pues el cuerpo me pedía azúcar. Me ha atendido una chica muy amable la cual con acento ruso me ha indicado también la ubicación de la iglesia del barrio a la entrada de Montecanal.

Otra vez a caminar desandando el tramo que anteriormente hiciera "a caballo" hasta que he llegado a la iglesia de Santa María donde me he informado de la hora de celebración dominguera: las 12 de la mañana. Todavía eran las 10:40 por lo que disponía de tiempo de sobra para continuar mis indagaciones sobre el acomodado barrio. Vuelta por aquí y vuelta por allá, tomando fotos de cafeterías y restaurantes para un hipotético regreso otro día acompañado de Rosa Mari. He recordado que en Montecanal viven José Antonio Canales, del pueblo y también Benigno Arias, compañero del sector de la psicopedagogía. No he visto a ninguno de los dos.

En un momento determinado he vislumbrado una callejuela estrecha sin asfaltar y algo descuidada en el plano jardinero y he decidido atravesarla. Posteriormente he descubierto que el enlace viene a ser como un "agujero de gusano" que te traslada desde el barrio de los ricos al barrio de las viviendas de protección oficial de Valdespartera. De manera que me he puesto muy contento al descubrir nuevos territorios para explorar. Para mi regocijo se ha puesto nombre de novelas y películas a las calles y así he paseado por la calle El ladrón de Bagdag, La isla del tesoro o Cantando bajo la lluvia. Por lo que he ido observando poco a poco el barrio se va poblando de jóvenes parejas pero todavía no hay suficiente masa crítica para una interacción social visible. En una de las cafeterías de nuevo cuño parecía observarse un poco más de movimento, así es que he decidido entrar a "Abierto hasta el amanecer" (así se llamaba el establecimiento) que conjuga tanto la función bar como la de restaurante.

Mucha amabilidad por parte de la joven camarera con sendos pearcings en sus labios. Tanto el café con leche como el croissant me han sabido buenísimos y, además con el aditamento del "Periódico de Aragón" disponible desde el primer momento. Lástima que de nuevo hubiera olvidado mis gafas de cerca por lo que me he tenido que contentar con los titulares.

Ya se iba haciendo la hora de misa y yo he abonado la consumición y retornado por el anterior enlace entre universos, esta vez, de nuevo al barrio de los acomodados. Aún me ha quedado tiempo de dar una vuelta por un pequeño centro comercial al aire libre abierto desde el que he escuchado como las campanas de la iglesia convocaban a los fieles a la ceremonia de las 12. He aprovechado para comprar un bonobús y, posteriormente me he encaminado hacia la parroquia.

He llegado al templo y penetrado en su interior. He observado la bella y moderna factura de su construcción con un gran arco de hormigón separando las estancias del altar y de los fieles. Una gran pared al fondo imitación de piedra servía para albergar una cruz y una gran estatua de la virgen apoyados sus piadosos pies en una bola representando el mundo. La luz penetraba suave y difuminada por distintas aperturas cuidadosamente diseñadas por los arquitectos.

También como en otras ocasiones, un persistente ayudante se ha encargado de recordarnos los cánticos que deberían acompañar al oficiante en los distintos tramos de la celebración. Numerados todos ellos, resultaba sencillo seguir sus indicaciones gracias a un librito, compendio de todos los cantares eclesiásticos de uso en iglesias, colegios y comunidades que ya va por su séptima edición. Por un momento he pensado que me gustaría conocer al promotor de tan práctica idea.

La iglesia se ha ido llenando de un público variopinto en cuanto a la edad aunque todos ellos compartiendo etiqueta y ademanes propios de burguesía urbana. El ayudante al que aludía anteriormente ha ido dirigiendo con vigor los cánticos y las lecturas de tal manera que la labor principal correspondiente al cura oficiante y su otro acólito ha quedado un poco oscurecida por el primer protagonista. De las lecturas no me he enterado mucho. Del evangelio, tampoco y del sermón mucho menos. Aunque he prestado atención no he conseguido sacar ninguna conclusión razonable de un discurso plagado de oraciones subjuntivas y recorridos dialécticos sin mucha conexión. Se ha hecho alusión al día de las vocaciones y se ha señalado mucho la función de los pastores que cuidan de sus rebaños. Poco más he podido extraer de una homilia explicada, creo yo, más para rellenar el tiempo que para otra cosa.

Así es que al finalizar el exordio me ha faltado tiempo para ponerme en pie y salir raudo y veloz por la puerta de atrás, de nuevo a la intensa luz del día. Sin dilación me he dirigido a la parada del 41 situada en las cercanías y también con inmediatez ha acudido el bus.

El camino de regreso ha resultado igualmente plácido y enseguida me he encontrado de nuevo en Hernán Cortés. Allí he realizado el trasbordo con el 38 desde el que he presenciado una muestra de vehículos Seat 600 por el Paseo Independencia y que me ha conducido hasta San Miguel y, una vez adquirido El País, he tomado el 39 dirección Barrio La Jota.

También en esta ocasión se ha repetido el ritual familiar de todos los domingos que no detallo para no resultar repetitivo. Después de comer ha quedado tiempo para ver un rato la tele y revisar las plantas del jardín. Posteriormente me he tumbado en la cama acusando la conducción de ayer. Después de una breve siesta y ya más despejado he continuado con la redacción de mi artículo. Poco a poco todo ha ido colocándose en su sitio. Los humanos necesitamos dosis alternativas de variedad y normalidad. El exceso de uno u otro ingrediente hacen decaer el ánimo. Una mezcla razonable de ambas es el mejor antídoto contra la monotonía.

Las fotos de la visita en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/Linea41LaProximaVezTraerSombrero##

domingo, 11 de abril de 2010

Hermoso día. Divertido paseo. Línea 39

Afortunadamente las sucesivas flexiones y agachamientos de las labores de jardinería del sábado no han hecho mella en mis piernas y la nómina de músculos damnificados ha sido escasa. Así es que, animado al constatar que podía caminar sin problema alguno, he salido de casa a una hora redonda: las 9 de la mañana.

Mi objetivo estaba cercano. El inicio del trayecto de la línea 39 lo tengo a dos pasos de casa en Vadorrey. Al principio he dudado si coger o no ropa de abrigo pero un vistazo al termómetro de exteriores -12º- me ha decidido a salir al exterior "a cuerpo". Confiaba que la mañana se iría templando poco a poco -como así ha sido-. He pasado revista al Lidl que lo están reformando y que lo reabren el día ¿24? Supongo que con la crisis este tipo de establecimientos otean buenas perspectivas. Yo ya lo he constatado en otras visitas al establecimiento, al encontrar los pasillos llenos de clientes, muchos de ellos inmigrantes.

Al llegar a la parada principio de línea me ha parecido que el bus estaba vacío (sin conductor) y rápidamente me he puesto a tomar un primer plano del coloso rodado. Justo en ese momento ha descendido el conductor y, para evitar malentendidos, le he musitado si no le importaba que tomara una foto al vehículo a lo cual él me ha mirado con extrañeza y preguntado para qué. No he tenido más remedio que explicarle mi encomienda respecto a viajar los domingos en una línea distinta. Aprovechando ese breve intercambio de palabras, hemos extendido el tema de conversación hacia el buen día que hacía, la afición a la bicicleta de montaña del conductor e incluso le he comentado que conocía al malogrado Pepe Gasca que fue conductor de TUZSA durante muchos años en la línea 22. El señor me ha informado de su antiguedad en la empresa: 26 años y, como ya se hacía la hora de partir, ambos hemos subido al autobús y yo me he colocado en posición de observación del trayecto.

Conocía ya el recorrido del 39 hasta San José más o menos y el resto del trayecto no ha ofrecido características especiales salvo una incursión por una zona de calles ubicadas a la derecha de Fray Luis Garcés, según se sube al cementerio. Esa zona la he recorrido luego a pie y, como comentaré, el paseo me ha resultado muy gratificante.

Después de la incursión autobusera por las calles Ateca, Mesones de Isuela y demás, el bus ha retornado de nuevo por un tramo por el que ya había pasado hasta llegar a la parada ubicada al lado de la antigua cárcel de Torrero. Justo enfrente tenía, de nuevo la calle Ateca y por allí me he encaminado con tan buena suerte que ya justo a la entrada de la calle he adivinado la silueta de la parroquia de la Sagrada Familia. Me he informado de las misas directamente y celebraban a las 10, 11 y 12. Eran las 9:45 y he optado por dar un garbeo por el barrio y hacer tiempo hasta la misa de las 11. Justo enfrente de la iglesia había una papelería. Allí compraría El País al terminar el recorrido. Iglesia, papelería, parada del autobús... "Todo en el mismo pack" -he pensado- "la suerte me sonríe hoy".

Dada la regular disposición de las calles de la zona (todas ellas paralelas) y de la misma longitud, tal como puede verse en Google Maps he decidido recorrer en primer lugar la calle Castillo de Loarre (aunque en la placa ponía sólo Loarre) y posteriormente realizando un trayecto en "U" girar a la izquierda y pasar a la calle Ateca, luego Ejea de los Caballeros, etc.

Como he dicho la mañana estaba espléndida y el silencio y la tranquilidad se respiraban en la zona, especialmente en las casitas de una planta que por allí abundan. Ha sido un paseo relajante y estimulante. El hecho de ir a mi aire y de disfrutar de la novedad de visitar un entorno desconocido para mí, ha ejercido un efecto relajante en mi cuerpo y en mi espíritu. He pasado también por el colegio Lestonnac que ahora está abandonado y, finalmente he retornado a la calle Fray Julián Garcés ya con la misión de buscar una cafetería a la altura del día y de mis cada vez más elevadas expectativas.

Me he decidido por el restaurante "A mesa puesta" ubicado en la calle del fraile Garcés ya que en una pizarra se indicaban las excelencias de sus desayunos además de la amplitud de los salones. Al principio he tenido que permanecer un rato de pie pues el establecimiento estaba lleno, luego he podido conseguir un taburete y, posteriormente una mesa.

Desde el principio una de las dos jóvenes camareras me ha parecido, digamos, peculiar. Su manera de hablar, de dirigirse a los clientes y, en una palabra, de estar, llamaban la atención. Le he pedido lo de siempre: café con leche y croissant. Ella, con gran familiaridad me ha interrogado sobre el croissant: ¿normal o a la plancha? Era la primera vez que me lo ofrecían planchado en todo mi historial dominguero y, por tanto he accedido a que la respostería, como digo, pasase por la plancha.

Me han servido el croissant caliente con dos pequeñas tarrinas, una de mermelada y otra de mantequilla. Me he entretenido extendiendo ambos productos con precisión artesanal y después he devorado el bollito resultante. Como tuviera ciertas urgencias por exonerar el vientre, nada más terminar con el desayuno me he encaminado al lugar idóneo para aliviar esa pena. Terminado el proceso, he salido exultante y triunfal decidido a comerme el mundo tal había sido la magnitud del alivio que, conjuntamente con el efecto de la cafeína creía habían hecho de mí un ser especial.

Todavía me ha quedado un momento para ojear El Heraldo (esta vez sí llevaba las gafas) y, como ya se hiciera la hora de la misa, he salido raudo y veloz de nuevo hacia la calle Ateca.

Esta vez a la entrada de la iglesia no he encontrado pobres. O los fieles no son muy dadivosos o los pobres no conocen la parroquia (hipótesis forzada) o, sencillamente se les invita a no pedir o bien se les atiende en otros servicios. Bueno, pues el caso es que me he ubicado en un lugar desde el que se podía presenciar sin problemas el santo oficio y, como ya es habitual, me he dedicado a observar lo que iba ocurriendo en el interior del templo.

Justo al fondo, a la derecha se estaba preparando un pequeño grupo con su orquestación básica (guitarras) y el que realizaba también las funciones de técnico, ha desplegado una pantalla para proyectar. Todavía hemos tenido que esperar unos 7 minutos hasta que ha aparecido el cura revestido para la ocasión y ha hecho su "paseillo" desde la sacristía ubicada en la parte posterior de la iglesia hasta el altar.

Siempre insisto en la importancia del "efecto primicia", es decir el condicionante de la primera impresión que causamos a los demás en el juicio, que a medio plazo realizan sobre nosotros en función de nuestro aspecto, nuestro vestido, nuestros gestos, etc.

En este caso, siento decir que el sacerdote no me ha causado buena impresión. Se trataba de un señor mayor que, en ocasiones, sonreía (para mí forzadamente) y por su expresión y por sus gestos parecía hueco y artificial y más de la acera de allá que la de aquí.

El oficiante ha retornado por el pasillo central asperjeando (hisopeando, rociando) a los fieles y cuando ha pasado cerca de mí, ya me preparaba para la ducha con agua bendita pero, milagrosamente, no he resultado salpicado por el sagrado líquido. Ese vuelo rasante del cura no ha hecho sino confirmar mi mala primera impresión al creer adivinar cierto aire malévolo en sus intenciones al manejar el hisopo.

Ha comenzado la misa y tanto el ritmo adoptado en la ceremonia como los intervinientes me han parecido bastante desajustados. Los cánticos no iban acompañados por el resto de los fieles y los lectores de la epístola mostraban timbres y volúmenes de voz inadecuados al desarrollo general del evento.

Sólo me ha faltado escuchar un embolicado sermón en que se ha insistido más en los detalles sobre lo que se decía en el evangelio que en acercar y hacer comprensible la "palabra de dios" a los fieles. Así es que, aprovechando una llamada de Javier a las 11:29 he salido discretamente de la iglesia intentando transmitir la imagen de que "me llamaban por teléfono".

He conversado afablemente con mi amigo y, ya liberado del yugo eclesial, he entrado en la papelería para comprarme El País (y una curiosa copa de cristal por sólo un euro más) y me he encaminado hacia el inicio de la línea 39 dirección Vadorrey.

La vuelta se ha realizado sin novedades especiales. De cuando en cuando leía (mejor dicho, interpretaba) algunas noticias que venían en el periódico pues no me he puesto las gafas. El artículo que más me ha llamado la atención versaba sobre la crisis y el tambaleo del estado de bienestar. He pensado que cuando llegara a casa lo leería a fondo. Una familia de negritos (los padres y dos niños pequeños) me han servido de mucha distracción ya que ella iba cubierta (sería musulmana) y parecía bastante joven. El niño más mayor se dirigía a su padre en español realizando de cuando en cuando comentarios de lo más variopinto. Los padres hablaban entre ellos un raro idioma que no he sabido identificar. Inicialmente me parecía que la madre era más bien tímida pero luego he constatado que su tono de voz y su autoridad al hablar la alejaban bastante de mi esquema inicial. Los cuatro se han bajado en Pascuala Perié con lo cual ha terminado el entretenimiento y yo me he preparado para bajar dos paradas más adelante, en la calle Balbino Orensanz, cerca de la urbanización Al Ándalus.

Al llegar a casa mi señora estaba muy afanada limpiando y recogiendo y yo, para purgar mi pecado de la salida mañanera, me he ofrecido a hacer la comida. Lo primero que se me ha encomendado ha sido ir a comprar pan y vino blanco. Por mi cuenta he añadido al encargo una fregona en los chinos para fregar el suelo del jardín.

He vuelto a casa y ya tenía los muslos de pollo preparados en el horno. Yo me he limitado a aportar el brevaje elaborado con perejil, ajo picado y vino blanco de cuando en cuando para que cogiera sabor. También me he esmerado en la preparación de las ensaladas. Toda la familia hemos comido con muy buena gana departiendo animadamente sobre lo que nos había deparado la mañana. Los efectos del riojilla no han tardado en aparecer y una vez terminadas las viandas, he pasado al sofá donde plácidamente he dado cuenta de un flan adobado con mermelada de arándanos. Después me he echado una cabezada. Maravilloso final para una esplendorosa mañana.
Las fotos de la salida de hoy, en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/HermosoDiaDivertidoPaseoLinea39##

lunes, 29 de marzo de 2010

Línea 36. Tortuoso recorrido para un día atípico

Contraviniendo el principio de normalización, hoy he realizado el recorrido en lunes. Obligaciones familiares (llevar a mi suegra a mitad de camino de Madrid) me impidieron ayer cumplir con el ritual del recorrido dominical y la consiguiente crónica.

Así es que la salida se ha producido a las 9:30 de la mañana. Procurando que no se despertara nadie, me he abastecido de una manzana y un plátano y sigilosamente me he plantado en la calle Miguel Asso desde donde ha dado comienzo, formalmente, mi aventura del lunes.

Del recorrido hasta San Juan de la Peña, sólo reseñaré los originales grafitis estampados por
anónimos autores en los muros de Hierros Alfonso. He tomado varias fotos de los que me han parecido más originales aunque todos ellos tienen, para mi gusto, el mérito de haber sido realizados por puro placer, sin ánimo lucrativo.

Enseguida he avistado la parada del 36 y, siguiendo el guión que me había trazado, lo he tomado dirección Valdefierro con la idea de realizar posteriormente el recorrido completo, en sentido contrario. Caras muy serias en el interior del autobús destilaban un invisible tufillo de melancolía cuando no de tristeza descarada y las nuevas incorporaciones en las siguientes paradas no han contribuido a mejorar la situación.

El autobús ha realizado un zigzagueante recorrido por estrechas callejuelas y la pericia del conductor era digna de hacerse notar ya que no ha ocurrido percance alguno. Después de muchas curvas, muchos semáforos y bastantes "ceda el paso" hemos arribado a la calle Tulipán -fin del trayecto- y rápidamente he desenfundado mi cámara para realizar las fotos de rigor.

En esta misma calle tiene su final de trayecto también la línea 22 que ya tuve ocasión de reseñar en crónicas anteriores. Así es que he aprovechado para realizar un rápido paseo por los aledaños y, sobretodo, supervisar unas obras que ya había visitado anteriormete en mi último recorrido por el barrio.

No había mucho más que ver y he optado por retornar y realizar el recorrido completo desde Valdefierro al Picarral. En esta ocasión "manejaba" -conducía- una conductora que destacaba por la suavidad con la que cambiaba de marcha y el cuidado con el que tomaba las curvas. El viaje se me ha hecho largo pero cómodo y cuando me he querido dar cuenta ya estaba en el camino de Juslibol que constituye el fin del trayecto.

Enseguida me he dirigido a un señor para interesarme por la parroquia y el hombre, muy amable, me ha encaminado a la nueva iglesia, de reciente construcción, ubicada en las cercanías de donde me encontraba.

En el rápido recorrido hasta la iglesia de Nuestra Señora de Nazaret he podido avistar también las instalaciones de Saica muy aparatosas pero silenciosas. La industria se halla cercada casi en su totalidad por construcciones residenciales y, la verdad, en los tiempos que corren, esta instalación creo que ahora no pega ni con cola.

Efectivamente, la iglesia todavía se encontraba en fase de terminación puesto que me he topado con la herramienta de varios operarios que por allí se encontraban trabajando. He visto el interior del templo, pero, claro, a esa hora de la mañana de un lunes no había misa. Me ha llamado la atención que el templo está enclavado en un complejo más amplio que, luego me he enterado, pertenece a las religiosas Siervas de Jesús.

Dando por finalizado el periplo religioso, me quedaba la parte lúdica y me he encaminado hacia la cafetería Sierra Nevada que parecía tener buena pinta. Efectivamente mi pronóstico se ha visto confirmado y allí he saboreado con tranquilidad mi café con leche, mi donut y mi Heraldo de Aragón.

Como en anteriores ocasiones, la mezcla del líquido elemento con el circular producto de repostería me ha levantado el ánimo y, enseguida me he lanzado a planear mil y un proyectos, todos ellos perfectamente viables mientras dura el influjo de la cafeina.

La vuelta a casa la he realizado a pie y todavía he podido dedicar unos minutos para visitar el centro cívico La Chimenea donde se va a ubicar el Cubit y, según me he enterado, el próximo miércoles día 31 se va a inaugurar. De nuevo nueva toma de fotos y, ya a paso más vivo, me he encaminado hacia mi casa.

He llegado sobre las 13:30 y, enseguida me han sido encomendados una serie de encargos mañaneros supongo que como "expiación" por el pecadillo de irme por libre un lunes por la mañana. He realizado los trámites con agrado y enseguida se ha hecho la hora de comer. Con gran fruición hemos devorado las viandas agradeciendo a la vida que nos permita disfrutar con estos pequeños placeres.

domingo, 14 de marzo de 2010

De estación.... a estación. Línea 34

Hoy el día estaba "venfrido" que es una palabra nueva que me he inventado para designar conjuntamente: ventoso, frío y desabrido. A pesar de todo, y como suele ser habitual en mis excursiones domingueras, me lo he pasado de maravilla.

He salido de casa a las 8:22 y el primer ser vivo ¡y libre! que me he encontrado ha sido un pato salvaje con aspecto despistado que miraba vigilante en un descampado ubicado en el inicio del Puente de la Unión. Le he tomado una foto porque el contraste entre solar urbano y belleza anátida me ha parecido irresistible... y he continuado mi camino.

La travesía del Puente de la Unión (o de Las Fuentes) me ha resultado especialmente desabrida por el fuerte y helado viento que, aprovechando el cauce del Ebro golpeaba sin piedad mi inerme rostro. He conseguido atravesarlo aunque a cada paso que daba mi contrariedad por este día tan "venfrido" se iba incrementando.

Cuando por fín he llegado a la Calle San José, el viento y el frío han remitido un poco gracias al abrigo proporcionado por los edificios. Mi termómetro de humor se ha ido templando y ya al llegar al Paseo del Canal mi estado de ánimo había mejorado considerablemente a pesar de la empinada subida que, desde Tenor Fleta, he tenido que remontar.

Muchos patos y gansos por el canal deambulando (mejor dicho: palmipeando) por sus aguas mientras yo continuaba mi viaje, ahora por la Avenida de América, luego por Fray Luis Garcés hasta que ya, a la altura del Estadio Venecia he vislumbrado el inicio de la línea 34, justo en el cementerio.

Junto a la parada del 34, dos quiosquillos abiertos con abundante exposición de flores de mortecinos colores, en su mayor parte cristantemos. El conjunto formado por la entrada al cementerio, la parada del bus y los quioscos con flores me ha parecido tan surrealista que le he concedido la toma de dos furtivas instantáneas ya que -como es habitual- temía que el conductor del bus o las quiosqueras se molestaran por mi atrevimiento al tomar las fotos.

Como decía en el título de la entrada, el viaje iba a ser de estación a estación. El cementerio representa la estación de la cual partimos para nuestro último viaje y la Estación de Delicias -reservada sólo para los vivos- se construyó para aquellos que parten hacia ignotos destinos.


He sido el primer pasajero en acceder al articulado vehículo y, sin dilación, el conductor ha emprendido un veloz viaje acompañado de las melodías de su transistor. Una de ellas ha sido la canción "Carolina" que en un determinado momento él ha tarareado ostensiblemente mientras yo lo hacía mentalmente: Carolinaaa traatame bien oalfinal te tendré que comeeeer...


En la tercera parada han subido muchos pasajeros. Posteriormente he comprobado que la gran mayoría de ellos iban al rastro dominguero situado en los aparcamientos de la Expo.

El bus era nuevo y confortable. He contado un total de 28 plazas con asiento. No he podido valorar cuántos más caben de pie. El coloso rodado ha realizado la mayor parte de su recorrido a trote ligero con alguna galopada de vez en cuando y así, casi sin darme cuenta, he aparecido en la Estación Delicias.

Lo primero que me ha llamado la atención al apearme, además de la enormidad del edificio de la estación ha sido la pasarela de acceso al teleférico. A lo alto de la misma me he trasladado para tomar fotos en las que salía mucha barandilla, mucho hierro, mucha modernidad construida apresuradamente con motivo de la Expo.

Después una vuelta por el interior de la estación. La verdad es que hemos ganado en funcionalidad pero perdido mucho en calor humano y ambiente acogedor. Sólo algunos recintos acristalados están equipados con calefacción. En el resto del edificio una gélida atmósfera impera a sus anchas y lo impregna todo.

Posteriormente me he encaminado hacia la Avenida de Navarra y he tomado algunas fotos de la antigua estación de autobuses Cinco Villas totalmente destartalada. Luego he recordado que cerca de allí, en la calle León Torres Quevedo se encontraba una iglesia Evangélica y he pensado que sería una buena alternativa asistir al oficio que allí se celebrara. Vano intento. Sólo celebran oficio los sábados. Así es que me he desviado a la izquierda por la calle San Antonio Abad y en el primer intento una señora ya me ha informado que en esa misma calle se ubicaba la parroquia del barrio y que la iglesia tenía dos entradas: por la avenida y por la calle por la que circulaba.

Un mendigo me ha recibido a la entrada y muy amablemente me ha mostrado el cartel donde se indicaban los horarios de las misas. Le he dado las gracias y por su parte ha realizado un intento fallido de que yo le abonara algo para comer.

He salido al Paseo de Calanda y enseguida he visto una cafetería que, por su aspecto exterior, parecería disponer de buen servicio y mejores viandas. Era la cervecería-cafetería Anika´s hacia la que me he encaminado sin sopesar otras opciones. Nada más abrir la puerta ya me he dado cuenta de que había cometido un error por precipitación pero la aguda voz de la camarera china interrogándome qué deseaba ha impedido una prudente retirada. Así es que no me ha quedado más remedio que pedir un café con leche y un ralo croissant que dormitaba quién sabe cuánto tiempo hace en la vitrina acristalada de la barra.

He tomado ambas cosas sin mucha convicción y ni siquiera la lectura del suplemento del domingo del Heraldo ha conseguido aplacar mi contrariedad interna por tan mala decisión. He dedicado un tiempo a meditar por qué no me encontraba a gusto en el establecimiento y las razones esgrimidas por mi encéfalo han sido:

- Los productos parecían algo pasados
- La sonrisa y atención de la camarera parecían fingidas y artificiales
- El ambiente no era nada acogedor
- Había pocas personas en su interior. Faltaba calor humano
- Los diálogos en mandarín entre la camarera y ¿su madre? me desconcertaban

He abonado el importe (2 €) y he salido sin dilación aunque todavía faltaban 25 minutos para la misa de las 11. Ese tiempo lo he utilizado para deambular por el Paseo Calanda observando otras muchas cafeterías regentadas por chinos y también en busca de la academia Helico de la que no he encontrado ni rastro.

A las 11 menos 5 me han franqueado el paso los dos mendigos del sector Avda Navarra y he pasado al interior de la iglesia de San Pedro Arbués. Unas doscientas personas de avanzada edad, como suele ser habitual, ya estaban preparadas para iniciar el santo oficio y yo me he ubicado al lado de un matrimonio mayor y más elegante que la media de la iglesia. Enseguida ha salido el sacerdote acompañado por un monaguillo. Su aspecto era muy joven y su cara aniñada. Nada más abrir la boca he percibido el acento sudamericano.

Con música "enlatada" se ha entonado el canto de entrada, después un señor ha leído la primera lectura del libro de Josué y una señora, a continuación, ha hecho lo mismo con la segunda lectura en este caso del apóstol San Pablo a los Corintios. A favor de la señora hay que decir que su lectura ha sido excelente tanto en la entonación, pausas y convicción como en la corrección fonológica ya que no ha trastabillado ni una sola vez.

Mientras tanto he observado que la esposa del señor que estaba a mi lado lo ha abandonado abruptamente y se ha dirigido hacia un confesonario en el que un cura de avanzada edad esperaba a los penitentes. El marido se ha quedado con cara de circunstancias como si no se esperara que su mujer estuviera en pecado. No sé que mandamientos habría quebrantado porque, para mi gusto, ha tardado bastante tiempo en regresar, eso sí, con cara angelical después de haber recibido la absolución.

Le ha tocado el turno al oficiante y a esas alturas yo ya había establecido mi hipótesis de su origen mexicano. También ha leído con gran corrección el evangelio de San Lucas que me ha gustado mucho porque hoy trataba de la parábola del hijo pródigo.

Esperaba con curiosidad el sermón y debo decir que en mi imaginario cuaderno de calificaciones le he asignado al cura mexicano una muy buena puntuación. Entonación solemne sin exagerar. Contenido sencillo ajustado a la edad de los fieles y un suave acento lograban que la transformación de becerro en "beserro", de cerdos en "serdos" y ternero cebado en "ternero sebado" resultara agradable y nada empalagosa. El sermón muy bien hilvanado enlazando las frases unas con otras pausada y cadenciosamente. En una palabra, me ha gustado y me ha resultado muy llevadero.

Como lo importante ya estaba visto, he salido velozmente y me he encaminado hacia la parada del 32 para tomar el camino de regreso a casa. Seguía haciendo frío y ya creía haber cumplido con mi cometido. Sin embargo la vida siempre nos depara sorpresas inesperadas y al llegar a la altura de la Plaza de España, he avistado mucho público, varios castillos hinchables y muchos niños en el Paseo de Independencia.

Hoy se celebraba el Día mundial por los derechos de los consumidores. He dudado un momento sobre bajar o no para cubrir fotográficamente el evento pero no ha sido hasta la siguiente parada cuando esa decisión se ha concretado al pensar en otro espectáculo que iba a tener lugar a las 12:00: la actuación en La Campana de los Perdidos del Gran Alexander, mago y asesor del centro de profesores con el que mantengo una muy buena relación personal y profesional.

Después de pasear un rato y tomar fotos también de la exposición sobre el LHC del Cern (El gran colisionador de hadrones del laboratorio europeo de partículas) me he encaminado hacia La Campana. Han sido necesarios varios intentos hasta llegar a mi destino pues he recorrido otros lugares que me sonaban: El monaguillo, El prior, etc como se ve, todos relacionados con la iglesia.

En el interior del bar ya se encontraba un considerable número de niños acompañados por sus padres, madres y abuelitas y, como el espectáculo era en el sótano, he pedido un cortado descafeinado para hacer tiempo.

A las 12:30 hemos abonado la entrada (5 €) y descendido al sótano donde ya se había preparado un pequeño escenario para la intervención del mago. Me he situado en la parte de atrás, en un lugar estratégico para tomar fotos y ha dado comienzo el espectáculo. Alejandro (que así se llama el mago) ha realizado una gran actuación. Su dominio de las tablas y de la psicología infantil y adulta ha sido total. Su habilidad con los números de magia, a la altura de los más grandes maestros de esta disciplina. Nos ha dejado a todos boquiabiertos y a los niños, además, entusiasmados.

En un momento del espectáculo me ha regalado (delante de los aproximadamente 80 asistentes) un caracol compuesto por globos hinchables, gesto que yo le he agradecido.

Pero ya se me hacía tarde y he tenido que salir antes de terminar el espectáculo. Me he dirigido a la calle Coso donde he tomado el 32. Como en anteriores ocasiones he descendido en la calle Pascuala Perié y luchando de nuevo contra el viento he arribado a la tranquilidad de mi hogar donde la familia conversaba plácidamente.

En fin, que la mañana de hoy ha resultado variada y muy interesante. Al igual que en anteriores ocasiones una sensación de paz y serenidad inundaba mi espíritu. He comido con muy buen apetito y me he permitido un vaso de vino para redondear la jornada.

Todas las fotos en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/DeEstacionAEstacionLinea34##