Mostrando entradas con la etiqueta Turismo urbano por Zaragoza y reflexiones personales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Turismo urbano por Zaragoza y reflexiones personales. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de octubre de 2010

...Y AL SÉPTIMO "N", DESCANSÓ


Pues ayer realicé mi último recorrido en bus. Una experiencia agridulce. Por una parte la sensación de cerrar una etapa que me ha tenido entretenido durante casi un año y por otro lado constatar que, a pesar de que la noche debería haber sido especial para mí, la verdad es que el último viaje no fue, ni mucho menos, el mejor de los realizados.

También como en los dos recorridos anteriores, esta vez aproveché que, de nuevo, llevaba a mi hija mayor a un trabajillo que le había salido, para intentar estacionar el coche y así poder regresar con mayor celeridad al terminar el trayecto.

Pero ayer las calles de Zaragoza ya presagiaban la marea de eventos y todo tipo de celebraciones que van a realizarse con motivo de las fiestas del Pilar y no había ni un hueco ni medio en las calles de la ciudad. Parecía como si todos los conductores se hubieran afanado en buscar el más mínimo espacio en el que estacionar sus vehículos. Probé por la calle Albareda, por Conde Aranda, de nuevo por la calle San Blas. Nada, no había hueco en el que meterse. Finalmente decidí pasarme a la orilla izquierda y me metí por Germana de Foix, Plaza de San Gregorio y un sin fin de otras vías cuyo nombre no recuerdo. Finalmente fui a parar a las cercanías del colegio "Eugenio López" y allí -subrepticiamente- estacioné por fin el Toyota a caballo de una acera y un huequecito que me dejaba el coche de al lado.

Inicié, acto seguido, un ligero trotecillo a pie para ir a dar con el puente de piedra, atravesarlo, pasar por la Plaza del Pilar y por la calle Alfonso y arribar finalmente al Paseo Independencia.

Las calles estaban ya tomadas por cuadrillas de peñistas o pseudopeñistas que sólo utilizan la vestimenta pero no pertenecen a agrupación alguna. Todos ellos, botella de cocacola de litro con calimocho en mano iban calentando motores para el arranque de la festividad que comenzará hoy a las nueve de la noche. Como siempre, en estas salidas nocturnas, empecé a tener la incómoda sensación de que yo no encajaba mucho en el ambiente y un rosario de recuerdos de cuando era joven y también iba de fiesta pasó con celeridad por mi mente.

Llegué a Independencia 6 donde inicia su recorrido la línea N7 y una vez localizada la parada pensé cómo distribuir mi tiempo hasta la una de la madrugada. Todavía eran las 12 y 10 de la noche y, por tanto, quedaban 50 minutos a mi disposición.

Mis pies se encaminaron a los dos lugares típicos de referencia en estas ocasiones: los helados italianos (que estaban cerrados) y el VIPS donde cada vez hay menos oferta de revistas a disposición de los hojeadores que, como yo, aprovechan su tiempo libre para ponerse al día de noticias y novedades, todo ello por el morro.

Como llevaba las gafas de dos aumentos, pude emplearme a fondo con:

- La revista Macword que antaño la compraba y que ahora hablaba del ephone4

También leí con apresuramiento las noticias de las portadas de todos los periódicos, con especial atención en los periódicos económicos que, desde hace algún tiempo presagian catástrofes sin fin y un oscuro futuro para las jóvenes generaciones.

Salí del VIPS un poco atontado por el caleidoscopio de noticias tan diferentes leídas con apresuramiento y me dirigí Independencia arriba, de nuevo hacia la parada del N7.

El bus muy puntual a su cita, se presentó a las 12:57 y un joven conductor latino nos entregó con suma amabilidad los gratuitos billetes a los 4 viajeros que montamos en el inicio de línea.

Al arranque inicial le siguió un sinfín de paradas y nuevos arranques. En las paradas volvía a acceder gente del más variado pelaje. Me llamó la atención una pareja mixta: ella blanca y él negro. La diferencia de edad era favorable al varón (era más joven). Se sentaron detrás de mí y de vez en cuando la fémina lanzaba al semivacío autobús risitas y carcajadas que a mí se me antojaron de preapareamiento.

Luego me entró un pesado sopor y perdí el sentido de la orientación, no sabiendo dónde me encontraba. Gracias a un cartel pude adivinar que el autobús se dirigía al Barrio de San Gregorio. De nuevo a la entrada del barrio di otro microsueño y ya cuando el bus enfilaba el Camino de los molinos, decidí apearme cambiando el rumbo inicialmente trazado que me debía conducir hasta Peñaflor. Me puse en pie y me despejé un poco y cuando nos acercábamos al Hotel NH del Polígono el Pilar, oprimí el pulsador solicitando parada.

Descendí del bus medio atontado e inicié el retorno a pie hasta donde se encontraba el coche. Por el camino de los molinos no se veía ni un alma y por un momento pensé si no era una temeridad circular por ahí a esas horas de la noche. Afortunadamente a lo lejos oteé un grupillo de gente motera que se había concentrado en una especie de club que tienen al lado de TAMIZ, en el Picarral.

Salí a San Juan de la Peña y percibí el pútrido olor de la Saica. A pesar del lavado de cara que un día sí y otro también realiza la empresa con sus inserciones en el periódico, la noche zaragozana huele bastante mal en el Picarral.

Llegué por fin a Valle de Broto y con paso un poco vacilante arribé por fin al coche. Al bajar las ruedas de la acera, noté un golpe en el parachoques pero no me molesté siquiera en mirar lo que había pasado porque estaba tan cansado que sólo pensaba en regresar a mi hogar.

Llegué a casa sobre las 2:15 con la sensación ambivalente comentada al inicio: por una parte satisfacción por completar todos los recorridos y por otra, la verdad, me hubiera gustado un final más excitante y original para mi ruta de nuncameaburro.

LA PLASMACIÓN DE UN NUEVO PROYECTO:

EL PERIPLO ARAGONÉS
Ya está en marcha mi nuevo proyecto-continuación del blog nunca me aburro. Ahora va a tener el formato de asociación y está abierto a todo aquel que quiera participar. La asociación se llama El Periplo Aragonés y, como digo, pretende aglutinar a todos aquellos que quieran compartir desde un espíritu colaborativo nuevas experiencias de ocio y tiempo libre. El lema de la asociación es:

SACO LO MEJOR DE MÍ Y LO COMPARTO CON LOS DEMÁS

De manera que os invito a todos los que podáis tener interés por el proyecto a que visitéis el enlace: http://asociacionelperiplo.blogspot.com.es/ donde se exponen los programas que se van a poner en marcha a partir del próximo domingo, día 17 de octubre.

AGRADECIMIENTOS

A todos los que me habéis leído y a todos los que habéis enviado comentarios os quiero agradecer muy de veras vuestro apoyo y participación. Aunque comencé sin pretensiones de tener lector alguno, debo reconocer que como seres sociales que somos, a mí también me gusta que me lean. Con esta experiencia he descubierto un nuevo campo de posibilidades insospechadas con el que me lo paso muy bien, disfruto y hago nuevos amigos. Gracias de nuevo y os deseo a todos lo mejor.

domingo, 3 de octubre de 2010

Haciendo doblete. Líneas N5 y N6

Pues sí, el viernes viajé en la N5 y el sábado circulé con la N6. Fueron dos experiencias muy distintas aunque el viaje comenzaba a la misma hora. Como se verá, dependiendo del estado de ánimo, del cansancio o, simplemente, de variables tan aparentemente insignificantes como tomar o no un helado, las vivencias cambian significativamente.

El viernes el recorrido no ofreció muchas novedades. Después de llevar a mi hija mayor hasta casa de unas amigas, yo aproveché ese viaje en coche y traté de aparcar lo más cerca posible del inicio de la parada del N5. Esa fue mi primera sorpresa: los aparcamientos por el centro de la ciudad estaban todos ocupados. Fue necesario dar vueltas y más vueltas hasta que encontré un huequito en la calle San Blas donde, finalmente, dejé estacionado el Toyota.

Eran las 11:45 de la noche y todavía me quedaba mucho tiempo hasta la una de la madrugada; así que, como es habitual, me dediqué a pasear por las calles del centro con todas las antenas conectadas por si observaba algún acontecimiento que me llamara la atención.

En la calle Conde Aranda había mucho movimiento. Ciudadanos inmigrantes que iban y venían y otros que conversaban en pequeños corrillos. De vez en cuando alguien elevaba el volumen de voz y se escuchaban frases entrecortadas en ininteligibles idiomas.

Me dejé llevar hasta el Paseo Independencia y mis piernas se encaminaron automáticamente en dirección a los Helados Italianos. Rápidamente la idea de degustar un cucurucho pasó por mi mente y, como siempre, me decidí por el sabor "Tutti fruti". Al mismo tiempo que lo degustaba con estudiada parsimonia también iba fraguando en mí la extraña sensación de estar fuera de contexto en la noche zaragozana.

Reflexioné sobre ello y lo achaqué a la edad. Como ya comenté en anteriores crónicas, según avanza la noche, la ciudad es tomada por los jóvenes. Las personas más mayores -a mi entender- no encajamos ya en esa obra de teatro.

También lo podría atribuir al hecho de ir solo. Esta circunstancia me produce una cierta incomodidad sólo por las explicaciones que tendría que ofrecer si me encontrará con algún conocido a esas horas de la madrugada.

Después de apurar el helado me dirigí al Vips con la idea de hojear alguna revista y así lo hice durante un rato, siempre con la sensación de que el vigilante jurado seguía mis pasos.

Salí otra vez y la noche empezaba a refrescar. Iba en camisa y ya acusaba la bajada de temperatura. Estuve enredando un rato en un banco con el móvil y cuando de nuevo sentí el frío, otra vez me metí en el Vips. Allí permanecí hasta que ya eran las 12:55 y, por tanto, había que salir a la búsqueda de mi búho.

El recorrido fue también monumental. Después de dar vueltas y más vueltas, aparecimos en el Barrio de la Paz donde la conductora hizo un pequeño receso; bajó del bus y se fumó un cigarrillo. Luego, como ya es habitual en estas líneas, subieron unas jóvenes que venían de hacer botellón y la cosa se empezó a animar. Esta vez les dio por hacer fotos y más fotos con los móviles y el bus se llenó de flashes. No se si alguna toma apuntó hacia mí. El caso es que, como ya es habitual, yo traté de pasar lo más inadvertido posible y de nuevo fue una buena estrategia porque nadie se metió conmigo.

Llegados de nuevo a la Plaza Aragón, todavía no me apeé. La conductora sí que bajó otra vez y, además del cigarrillo, se tomó un café, vertiendo el excitante producto desde un termo muy práctico que llevaba. Finalmente el bus se puso de nuevo en marcha y yo me apeé en Plaza España para dirigirme luego por Conde Aranda hacia la Calle Mayoral y, posteriormente San Blas. Aún me quedó tiempo de contemplar una pelea entre extranjeros y enseguida acudió la policía para controlar la situación. Iba pensando en el título de la entrada del viernes y el que me veía a la mente era: "línea N5: un recorrido con poca sustancia". El título resume, de alguna manera, la experiencia del viernes. Llegué a casa con mucho sueño y con la sensación de haberme liberado de una obligación autoimpuesta.

La excursión del sábado ya fue otra cosa. Por la mañana estuvimos en el pueblo con unos amigos y pasamos una jornada muy agradable. Yo tomé café después de la comida y luego unos tés con lo que quedó asegurada la vigilia de la noche. Ya en Zaragoza, sobre las 12 de la noche salía de casa a buen paso y nada dormido. La disposición mental era mucho mejor que la del viernes y eso me hacía estar más eufórico. Fui tomando fotos nocturnas ensayando distintos ángulos y enfoques. Animado por los comentarios de Javier experimenté con varias tomas que creía quedarían originales.

Llegué al Paseo Independencia sobre las 12:40 y me di varias vueltas para hacer tiempo. A la una en punto acudía el N6 y, de nuevo comenzó el baile de gente que subía y que se apeaba. Como ya he comentado, los regresos son más amenos que las idas ya que en el primer caso la gente comienza la marcha y en el segundo se retira a sus casas.

Este N6 realiza también un hiperrecorrido. Primero nos llevó hasta Vía Hispanidad y luego, desandamos todo el camino para volver hasta la Plaza Paraíso. Allí enfiló hacia La Cartuja. Sin embargo a la altura de la confluencia de Cesáreo Alierta con Camino las Torres observé como un joven fornido negro se iba a apear y eso fue como una señal que me estaría indicando lo vacuo de mi empeño por llegar hasta el final del trayecto en la Cartuja. Me apeé al mismo tiempo que lo hacía el joven de color y, satisfecho de mi decisión, me encaminé hacia mi casa.

Llegaba a mi domicilio sobre las 2:20 de la madrugada. Satisfecho por la decisión de hacer doblete este fin de semana. También fui pensando en el nuevo reto a encarar a partir de la finalización de los recorridos en bus. Creo que ya lo tengo perfilado y, en su momento lo comentaré también en este blog. Así es que el próximo fin de semana será especial: comienzan las fiestas del Pilar y yo realizo mi último recorrido autobusero. Todo ello habrá que celebrarlo adecuadamente.

Resto de fotos en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/HaciendoDobleteLineasN5YN6##

domingo, 26 de septiembre de 2010

La noche zaragozana huele a hachis y sabe a calimocho. Línea N4

Finalmente la salida correspondiente a esta semana no la pude realizar el viernes. El motivo fue que tenía mucho sueño y lo dejé para el sábado.

Después de una estupenda velada con mi amigo Alfredo y su familia en la que nos obsequiaron con una magnífica cena y desempeñaron con gran acierto y detalle su función de anfitriones llevé a mi señora a casa y yo me volví con el coche hasta la calle Albareda donde lo dejé aparcado. Era la una y diez de la madrugada y ya se me había pasado el primer autobús. Así es que -mentalmente- me preparé para tomar el siguiente que yo creía que pasaría a la 1:45.

Para hacer tiempo estuve deambulando por la calle Hernán Cortés y calles aledañas. De ese primer reconocimiento nocturno no obtuve mucha información; la noche estaba más bien fría y hacía viento lo cual no invitaba precisamente a pasear y se veía poca gente por los alrededores.

Me puse camino de vuelta al inicio de la parada del N4 y justo en ese momento ví como arrancaba. Ahí fue donde me di cuenta que la frecuencia del bus es cada media hora y no cada 45 minutos. Algo contrariado me dispuse a esperar de nuevo para tomar el siguiente vehículo que pasaba a las 2 de la mañana.

Como empezaba a tener algo de frío decidí ir a la búsqueda de algún bar o cafetería en la que poder tomarme algo caliente. El intento, como se verá, fue vano pero en esta segunda excursión ya empezaron a aflorar las particularidades y querencias de la joven fauna noctívaga que puebla la ciudad a esas horas.

En una esquina me crucé con unos jóvenes y según se iban alejando, una estela de olor intenso y penetrante era detectada por mis órganos olfativos. Es el típico olor a hachis -pensé-. Hace bastante tiempo que no lo detectaba con tanta intensidad.

El hecho anteriormente narrado se repitió al menos en dos ocasiones más lo cual me dio pie para pensar que si se tratara de un muestreo, más o menos un 20% de la población circulante sería consumidora.

El frío me desvió de estas elucubraciones y me recordó el objetivo inicial de este segundo periplo: encontrar una cafetería. Fueron inútiles mis idas y venidas y mis indagaciones porque la mayoría de ellas se encontraban cerradas y los bares que a esas horas permanecían abiertos eran bares de copas muchos de ellos con porteros malcarados que desaconsejaban con su lenguaje no verbal siquiera preguntar si podían servirme un cortado o una manzanilla.

Así es que a la 1:45 ya estaba de nuevo en la parada para no dejarme escapar el segundo bus. La espera se prolongó hasta las 2:12 cuando ¡por fin! arribó el búho y monté en él.

Bastantes usuarios iban en ese momento camino de sus destinos. Silencio y buenos modos en el interior del bus. Los que se retiran ya no están para muchas alharacas -pensé-.

A partir de ese momento se inició un vertiginoso recorrido más parecido a una competición automovilística que a un tranquilo paseo urbano. Aprovechando la escasa circulación nocturna, el conductor incluso se saltó algunos semáforos, todo ello en aras de una mayor rapidez del trayecto.

Pasamos por Isabel la Católica, Vía Ibérica, Montecanal y Valdespartera eso sí dando muchos rodeos, vueltas y revueltas para que todos los usuarios pudieran apearse lo más cerca posible de sus domicilios. Como en el viaje anterior, yo perdí la orientación en varias ocasiones. La nocturnidad y la falta de referencias me despistaban y ya no sabía dónde estaba.

Cuando por fin se inició el viaje de regreso, comenzó la segunda parte de la función. Ahora subían al autobús jóvenes que -después de hacer botellón- se dirigían a sus zonas de bares para continuar con la marcha. A mi lado se sentó una chica pertrechada con abundante provisión de botellón y, entre trago y trago bromeaba con gritos y grandes voces con sus amigos. Todos los que iban subiendo mantenían un perfil similar y enseguida el bus se convirtió en una especie de gallinero alborotado abundando las bromas, los empellones, y los "cooos" y "caaas" marca de la casa.

Como el otro día yo no dije ni mu para que mi presencia pasara inadvertida y, afortunadamente esta estrategia dio buen resultado porque no hubo que lamentar incidente alguno.

Este viaje de regreso se me hizo mucho más corto pues el espectáculo fue verdaderamente variado e interesante. Este hecho me sirvió de motivo de reflexión al pensar que la gente original, que destaca por algo o que encara la vida con más nervio y alegría resulta más atractiva para los demás.

Todavía tuve que esperar que el vehículo realizara un corto periplo por la plaza Paraíso y regresara hacia la Puerta del Carmen que era mi punto de regreso. Allí me apeé y con paso presuroso me dirigí hacia mi coche. La temperatura había caído ya hasta los 11 grados y el frío comenzaba a impregnar mi cuerpo. Dí un último acelerón y ya me planté en el interior del Toyota. La vuelta a casa la realicé con la calefacción al máximo. Llegué a mi domicilio sobre las 3:15 de la madrugada agradeciendo a Alfredo y Mª Jesús el café que me ofrecieron como culminación de la cena. Esa estimulante bebida me había permitido superar con éxito esta nueva prueba de aguante nocturo. Todo sea por el buen fin de mi empresa. La próxima semana, la línea N5.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Crónica breve en un día triste. Línea N2

Escribo estas líneas todavía muy apenado por la triste noticia del fallecimiento de Tomás, el padre de mi amigo Javier. Hoy, buena parte del pueblo hemos acompañado a toda la familia en esos momentos tan dolorosos. Descanse en paz pues era una excelente persona y yo siempre tuve con él una relación muy cordial.

Por mi parte -y como homenaje a Tomás- no quiero extenderme en muchas explicaciones sobre la salida del viernes día 10 de septiembre. Diré que realicé el recorrido con la línea N2 tal como estaba previsto. En realidad no hubo muchas novedades. El bus realiza un trayecto bastante amplio pues sale desde Independencia 4 y luego pasa por La Almozara, da la vuelta, sigue por el Actur y llega hasta Parque Goya II para enfilar, posteriormente por la Avenida Academia General Militar.

Realicé, como digo el recorrido sin grandes incidencias. En esta ocasión viajaba más gente en el autobús que el viernes anterior.

Sólo un señor que daba grandes voces y parecía un poco trastornado en el inicio de la línea alteró un poco la jornada de normalidad de esa noche. Yo me inhibí y no le presté atención y, enseguida, su presencia se fue diluyendo.

Incluyo algunas de la fotos que tomé. No me extiendo más. Todavía estoy un poco"tocado" por las múltiples reflexiones sobre la vida y la muerte que han pasado por mi cabeza durante el funeral y posterior enterramiento.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Línea N1. La noche es de los jóvenes

El comienzo de mi experiencia nocturna ha resultado más fácil de lo que esperaba. No disponía de referencias claras de horarios ni lugares de salida y me intrigaba adivinar el ambiente que se respiraba en los "buhos". Nada de ello ha sido óbice para mi empeño por coronar el objetivo propuesto desde el inicio de este blog. Así es que el viernes, 3 de septiembre, salía de casa a la redonda hora de las 12 de la noche (las 00:00 en mi reloj digital).

Yo soy más bien de hábitos diurnos por lo que -sin desagradarme- la excursión nocturna no me atraía especialmente. Tuve que vencer varios conatos de sueño antes de ponerme en marcha y, finalmente al sentirme ya más despejado, inicié el camino dirección Plaza de Aragón. Invité a mi señora a que me acompañara pero declinó amablemente la invitación pues no le veía mucho sentido al desplazamiento a pie para una finalidad tan simple como realizar un recorrido en bus desde el centro de la ciudad hasta el barrio de Santa Isabel.

Según iba caminando por la Avenida Cataluña, me iba despejando progresivamente. Como es sabido, caminar proporciona inusitadas reflexiones mentales y, en mi caso, iba pasando de un tema a otro con gran facilidad. Hubo un rato que anduve recordando la canción de Sabina:

Negra noche, no me trates asíii,
negra noche, espero tanto de tí.
Noche maquillada, como una maniquíii,
noche perfumada con pachulí, con pachuli
A su vez, el segundo verso me recordó los años de mi juventud en los que, efectivamente, mucho se esperaba de las innumerables noches de marcha cuando salíamos con los amigos por la ciudad o en las fiestas de los pueblos.

En un momento dado, descubro que casi no llevo batería en el móvil (y para variar que no me he cogido las gafas de ver de cerca) por lo que las fotos que realice tendrán que ser sin flash. Me voy cruzando con chicos y chicas jóvenes. Unos van y otros vienen. La noche noche, todavía no ha comenzado a las 00:30 en Zaragoza.

En el Puente de Piedra tomo una foto experimental sin flash, a sabiendas que no me saldrá muy bien, pero hay que dejar constancia de la salida. Poco a poco me voy acercando a la Plaza de España y cada vez se ve más personal (joven) por el centro. También alguna pareja más mayor, él con ojos somnolientos. Enfilo por el Paseo Independencia y enseguida adivino la silueta de dos autobuses esperando en el comienzo de línea: el N3 y el N1. Son las 00:49 y me alegro al suponer que el primer servicio arrancará a la 1 de la madrugada.

Subo el peldaño de acceso al bus y la conductora me facilita un billete.

El servicio nocturno es gratuito. Otra pequeña alegría ya que no tenía claro cuántos viajes me quedaban en la tarjeta-bus.

Esperaba encontrarme con un jolgorio tremendo y el bus abarrotado de gente. Iba incluso prevenido no fuera a vomitarme alguien por encima del hombro, pero sólo viajamos 6 personas y yo: cuatro chicas jóvenes y dos señoras más mayores. Las chicas jóvenes todas ellas conectadas con su móvil, bien escuchando canciones bien realizando alguna críptica consulta, bien hablando -sin tasa de tiempo- con algún interlocutor indefinido.
Arranca el bus y se inicia un meteórico viaje. En muchas paradas no se detiene porque no hay gente esperando. Por la noche hay mucha menos circulación y, por tanto los desplazamientos son más rápidos.

Llegamos al Barrio La Jota, lugar de inicio de mi viaje a pie al centro y, después de pasar por Vadorrey, enfilamos de nuevo a la Avenida Cataluña.

En el viaje se ha subido un alumno conocido pero él no me ha visto o disimula. Me interrogo por su "temprano" regreso a casa. Lo más fácil sería preguntárselo pero no me apetece mucho hablar, así que contemplo como el alumno se apea cerca de la gasolinera de Santa Isabel y el viaje continúa.

Seguimos por la Avenida de Santa Isabel y luego por la Avenida del Real Zaragoza, donde el bus da la vuelta y se dispone a regresar al centro de la ciudad.


Le digo a la conductora que no me apeo y que continúo en el viaje de regreso y me facilita otro billete gratuito de vuelta. Salimos a la 1:30 y a la 1:36 ya nos hemos presentado en la Plaza Mozart donde me bajo. Llego de nuevo a mi casa a la 1:45 con la sensación del deber cumplido pero un poco "noqueado" por lo extraño de la hora para mis pautas habituales de sueño.

Sobre las 2:00 ya estoy en la cama. Lo malo es que mañana subo a Uncastillo y tengo que levantarme a las 8:00. Bueno, no ha estado mal la jornada.

domingo, 29 de agosto de 2010

Línea C7. Crónica diferida del último trayecto diurno

Esta vez sí que lo logré. Miré en primer lugar la ubicación de las paradas, me hice un croquis y me aseguré que había bus los viernes. No llegué a llamar por teléfono para confirmarlo como me sugería mi buen amigo Juan Antonio Castaño puesto que consideraba que con la información genérica que proporcionaba la web de Tuzsa, era más que suficiente.

El día: el viernes, 27 y en horario de tarde. El desplazamiento hasta la Avenida de Casablanca lo realicé en coche y todavía tuve que dar varios rodeos hasta que me ubiqué en la Avenida del Séptimo Arte. Como es un barrio nuevo para mí, todavía no tengo asimilados mentalmente los nuevos trazados. Parece, de hecho como si transitara por otra ciudad.

El caso es que por fin llegué a la calle Ciudadano Kane y, enseguida vislumbré el Centro de Salud de Valdespartera. Hacía mucho calor y varias cuadrillas de trabajadores laboraban afanosamente con la finalidad de "terminar de poner las calles". Se ve que la zona es supernueva y que todavía quedan retoques de última hora que realizar. Poco a poco, sin embargo, el barrio se va configurando como un lugar habitable en el que, dentro de unos años, con toda seguridad, empezarán a corretear los niños por sus parques y avenidas.

Alegría contenida al ver, por fin, la parada del C7 al lado del Centro de Salud. Es verdad, no es una ilusión, el C7 existe.

Para asegurarme que hay servicio, le pregunto a un trabajador que se dedica a colocar baldosas en una acera si ha visto el bus C7. Me contesta que sí aunque no se si me ha entendido la pregunta porque tiene pinta de ser extranjero. Disimuladamente, tomo varias fotos de las obras y también del centro de salud y enseguida acude el autobús.

Lo lleva una amable conductora y yo soy el único usuario. Parte con celeridad y casi no me queda tiempo para realizar fotos sobre la marcha. El trayecto es muy corto y en tres o cuatro paradas, llegamos al final ubicado en la Avenida Ilustración, en Montecanal, al lado de los gigantescos depósitos elevados.

Vuelvo a pasar la tarjeta bus y ahora, acompañado por tres viajeros más inicio el camino de vuelta. El recorrido hasta el inicio de la línea nos cuesta 7 minutos. Se trata, por tanto de una línea tipo lanzadera para transportar a la gente de Montecanal hasta el consultorio médico y regresar.

Unas cuantas fotos más y regreso al lugar donde tengo aparcado el coche. Enseguida pongo el aire acondicionado e inicio el viaje de regreso a mi casa con la satisfacción de haber cerrado un ciclo cubriendo todas las líneas diurnas de los autobuses urbanos de Zaragoza.

Ahora me queda el reto de viajar en las líneas nocturnas con lo cual el viaje tendré que realizarlo los viernes o los sábados por la noche. Cambio por tanto de día, de hora y de las pautas habituales de los domingos con lo cual seguro que obtendré una nueva perspectiva de esta experiencia.

El resto de las fotos en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/LineaC7CronicaDiferidaDelUltimoTrayectoDiurno##

domingo, 22 de agosto de 2010

Frustrado intento de encontrar la C7

Lo tenía todo pensado: iría hasta Valdespartera con la bici por el tercer cinturón, allí encontraría enseguida el inicio de la línea C7, realizaría el corto recorrido hasta Montecanal, volvería y de nuevo retornaría a casa pedaleando.

Así es que a las 8:45 salía de casa bici en ristre dispuesto a materializar el plan. Pero como suele ser habitual la vida nos depara sorpresas y los acontecimientos se empeñan en no cuadrar con el plan mental establecido. Del viaje de hoy he sacado múltiples conclusiones basadas, todas ellas en errores de previsión en la mayoría de los casos. De todos ellos se aprende. Aún más, gracias a esos errores queda grabado el mensaje de no volver a hacer las cosas de la misma manera.

El primer desenfoque ha consistido en no valorar suficientemente el calor que hace a las 9 de la mañana. Hubiera sido mejor realizar el trayecto a las 7 o a las 8 de la mañana.

Segundo aprendizaje: el carril-bici del tercer cinturón cuenta con tramos en los que la pendiente es considerable. Por ello es necesario ir durante bastante tiempo con la marcha reducida por lo que la duración del viaje se incrementa considerablemente. Posiblemente hubiera sido mejor realizar el trayecto por el centro de la ciudad hasta Casablanca y luego pasar a Valdespartera.

Tercer apunte: tenía que haber anotado con precisión el lugar desde donde, supuestamente sale el C7 y comprobar que hoy, domingo, hay servicio.

Cuarto aprendizaje: no ovidar, como viene siendo habitual, las gafas en casa ya que sin ellas no puedo consultar con precisión informaciones en el móvil.

Quinto desenfoque: cargar la batería del móvil el día anterior con el fin de disponer de energía para las fotos y para las consultas en Internet.

Bien, el caso es que ya me voy desplazando con la bici hasta llegar a la altura de Cala Verde en el Barrio de la Paz. Voy por el carril de la derecha con la finalidad de no pasar por la tapia del cementerio y encontrarme -como ya me pasó en una ocasión- con una tufarrada de olor a muerto que se te queda adherida a la pituitaria durante un tiempo. Hoy no ha habido sorpresa en ese aspecto.

Con muchas penalidades corono la cuesta de Torrero y llego a la circunvalación para iniciar seguidamente el descenso. Tal como había previsto, al inicio de las barandillas del puente que salva el Canal Imperial, encuentro unas rústicas escaleras que me permiten descender al camino que discurre paralelo al cauce del canal. El camino está fresquito y muy concurrido. Se ven más viandantes que ciclistas. Llego al inicio del vial que conduce a la Fuente de la Junquera y continúo mi viaje por la acera dada la ausencia de carril-bici hasta la fuente. Es otra anomalía que me llama la atención dado lo añejo del trayecto.

De nuevo recorro los alrededores de la Fuente de la Junquera y sin detenerme, paso el puente del río Huerva y ya enfilo hacia Valdespartera. Una nueva cuesta me conduce hasta la Avenida de Casablanca. Inicio entonces un caótico recorrido con la vana esperanza de encontrar, así como por arte de magia, el comienzo de la línea C7. Enseguida me percato de lo burdo de la búsqueda y comienzo a ensayar la estrategia nº 2 consistente en preguntar a los lugareños por la dichosa parada. Nada, nadie sabe nada de ella.

Vueltas y más vueltas por las calles con nombres de películas de cine. No se ve ni un alma por la calle. Parece una ciudad fantasmal debido al silencio que reina en el ambiente. Decido pasarme al otro lado de las obras del tranvía y lo consigo por un estrecho paso habilitado al respecto. Sigo sin rastro de la C7. Ya estoy bastante cansado y decido ensayar otra estrategia: por uno de los "agujeros de gusano" que descubrí en paseos anteriores, decido pasar al barrio de los ricos, a Montecanal, pensando que en la Avenida Central habrá más posibilidades de que me encuentre con algún poste de la dichosa C7. Lo intento de nuevo pero... nada, no hay manera. Vuelvo a preguntar pero la parejita a la que me dirijo, me dicen que no son del barrio. Finalmente me siento en un banco y decido buscar la información en Google, en mi móvil.

Intento también desesperante. No acaba de "entrar" la página de Tuzsa y no puedo averiguar con precisión el recorrido de esta última línea diurna. Después de varias intentonas cambio de nuevo de estrategia y tecleo "C7 zaragoza". Me salen en el buscador varias entradas para esta búsqueda. Todas ellas relacionadas con la reciente puesta en marcha de una lanzadera que, según dicen, une los dos barrios y permite el acceso al Centro de Salud. El comienzo de la línea se situaría en la Avenida la Ilustración en Montecanal y el final en la Avenida Casablanca.

Como no se bien donde estoy, tecleo en el Tom tom, Avenida Ilustración, 1 Zaragoza y después de muchas vueltas, el navegador me lleva hasta donde estaba sentado anteriormente pues esa era, precisamente la dichosa Avenida. La recorro en su totalidad y, ni rastro de parada del C7.

Empiezo a cansarme de la búsqueda. Mis piernas ya se resienten y el calor se incrementa. Decido realizar un último intento tratando de encontrar el inicio en Valdespartera, al tiempo que inicio el regreso a casa.

Paso de nuevo por otro "agujero de gusano" a Valdespartera y cuando vislumbro una cafetería, me rindo momentáneamente y me siento para tomarme un café con leche y un croissant. Me da la impresión que la camarera me mira con extrañeza. No se si será por el sombrero o por mi aspecto sofocado. El caso es que me tomo ambas cosas en la terracita y me aplaco un poco. Nueva consulta en Internet para concluir que el recorrido pasa por la Avenida Casablanca y sigue por la Avenida del séptimo arte. Abono en el bar (2,20€) y continúo mi periplo ya sin la presión de encontrar poste alguno porque, internamente he decidido que volveré otro día con la información más procesada.

El regreso lo realizo por Vía Ibérica, Isabel la Católica, Fernando el Católico, San Juan de la Cruz, Juan Pablo Bonet y, finalmente Avenida las Torres.

Llego a casa bastante acalorado pero no agotado. He tenido mucho cuidado de no forzar las marchas para cuidar mis rodillas. Decido darme una ducha y es una buena decisión porque salgo de ella más tranquilo y relajado. El día no ha sido mal empleado pero tengo que tomar buena nota de los aprendizajes de hoy.

viernes, 20 de agosto de 2010

Línea C4. ¡Sólo queda la C7 de líneas diurnas!

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, como se dice usualmente, he aprovechado que tenía que hacer un viaje a Leroy Merlin para adquirir tubo corrugado de diámetro 25, para viajar en la línea C4 que sólo realiza sus recorridos en días laborables.


Así es que he salido de casa a las 9:45 y he llegado a la Plaza de las Canteras (ahora ya, vieja amiga mía) a las 10:35, con lo que el viaje a pata, de nuevo me ha costado 50 minutos.

El día estaba espléndido y ni señal de la tormenta de ayer. Las plantas lucían un color verde intenso que sólo se puede apreciar por estos lares después de un buen remojón. Al ser un día de hacienda se veía mucha gente por la calle. Cada cual con su afán particular y muchos de ellos -la mayoría jubilados- sin otra cosa mejor que hacer que permanecer charlando en los bancos.

He tomado la foto de rigor de la parada y me he sentado al lado de un señor mayor que ojeaba distraidamente una revista. No hemos intercambiado palabra alguna pero mis piernas han descansado del afanoso viaje.


Enseguida ha venido el C4. Lo llevaba una conductora y lo hacía con mucha suavidad y acierto. En dos momentos del recorrido ha vuelto a abrir la puerta amablemente a varias personas que se habían retrasado en el acceso al bus, lo cual es un indicador de sensibilidad y amabilidad.

Hemos circulado a velocidad comedida por el barrio La Paz. He vuelto a ver los colegios "Sáiz de Varanda", "Labordeta" y el antiguo Colegio La Paz donde en su momento estuve trabajando en un programa de educación compensatoria para integrar los niños/as gitanos en los colegios de la zona.

Hemos llegado a la rotonda del tercer cinturón y bordeando el novísimo cuartel de la policía municipal, hemos enfilado hacia Puerto Venecia.

El desfile de pinos, urbanizaciones en construcción y distintos viales, también ha sido objeto de mi cámara, tomando varias instantáneas. Finalmente hemos arribado a la zona comercial de Puerto Venecia y me he apeado.

Ya empezaba a hacer calor y buscaba la sombra. He decidido realizar un recorrido por la parte de atrás (por la que nunca voy habitualmente). Así, en la esquina de Porcelanosa, he girado a la izquierda para husmear cómo van las obras de lo que en su momento será el Corte Inglés y la zona de recreo con lago incluido.

Más fotos para dejar constancia del viaje. Realmente se está construyendo un gran complejo y se está haciendo con mucha vista. Los árboles (muchas albizias) ya han crecido y comienzan a dar flor y sombra. Las calles limpias y bien señalizadas. Los locales vacíos, decorados para que no desentonen. Mucho aparcamiento para coches y motos. El impulso de la primera enseña que se estableció (Ikea) ha servido de empujón para otras muchas enseñas que, posteriormente, se han ubicado allí también.

A lo lejos he visto una gran nave ocupada por Decathlon. Creo que abren el 1 de septiembre y se veían muchos coches, supuestamente de empleados que ya están preparando el centro comercial.

Finalmente he decidido entrar a Leroy para adquirir el corrugado. Después de mucho buscar lo he encontrado y cuando ya me dirigía a caja, me he dado cuenta que llevaba la tarjeta bancaria pero no el DNI. He realizado una intentona a ver si colaba pagar sin el Documento de Identidad, pero la cajera, echando mano del protocolo, me ha comunicado que sin DNI no se podía realizar el pago. Le he preguntado si había un cajero para sacar el dinero y, efectivamente, a pocos metros se encontraba uno de ellos. La pena ha sido que como no era de Servired, me querían cobrar 3 euros por sacar 25. Sin pensarlo mucho he anulado la operación y he dejado los artícuos que pensaba adquirir para otro día.

El calor se intensificaba y me he puesto a la sombra de un plátano (de sombra) mientras esperaba el C4 de vuelta a Torrero. Enseguida ha arribado. En esta ocasión conducido por un conductor varón. He notado bastante el cambio porque este segundo conductor iba bastante más deprisa que la primera.


No obstante hemos llegado con bien a la Avenida de América y allí mismo he decidido tomar el 39 que me llevaría de vuelta a casa. Ha tardado unos 10 minutos en llegar pero cuando lo ha hecho, yo he podido tomar un asiento y con el fresquito del aire acondicionado, el viaje de vuelta ha casa se me ha hecho muy agradable.

Al llegar a mi domicilio no había nadie en casa y me ha tocado esperar a que alguien me abriera. He aprovechado para comprar El País y ponerme al día de las noticias más importantes. Finalmente ha llegado mi mujer y me ha franqueado el paso con lo que he podido de nuevo volver a mi hogar.


Con esta línea casi se terminan ya los recorridos diurnos y luego quedan pendientes los nocturnos. Pienso realizarlos todos y cerrar un capítulo muy interesante en el que se han combinado la constancia y la intriga de qué iba a pasar en cada trayecto. En su momento, cuando se termine el ciclo, realizaré también balance de la experiencia y plantearé nuevos retos.

Todas las fotos de hoy en:http://picasaweb.google.com/rutaviva2/LineaC4TodasLasLineasDiurnasCubiertas#

domingo, 15 de agosto de 2010

Change! Línea C5

La línea prevista para hoy era la C4. Ya había revisado en la Red si hoy había o no servicio puesto que los festivos no funciona. Al asegurarme la web de Tuzsa que hoy se mantenía el funcionamiento de la línea pues he pensado en la excepcionalidad al ser fiesta mañana. En todo caso ya tenía preparado el plan alternativo en el supuesto que al final no hubiera bus: viajaría en la C5.

Bueno, pues mis pronósticos se han cumplido y el C4 hoy no daba servicio. Como digo, he echado mano del plan de contingencia y, al final, he explorado la C5.

Salía de casa un poco tarde para lo habitual en este cometido: las 9:45. Hoy me he desayunado con cuatro ciruelas de Villamayor (de las 12 que recolecté en total) y una pavía. He sido muy puntilloso para no beber agua antes porque ya se sabe el dicho Uncastillero, aplicable sobretodo a los cascabelillos: "Si bebes agua y comes fruta, luego cagarruta". He constatado que mis tripas no protestaban y, así, tan ricamente he salido disparado de casa.

El trayecto hasta la Plaza de Las Canteras, en Torrero lo he realizado a buena marcha. Como siempre, el paso por el Puente de la Unión me ha ofrecido una bella imagen del Pilar y La Seo al fondo y el Ebro dominando la escena. Se observaba más concurrencia en el Paseo de la Ribera, seguramente por lo adelantado de la hora.

Al llegar a San José, he comenzado a tomar fotos. La primera ha sido para el Hogar San José de las Hermanitas de los ancianos desamparados, por lo peculiar del edificio. Tanto el nombre como la estructura de la edificación nos retrotraen a tiempos pasados. No sabía exactamente a qué fechas, pero veo en "San Google" que la congregación religiosa se fundó en 1873. Tienen su propia web: http://www.hermanitas.es/historia.htm.

Después otra foto para el indicador de la hora en una farmacia. Ahora, al verla veo que ha quedado bastante original. Con el dedo ya caliente, he continuado y hoy he tomado bastantes instantáneas.

Por fin he llegado a la Plaza de las Canteras. Ha sido un buen paseo de unos 45´de duración. Ya me ha mosqueado no ver a nadie en la parada y al preguntarle a una señora muy amable, ella se ha deshecho en explicaciones para indicarme que hoy no había servicio. No obstante, para cerciorarme, he decidido esperar un poco por si venía el dichoso bus.

Al lado de la parada del C5 estaba la C1 -que va al cementerio y en la que ya viajé- con una nutrida cola de personas mayores. Unas llevaban pequeños ramos, otras charlaban tranquilamente y todas ellas, con la misión de visitar a sus seres queridos ya fallecidos.

Como yo no soy de mucho visitar tumbas, me he preguntado por los motivos que tenemos las personas para dedicar nuestro tiempo a una u otra finalidad. Está claro que en las personas el tipo motivación principal es diferente de unas a otras. Los hay con motivación de poder, con motivaciones estéticas y, como es mi caso, con motivación de logro, de conseguir metas y objetivos. ¿Por qué? Pues seguramente, se trata de una mezcla de entorno familiar, personalidad y temperamento. Estos y otros pensamientos iban y venían por mi mente, todo ello junto con la decisión de desplazarme hasta la Plaza Emperador para tomar el C5 y aprovechar el día de hoy.

Como siempre, me he metido por vías no transitadas anteriormente: la plaza Sheila Herrero, la calle Cuenca, Albacete y Cabezo Buenavista. Ésta última me ha llevado a una nueva reflexión ya que, seguro que antes de su urbanización, desde esa atalaya se divisaría un bello panorama. Ha quedado el nombre pero la vista ahora, no es precisamente original.

Después de pasar por la calle África, he cruzado el canal y me he adentrado en el "Parque Grande". Nuevas tomas de fotos de unas obras que se realizan en las inmediaciones de la estatua de Alfonso I "El batallador" y de la propia estatua y, luego, descenso por la escalinata acompañado del rumor del agua que cadenciosamente se desliza por la cascada artificial construida hace ya unos años.

El día invitaba a pasear y el Parque siempre me sorprende agradablemente. Las fuentes estaban a pleno funcionamiento y los magnolios resplandecientes. El césped bien cuidado y los rosales todavía ofreciendo sus postreras flores. Así, caminando despacio y disfrutando del paseo, he llegado hasta la parada provisional del C5.

Allí me ha tocado esperar lo suyo. Infinidad de buses con todas las numeraciones posibles han pasado por mis narices pero el que a mí me interesaba no acudía. Durante la espera he trabado conversación con un señor que iba a vender cupones de los discapacitados a María de Huerva. Se estaba desesperando -como yo- de la espera y me ha revelado el secreto de su éxito en la venta de cupones: desplazarse a lugares que estén en fiestas. "Ayer, estuve con mi hermana en Huesca y vendimos todas las series". "A ver si consigo llegar a María a la hora del vermut, porque ya se sabe que cuando la gente está alegre, es más desenfadada a la hora de probar suerte".

Quizás la peculiaridad de la parada (construido el suelo provisionalmente en madera) unida a la poca circulación de vehículos, todo ello constituía un aliciente para entablar charla entre los sufridos viajeros. En estas y otras pláticas nos hallábamos cuando, a las 12 ha llegado el bus que va a Cuarte. Ha subido un montón de gente y yo, de nuevo me he quedado esperando el mío hasta que, finalmente ha llegado. Lo he tomado a las 12:05 y el viaje ha durado unos 16 minutos.

Muy poca gente en el bus. Un chico joven leyendo un texto en un libro electrónico, preludio de lo que veremos dentro de no muchos años. Hemos pasado por el Liceo Europa y por una serie de urbanizaciones construidas a la orilla del Huerva. Hasta que hemos llegado al final del trayecto situado en la misma Fuente de la Junquera.

La primera impresión ha sido muy agradable. El lugar se ha reformado y rehabilitado y ahora está bien cuidado. Varios grupillos tomaban el sol y departían amigablemente cerca de la fuente. Un grupo de jubilados iba a comer en unas mesas habilitadas al efecto. He tomado las fotos de rigor y he dedicado especial atención al Huerva cuyas aguas bajan limpias aunque en su cauce hay muchas algas o "mantos de rana", elemento indicador de mucha materia orgánica en suspensión. Después me he dirigido al restaurante-asador La Junquera, donde he comprobado personalmente que es posible la opción de asar tu propia carne en unas barbacoas preparadas al efecto siempre y cuando consumas la bebida del establecimiento. También he visitado la terraza juvenil y bien cuidada en su interior siempre con música marchosa. Es un buen lugar al que ir para tomar un café.

Posteriormente todavía he tenido tiempo de meterme en un camino paralelo al Huerva que da a la parte de atrás de una urbanización de chalets. Un perro hipervigilante me ha dado un susto tremendo al ladrar inopinadamente.

Tenía que tomar el bus de las 12:45 y el tiempo de regreso me venía muy justo por lo que he iniciado un trotecillo, es decir he hecho footting para no perder el vehículo. He llegado de chiripa, pero no se me ha escapado.

Regreso otra vez a la civilización. Esta vez me he apeado en la parada del Auditorio y, enseguida ha aparecido un Ci2 que con gran celeridad me ha trasladado hasta el Puente de la Unión.

Volvía un poco cansado pero muy contento de la jornada. De nuevo doy por bien aprovechada la mañana del domingo.

Las fotos de la jornada de hoy en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/ChangeLineaC5##

domingo, 25 de julio de 2010

Viaje gratis al cementerio. Línea C1

No tenía ni idea de que existiera la línea C1 y menos de que el billete fuera gratuito. Me ha parecido un servicio muy interesante para aquellas personas que desean visitar las tumbas de sus seres queridos o que deban asistir a algún sepelio.

Hoy he madrugado bastante. La hora oficial de salida de casa ha sido las 7:24 de la mañana. He dudado un momento porque no sabía si llevar o no jersey ya que el día estaba ventoso pero, finalmente he pensado que con el ejercicio y el avance del día la temperatura se iría templando. Así es que he enfilado el Paseo de la Ribera a buen paso pues ya habia trazado mentalmente mi trayecto: iría a pie hasta la Plaza de las Canteras, en Torrero y allí tomaría el autobús para realizar el corto trayecto que separa la plaza del camposanto.

Como digo he ido a buen paso y casi no he sentido el frío. Muy poca gente por las calles zaragozanas a esas horas. Si acaso algunos jóvenes todavía de marcha y personas mayores con distintas encomiendas. He tomado unas fotos por aquí, otras por allá de escenas o estampas que me ofrecían más originalidad y, enseguida me he plantado en Torrero.

Justo cuando llegaba salía el bus de las 8:15, así que he tenido que esperar un cuarto de hora hasta el siguiente de las 8:30. Mientras tanto, he aprovechado esa tasa de tiempo para averiguar dónde estaba el letrero de la Plaza de la Albada pues sólo vislumbraba las indicaciones de la Calle Fray Julián Garcés y Alicante. Finalmente, después de un detenido repaso he descubierto que el dichoso cartel se encuentra en el centro de la plaza.

Mientras tanto iban llegando bastantes personas mayores a la parada. Ya digo que todas ellas eran de avanzada edad y ello ha sido motivo de una primera reflexión al preguntarme por qué no había jóvenes que visitaran el cementerio a esas horas. Aunque la respuesta es obvia, también nos podemos inquirir por el motivo de que unas personas mayores dediquen tiempo a estos menesteres y otras no. Probablemente convicciones religiosas o distintos grados de percepción de la proximidad al final del trayecto vital de cada cual pueden conducir a esos señores a esta conducta.

Cuando ha llegado el autobús y he subido al vehículo, me disponía a pasar el abono por la máquina lectora pero el conductor me ha advertido muy amablemente que tomara el billete gratuito. Efectivamente, en el propio boleto queda impresa la hora de acceso y la gratuidad del viaje.

Enseguida hemos llegado hasta el interior del cementerio. Debo decir que no me hacía mucha gracia deambular por el camposanto ni por las instalaciones aledañas. Menos a esas horas de la mañana en las que -por contraste- todo comienza a llenarse de vida. Quizás una visita al atardecer o bien en otro momento del día hubiera conllevado más contenido. El caso es que, después de pensármelo un poco y para no violentar la tranquilidad de los difuntos, he tomado una foto de compromiso y, aprovechando que todavía no se había ido el bus con el que había llegado, he subido, he tomado de nuevo el billete gratuito y me he dejado transportar otra vez hasta el mundo de los vivos.

Durante el corto trayecto se ha ido concretando la mezcla de impactos visuales mañaneros en el cementerio y mis habituales inquietudes intelectuales. He pensado -de nuevo- qué sentido tiene la vida. También he pensado si tiene algún objeto preguntarse por el sentido de la vida porque, la verdad es que la vida -en general- es ubicua en nuestro planeta y son millones los seres vivos que diariamente nacen y mueren. No digamos nada de las miriadas de seres que nos han precedido y de la cascada de casualidades que condujeron a la aparición de los humanos en la tierra. La contemplación hace unos día de un documental en el que se veían miles de cangrejos desovando en las playas de Cuba y luego retornando a la selva, debiendo cruzar una carretera, me impactó porque cada vez que pasaba algún vehículo cientos de decápodos eran aplastados sin consideración alguna. Incluso las hormigas que pisamos inadvertidamente o los mosquitos que fulminamos con insecticidas merecen nuestra admiración ya que constituyen maquinarias complejísimas imposibles siquiera de imitación.

Como tantas veces se ha repetido, los humanos nos diferenciamos del resto de los animales por nuestra inteligencia, nuestro lenguaje elaboradísimo y nuestra capacidad de abstracción. Sin embargo según voy averiguando en mis lecturas y visionados de documentales sobre estrellas, planetas y asteroides, ese supuesto privilegio le tiene sin cuidado al Universo puesto que sólo es cuestión de tiempo para que un asteroide impacte en nuestro planeta, nos afecte alguna explosión de rayos gamma o seamos engullidos por un agujero negro. Incluso la vida de nuestro sol también está tasada. En unos miles de millones de años desaparecerá y con él también lo hará el resto de los planetas. Esta constatación científica y los enormes avances que casi diariamente se producen en el mundo de la astronomía, la verdad, dejan muy poco espacio para las religiones. Si un asteroide de tamaño mediano, de los millones que nos rodean impactara en nuestro planeta, no quedaría títere con cabeza. ¿Cómo explicar desde la perspectiva cristiana ese desprecio de la naturaleza por la vida inteligente, por los hombres y mujeres de la tierra? ¿Dónde queda la misericordia de Dios para con los de nuestra especie?

Bueno, lo cierto es que estas reflexiones no me amargan el día a día aunque parezca lo contrario. Digamos que me aportan una nueva perspectiva a mí, que como el resto de los de mi generación fuimos educados de niños con parámetros de la edad media.

Después de apearme en la Avenida de América he realizado el trayecto en sentido contrario aunque, esta vez cuesta abajo. He pasado por el Paseo de Cuellar, Sagasta, Plaza Paraíso y, finalmente he llegado a la Plaza Aragón. Allí me esperaba la segunda cita del día porque quería ver la exposición de fotografías de Robert Doisneau.

Me he acercado hasta la sala y he constatado -con cierta decepción- que abrían a las 11. Eran las 9 de la mañana y disponía de dos horas para dedicarlas a lo que me pareciera.

Me he dejado llevar por la intuición y ella me ha conducido, en primer lugar, hacia la Pastelería Canfranc, en la calle del mismo nombre. No he podido resistir la tentación y hoy he probado un excelente producto denominado "borracho" por el módico precio de 1,50 €. Estaba tan rico que le he tomado una foto y todo.

Posteriormente he parado en una cafetería y tomado un café con leche y un croissant, con lectura de diario incluida (aunque sin gafas) y después me he encaminado hacia la calle Pignatelli. Luego he virado hacia Conde Aranda, calle San Pablo, calle Predicadores, Mercado Central y Plaza de San Felipe. Allí, en el Torreón Fortea, he pasado a ver una exposición de vistas de Zaragoza (acuarelas y óleos) de Agustín Allué, Delia Guillén y Beatriz Allué. He realizado un recorrido rápido. Aún valorando el mérito de las obras, no he prestado mucha atención pues el tema no me atraía especialmente.

Luego he pasado por el museo Pablo Gargallo y preguntado si también había que pagar por ver otra exposición (ésta de escultura) con obras de Joaquín Rubio CAMÍN. Tampoco me ha dicho gran cosa. Después he merodeado por la plaza observando cómo pintores anónimos montaban sus chiringuitos para mostrar sus obras. Los cuadros que se exponían tampoco me han llamado especialmente la atención. Finalmente he abandonado la plaza, he pasado por El Tubo y regresado de nuevo a la Plaza de Aragón. Eran ya las 10:30 de la mañana así que todavía me ha quedado tiempo para entrar en el VIP´S y hojear algunas revistas.

Se acercaban ya las 11:00 y todavía me ha quedado tiempo de dar un garbeo por Paseo la Constitución, Plaza de San Sebastián (Pastelería Ascaso) y, finalmente retornar de nuevo al Centro de Exposiciones que ya estaba abierto.

La muestra de Doisneau la componen varias decenas de fotografías tomadas entre 1940 y 1970. Todas ellas en blanco y negro, retratan con gran acierco momentos y situaciones cotidianas en la Francia de aquella época. Por su objetivo desfilan amantes y enamorados, niños enclaustrados en la escuela, tenderos, guardias de tráfico, porteras, obreros, cupletistas y un sinfín de personajes.

La gran cualidad del artista es que fotografía con gran acierto gestos y expresiones espontáneas de todo aquel que cae en el campo de visión de su objetivo. He pensado por un momento si habría alguna foto preparada (yo creo que sí) pero aún bajo este supuesto, como digo, el autor ha sabido captar con precisión los momentos más jugosos de cada situación

En la planta de abajo se exponían más fotos y también un documental en el que se mostraban muchas más. He visualizado durante bastante tiempo el documental y, casi sin darme cuenta me he abstraído tanto que pareciera que yo también formara parte del espectáculo. Finalmente aunque no había visto todo el corto he pensado que ya era suficiente y he salido de nuevo a la luz, en Constitución.

No me extenderé en más reflexiones aunque el visionado de la obra de Robert Dosineau también ha encendido la mecha de muchas elucubraciones. El caso es que, a la salida, he inspirado profundamente y de nuevo me he enganchado con el mundo real.

De nuevo a caminar. Esta vez por la Plaza de los Sitios, Isaac Peral, Coso y Puente de Hierro. En la papelería del Camino del Vado he comprado el periódico. Allí estaba mi amigo Carlos que me ha atendido muy amablemente. Luego he redoblado el paso porque habíamos quedado a las 12 para tomar vermout con unos amigos. He llegado sobre las 12:15 y Juan y Ángeles, todavía no habían llegado. Mejor para mí. Todavía me ha quedado tiempo para ir al baño y echar una ojeada rápida al diario. Enseguida ha llegado la pareja y hemos salido todos en dirección a "Barrio". Hemos pasado una agradable jornada festiva y yo he dado por bien empleada esta mañana de domingo.

Todas las fotos en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/ViajeGratisAlCementerioLineaC1##