domingo, 16 de mayo de 2010

Línea 44. Una experiencia para la reflexión

El empeño en la realización metódica de mis recorridos domingueros me va descubriendo aspectos insospechados que sólo se vislumbran con la repetición sistemática de las secuencias que yo mismo establecí al inicio de mi experiencia.

De la misma forma que los antiguos pobladores ingleses al construir Stonehenge se basaron en la observación de la repetición de los ciclos solares para predecir estaciones, el llevar ya 24 recorridos en bus siguiendo una secuencia parecida, me va descubriendo regularidades que nunca hubiera imaginado.

En primer lugar la regularidad en la hora de salida, sólo truncada cuando trasnocho los sábados. También regularidad en la rapidez del desayuno puesto que deseo salir cuanto antes de casa y de los alimentos que me llevo (suelen ser dos naranjas). Regularidad en el panorama ciudadano observable los domingos por la mañana, regularidad que también se observa en la conducta de los pasajeros del bus, los ciudadanos comprando sus periódicos, los paseos de los perros, algunos jóvenes que siguen la juerga "de empalmada", etc.

Podríamos colegir, por tanto, que la repetición sistemática de determinados hábitos conduce a un mayor grado de conocimiento siempre y cuando uno tenga interés en reflexionar y sacar conclusiones sobre estos hechos.

Pues bien, hoy la salida ha sido un poco más tarde por la tardana hora de acostame ayer. He salido a las 9:47. Afortunadamente la parada del 44 la tenía cerca de casa, en la Avenida de La Jota por lo que ya a las 9:57 me encontraba en el interior del bus camino a Actur Rey Fernando. La primera sorpresa (y empieza a constituir otra regularidad) ha sido que no tenía mi tarjeta-bus (y no el bonobús como yo lo denominaba). Como suele ser habitual, alguna de mis hijas se había apropiado de ella sin avisarme por lo cual no me ha quedado más remedio que abonar el euro de rigor al subir al vehículo. Un cómodo recorrido me ha trasportado con rapidez hasta el ACTUR ya que quería realizar el trayecto a la inversa puesto que anteriormente había visitado este barrio en varias ocasiones.

Al descender del bus he recibido los empellones inclementes del cierzo zaragozano empecinado en su afán de revolver y alborotar todo cuanto se encontrara a su alcance. Me he hecho fuerte y, desafianzo sus bufidos he ido al encuentro de una papelería en la que me vendieran un nuevo bonobús (digo..... una nueva tarjeta bus). No ha habido suerte con la primera ubicada cerca del Carrefour. Se habían acabado justo en ese momento. Nueva búsqueda por calles ya conocidas y nueva pregunta en otro quiosco. Tampoco aquí he podido conseguir la preciada tarjeta, si bien la amable señora me ha encaminado hacia una tercera papelería en la que, según ella, tenían la dichosa tarjeta. Bien ventilado he arribado a la tercera papelería y, como decía anteriormente, al preguntar si tenían bonobús, el vendedor (que padecía de cierta discapacidad en su brazo derecho y también en el habla) me ha corregido y recordado el nuevo nombre del abono. Pero bueno, el caso es que finalmente he conseguido el pase y me lo he llevado recargado con 10 euros.

Triunfante he regresado al inicio-final de la parada del 44 y el conductor, desde dentro, me ha indicado que faltaban 7 minutos para la salida. Otra regularidad, he pensado, con el número 7: he salido de casa a las 8:47, he tomado el bus a las 8:57 y ahora faltan 7 minutos para que salga el bus. Todavía he dado otra vuelta aguantando el azote ciercero y regresado al autobús cuya puerta de entrada he franqueado pues se encontraba abierta.

El mastodonte rodado ha iniciado su viaje en sentido inverso y yo me he tenido que cambiar tres veces de asiento para evitar el sol durante el recorrido. Lo mismo ha hecho un señor situado detrás de mí, los dos como ejecutando un elemental ballet.

El viaje ha sido rápido y en un plis plas he sido trasladado del Actur al barrio Montemolín. Me he apeado en las cercanías del pabellón Príncipe Felipe, que es donde se ubica la parada final de trayecto.

Enseguida he avistado el Bar Iceberg, ubicado en la esquina de Cesáreo Alierta con Camino de Cabaldós, viejo conocido visitado en alguna otra ocasión y me he encarrilado por esa calle. He girado por la calle José Galiay y, enseguida he vislumbrado el colegio La Salle Montemolín. Al principio no le he hecho mucho caso al centro escolar pero cuando les he preguntado a unos señores mayores por la iglesia del barrio, ello me han indicado que a las 11:30 hacían misa en el colegio ya que estaban celebrando la semana de San Juan Bautista de la Salle, patrón del centro. Enseguida he tomado la decisión de asistir a esa misa al intuir que la experiencia podía ser interesante.

Me he adentrado en las instalaciones del colegio y luego preguntado a una señora ecuatoriana que iba con su hija si sabía la hora de la celebración. Ella creía que era a las 11:00 pero estaba mal informada puesto que la hora correcta era la que me habían indicado los señores anteriormente comentados. Eran las 11:7 minutos (otra vez el 7) y he decidido deambular por los pasillos del centro que se encontraba abierto a los visitantes. En primer lugar he visitado una exposición de trabajos escolares muy bien presentada y ambientada. Cuadernos realizados con letra exquisita y otras tareas académicas se mostraban con orgullo en mesas preparadas al efecto. También cuadros y trabajos manuales en los que discretamente habían colocado el cartel de "Fotos no". Una primera conclusión obtenida es que los salesianos mostraban orgullosos los mejores trabajos de los alumnos y -creo yo- de las madres.

Después me he dedicado a caminar por los pasillos del colegio, muy limpios y escoscados y engalanados con orlas de las distintas promociones que han ido terminando sus estudios en el centro. Me ha sorprendido una pecera iluminada, limpia y bien cuidada en la que sus habitantes parecían encontrarse muy a gusto. Tanto orden y limpieza en este centro concertado contrastaba con el desorden y dejadez que yo he observado en algunos centros públicos. Ha sido un primer "flash" de otros que han venido más tarde.

En una intersección de pasillos he podido observar a un coro ensayando. Con gran empeño y dedicación un nutrido grupo de señoras y señores de edad avanzada la mayoría de ellos, se preparaban para su posterior intervención en la celebración eucarística. Posteriormente he averiguado que se trata de la Coral San Agustín que ya ha celebrado su XX aniversario http://www.terra.es/personal4/coralsanagustin/

Ha sido un segundo destello que, de nuevo, me ha llevado a establecer comparaciones entre la enseñanza estatal, laica y la enseñanza religiosa.

Un tercer "fogonazo" que también me ha deslumbrado ha sido la cuidadosa puesta en escena y el orgullo de pertenencia a la comunidad lasalliana que se observaba tanto en los asistentes como en el celebrante en el desarrollo de la misa en la cual, como decía ha intervenido el coro.

Estos tres impactos me han hecho reflexionar sobre la enorme diferencia existente entre los centros públicos y los privados concertados, especialmente los religiosos. Estos últimos comparten unas referencias y unos valores muy claros basados en la doctrina cristiana. Alrededor de estos valores, que como digo, están muy bien establecidos se ha ido construyendo un estilo de enseñanza con el que se puede estar más o menos de acuerdo (yo, personalmente, no comulgo con ella) pero que sin duda propician y posibilitan una formación más coherente con el ideario que la que reciben nuestros alumnos de la pública.

Lo deseable (he pensado) sería que en los centros públicos hubiera un acuerdo claro con una serie de valores que compartiera toda la comunidad educativa. Valores basados en la declaración de derechos humanos y otras declaraciones fundamentales de la humanidad. Pero, como digo, la clave sería que todos, de verdad, compartiéramos esos valores y los tuviéramos permanentemente en cuenta a la hora de educar a nuestros alumnos. Para ello se requeriría un liderazgo claro y reconocido por toda la comunidad educativa por parte de los equipos directivos y también un compromiso diario de los padres y los hijos/as para que, conjuntamente con los profesores, todos a una, tratáramos de lograr la mejor educación posible para los alumnos.

En esas elucubraciones me estaba dispersando cuando ya ha dado comienzo la celebración. Enseguida se ha arrancado el coro muy bien dirigido por Antonio González (lo he averiguado en Internet) que cadenciosa y melódicamente ha ambientado toda la misa.

Las lecturas y el evangelio no han dado para mucho. Se hablaba de la ascensión definitiva de Jesús a los cielos. La homilia ha sido leida por el cura con tono cansino. No me ha aportado nada nuevo. Sólo una referencia a la antigua frase de los tres días que relucen más que el sol intercalada con otra aludiendo a la sustitución de la festividad de hoy por la cincomarzada me ha hecho sonreir levemente.

Ya estaba visto lo básico y al terminar el sermón leído me he puesto en pie y driblando los asientos del coro he conseguido llegar a la puerta y abandonar presuroso la Lasaliana capilla.

He salido del centro educativo y no tenía muchas ganas de recorrer el barrio porque, como he dicho, ya lo tengo visto de otras ocasiones. Así es que he decidido meterme en la cafetería Iceberg regentada por dos féminas -yo diría que dominicanas- y un camarero de la misma nacionalidad. Me han atendido con amablidad pero produciendo en mi un cierto sentimiento de ser ignorado. También me ha parecido detectar un cierto rictus de indiferencia cuando he preguntado por el Heraldo. Como ya se sabe, son componentes emocionales, fundamentalmente los que deciden a los consumidores a realizar o no una compra. Si en ese momento me hubieran trasportado a otro bar, yo hubiera tomado la consumición en el segundo establecimiento. Eso lo dice todo.

Como siempre, las viandas me han sabido buenísimas y luego me he leido de cabo a rabo el rotativo aragonés. He pagado y he salido del local, trasladándome hasta una papelería cercana que ya había detectado donde he adquirido El País, con el morbo de ver el tratamiento que le daba al "tijeretazo" de Zapatero a los funcionarios.

Después me he encaminado hacia el principio-final de línea del 44 y enseguida ha llegado el autobús. El traslado hasta mi barrio me ha resultado especialmente fugar porque iba embebido en las noticias de la crisis económica.

El viento me ha seguido zarandeando a mi llegada al barrio. Sus empujones inmisericordes me han servido para tomar conciencia de la hora: las 12:47. El recorrido de hoy me ha llevado, pues, tres horas exactas.

Al llegar a casa, he permanecido hablando un buen rato con Rosa Mari sobre mis experiencias de hoy y especialmente sobre las elucubraciones comentadas anteriormente sobre los colegios públicos y los privados. Después he comenzado a redactar la primera parte de mi crónica. Sobre las 14:47 me han llamado para comer. También como siempre -otra regularidad- he devorado la comida con muy buena gana. El medio vaso de Rioja ha producido en mí un efecto narcótico y, después de leer brevemente el periódico, me he echado una cabezada. Una vez reiniciado el sistema operativo he dedicado la tarde a leer El País con más detenimiento y también a dar vuelta con mi padre a los frutales de la parcela de Villamayor.
Todas las fotos (que hoy son pocas) en:´http://picasaweb.google.com/rutaviva2/Linea44UnaExperienciaParaLaReflexion#

domingo, 9 de mayo de 2010

Visita a Juslibol y sus apacibles gentes. Línea 43

No sé si serían las pasas que me comí con excesiva voracidad a última hora de la noche o la secuencia de comidas novedosas que he ido preparando desde el jueves o, simplemente, las preocupaciones inconscientes que siempre rondan por la mente. El caso es que esta noche no he dormido muy bien y me he despertado un tanto atontado. Sin embargo, como me suele pasar habitualmente, ha sido poner los pies en el suelo y poco a poco esa sensación de angustia vital se ha ido disipando y ha ido dejando paso a la ya conocida ilusión por vivir una nueva aventura en la mañana del domingo.

Me he permitido tomar un vaso de leche con "coca de cabell d´angel" adquirida en Bon Área y la inicial sensación de atontamiento ha quedado definitivamente atrás. Así es que he confirmado la hora de salida: 8:54 y pertrechado con los habituales útiles del domingo he salido a la calle.

El día ofrecía un muy buen aspecto. Había llovido por la noche y la temperatura era agradable. Como siempre, poca gente por la calle a estas primeras horas de la mañana y yo, tan campante caminando ya por la Avenida Cataluña dirección Paseo Pamplona que es donde se ubicaba hoy el inicio de la línea 43.

Mentalmente ya había diseñado el recorrido hasta la parada. Iría por la Avenida Cataluña, cruzaría el Puente de Piedra y luego por la Calle Alfonso, Paseo Independencia hasta mi destino autobusero.

Como la sorpresa siempre acecha, ya en la Plaza del Pilar he observado un inusual movimiento de policías y voluntarios lo cual era un indicativo de algún evento que se preparaba. Enseguida he comprobado que hoy tenía lugar la Media Maratón Ciudad de Zaragoza y, efectivamente he podido contemplar multitud de deportistas que se dirigían hacia el Paseo Independencia, lugar donde se ubicaba la línea de salida. He aprovechado para tomar varias fotografías ya que consideraba que la carrera lo merecía. Otros fotógrafos y fotógrafas también realizaban la misma misión con lo que hoy yo ya me he considerado un poco más integrado en el gremio de los reporteros. Se ha dado la señal de salida y una multitud de atletas de un rango de edad similar (30-40 años), con sus excepciones, han partido con tranquilidad pero sin demorarse con la firme decisión de realizar completo el recorrido. Como digo he aprovechado para tomar más fotos por la singularidad de la celebración.

He dejado atrás a los corredores (no por mi velocidad sino porque yo realizaba otro recorrido) y me he presentado en el Paseo de Pamplona. Por ir a lo seguro, antes de buscar yo mismo la parada, le he preguntado a un conductor de otro bus y, enseguida me ha dirigido al sitio correcto que, por cierto, lo tenía justo enfrente.

El bus ha sido remiso en presentarse. Mientras, he intentado aprovechar el tiempo de espera conectándome a Internet y leyendo los titulares de El País al tiempo que pensaba que al anunciado boom de la conexión con móvil habrá que dotarlo de algún contenido atractivo porque, de momento, no le veo gran utilidad.

Después de una prolongada espera, ha aparecido el 43. Como suele ser habitual, le he preguntado al conductor si tardaría un poco en partir pero él me ha indicado -un poco crípticamente- que se iba ya, que no estaba para esperas. Yo he supuesto que esta urgencia en arrancar debía obedecer a algún retraso acumulado como consecuencia de la carrera. También he observado cómo el conductor realizaba una consulta a través de un micrófono alargado integrado en el propio vehículo y cómo "los de arriba" le daban indicaciones de cómo tenía que proceder.

En la parada del mercado central han subido varios abuelos y en las siguientes ha continuado la tónica general de ascenso de poca gente y de edad avanzada excepto una chica joven negra que destacaba entre el resto de los transportados por su juventud, su color y su porte desenfadado.

Con bastante rapidez hemos aparecido a la entrada del Barrio de Juslibol. Inmóviles, nos han saludado unas modernas esculturas de joteros y las obras de ampliación de la Residencia Rey Ardid.

Después de discurrir por estrechas callejuelas donde el bus cabía muy justo, hemos desembocado en la Plaza de la Iglesia donde ha sido necesario realizar maniobras haciendo incluso marcha atrás para encarar el bus en dirección Zaragoza. Logrado su objetivo el conductor ha permitido que los últimos dos pasajeros que quedábamos en el interior del vehículo, descendiéramos.

Lo más notorio al apearme del bus ha sido el silencio y la tranquilidad que se respiraban en el barrio. Enseguida he comenzado a caminar y me he dirigido hacia la Plaza del Arzobispo constatando que sigue en su sitio. Una acequia que discurre por su lado izquierdo ha sido merecedora de mi atención y de mi cámara. Allí he dado media vuelta y tomado la decisión de recorrer las calles paralelas a la de la Iglesia, situadas en el siguiente nivel superior.

Ha sido un paseo agradable y gratificante. Siempre acompañado por la monumental presencia de montañas de antiquísimos sedimentos marinos he ido descubriendo parajes y localizaciones por los que nunca había pasado. He tomado muchas fotos de las famosas "casas-cueva" de este barrio, algunas de ellas muy bien acondicionadas exteriormente e imagino que también en su interior. Me ha quedado tiempo incluso para tomar dos autofotos en las que -ahora que me veo- salgo favorecido. He paseado por la calle de la Escuela, calle del Almacén, de Doña Manolita Marco, de Las Flores y otras muchas de enigmáticos nombres -como la calle de Las Velillanas- y mientras, yo, disfrutando del día, de la tranquilidad y de sentirme primer hollador de nuevos enclaves.

Todavía me ha quedado tiempo para visitar Torre Genoveva y las instalaciones de la Fundación Rey Ardid antes de aterrizar en el bar "El Tinajo" que ya conocía de otras ocasiones pero que siempre me sorprende por lo castizo de su concurrencia.

Efectivamente, nada más entrar en el establecimiento ya me han dado ganas de darme media vuelta. Sin embargo la constatación de que sólo hay un bar en Juslibol ha inclinado la balanza para que permaneciera en el local. En su interior una concurrida presencia de hombres jubilados se encargaba de "darle color y volumen" al bar. Lo del volumen es por la voz ya que allí la comunicación se establece a gritos. Como he podido yo también he optado por levantar la voz y he solicitado mi anhelado café con leche y dos churros de los 6 ó 7 que dormitaban en un rincón.

Estaba realizando la operación de aprovisionamiento cuando un señor bajito se me ha acercado y me ha empezado a hablar como si me conociera de toda la vida. Yo, conocedor de determinados perfiles de las gentes de los pueblos, le he hecho caso pacientemente los primeros minutos mientras buscaba una excusa para escaparme de sus garras. La he encontrado al descubrir un Heraldo abierto en una mesa y constatar que pertenecía al bar. Cual pantera me he abalanzado sobre el diario y, de paso, escapado del contumaz conversador.

La lectura del rotativo se ha prolongado durante un buen período de tiempo. Llevaba las gafas de ver de cerca y, por tanto, había que aprovechar la ocasión. Le he dado un repaso a la actualidad llamándome especialmente la atención el hecho de que Marcelino Iglesias tiene dos hermanos curas así como una sección dedicada a empresas innovadoras en el sector de Internet.

Los churros habían sido bien bañados en aceite porque todavía rezumaban el oleaginoso elemento. No obstante como ya había buena gana después del paseo, los he devorado con fruición. El café con leche, bien cargado de café me ha puesto en órbita. Todavía he tenido tiempo de realizar una grabación de audio de las grandes voces de la señora que servía en la barra y de la concurrencia con la duda de si esa grabación se puede incluir en este blog.

Ya se acercaba la hora de la misa -las 12- así es que he pagado (1,50 €) , salido del establecimiento y me he encarrilado de nuevo hacia la plaza del arzobispo con la idea de fotografiar los escudos arzobispales. Cuando estaba fotografiando el segundo escudo, ubicado en la puerta de la iglesia, un señor me ha inquirido sobre la antiguedad del mismo y yo que ya lo había leido, he quedado muy bien contestándole que era del siglo XVI. Resulta que el señor era el propietario de la casa aledaña a la del arzobispo en la que colocó el primer escudo "para el que hubo que buscar una grúa de tanto que pesaba".

Ya eran las doce y la gente iba entrando en la iglesia. El señor ha tomado agua bendita y, en un gesto que no veía hace tiempo, me la ha pasado también a mis manos.

La iglesia me ha recordado un poco a la de Peñaflor, sobretodo por su decoración y pintado interior. A diferencia de la segunda, la de Juslibol presenta unas grietas considerables que me han hecho pensar por un momento si estaría seguro del todo en el recinto. Enseguida ha salido el sacerdote acompañado -como novedad- de un chico y una chica monaguillos. Inevitablemente enseguida han surcado por mi mente pensamientos relacionados con la actual tormenta que vive la iglesia debida a los caso de pederastia surgidos como setas en todos los países. Sin embargo, en honor a la verdad debo decir que el sacerdote me ha parecido exquisito tanto en sus formas como en el fondo de su discurso como luego comentaré.

Ha arrancado la misa y se han sucedido las secuencias propias del divino oficio con las lecturas sagradas. La segunda era del libro del apocalipsis y es la que más me ha llamado la atención sobretodo por la aparición del número 12 en la descripción de Jerusalén, de sus puertas, del grosor de sus muros y de las tribus de Israel. Ello ha dado pie para que pensara en el origen de la famosa docena de huevos y elucubrar sobre la relación que pudieran tener ambas cuestiones.

Miro ahora mismo en el oráculo Google para ver la información sobre el 12 y me sale esto:
"El uso del número 12 tiene su origen, probablemente en Mesopotamia". También leo en Wikipedia múltiples argumentos para la utilización del 12 mejor que el 10. De hecho muchas medidas inglesas mantienen la docena en sus equivalencias. También veo una tabla de multiplicar en base duodecimal, pero declino investigar más so pena de voverme majara.

Siguiendo con la celebración, también el evangelio ha dado para mucho ya que hoy trataba del saludo deseando la paz "la paz sea con vosotros", "mi paz os dejo, mi paz os doy", etc. Ya en la homilía, el cura se ha desempeñado con mucho acierto al hacer énfasis en la necesidad de estar en paz con uno mismo para desear y dar la paz a los demás. Su discurso ha sido sencillo, ponderado y bien estructurado por lo que, en esta ocasión, a diferencia de mis últimas incursiones eclesiales, he estado muy atento y comprendido todo el sermón. Mis felicitaciones para el sacerdote.

Quizás por ello he decidido permanecer en el templo hasta que acabara la misa y todavía he tenido tiempo de equivocarme con el nuevo padrenuestro que no termino de aprender. He dado fraternalmente la paz a una oronda señora y también escuchado las últimas indicaciones del cura recordando que el próximo día 15 de mayo se celebra San Isidro labrador. Sólo cuando el mosen ha rogado a la concurrencia que permaneciera sentada para repasar los ingresos-gastos de la parroquia, yo ya iba abandonando la iglesia.

En el exterior se descolgaban algunas tímidas gotas y peculiares formas nubosas iban desfilando ante los de abajo sin que estos últimos hiciéramos mucho caso. Durante unos minutos he esperado al bus en el final de la línea pero como no viniera, he decidido caminar hasta la siguiente parada para hacer tiempo, luego la siguiente y cuando he visto que venía el bus desde Zaragoza, he ido hasta la tercera parada puesto que he calculado que tendría tiempo más que suficiente para llegar. De nuevo a esperar otra vez hasta que ha llegado el 43 también con poco personal en su interior. Rápidamente me ha trasladado hasta Gran Casa y las cercanías de la cafetería "La Trufa" del domingo pasado. He descendido y enseguida ha llegado el C1 que velozmente me ha conducido hasta Marqués de la Cadena en mi regreso al barrio. Todavía me quedaba la gestión del periódico y he pasado por Larrosa para adquirilo al tiempo que llamaba por teléfono a casa por si había que compar pan. "Pan y una tarta para Eva" me ha indicado Rosa Mari ya que hoy celebrábamos el 18 cumpleaños de mi hija pequeña que ya no lo es tanto.

He llegado a casa con los productos y, enseguida he subido al cuarto de mi niña a felicitarla. Estaba con una amiga y se ha alegrado mucho de mi sincera felicitación. Después me he puesto a volcar las fotos en el ordenador y escribir la primera parte de la crónica hasta que me han llamado para comer.

La comida se ha desarrollado muy agradablemente y sólo la falta de velitas con el número 18 ha empañado un poco la celebración. Como he podido, he compuesto el número 18 con otras velas y así hemos salido al paso del inconveniente. Hoy también me he permitido un poco de licor al final del yantar.

Reportaje fotográfico completo en:
http://picasaweb.google.com/rutaviva2/VisitaAJuslibolYSusApaciblesGentesLinea43#

domingo, 2 de mayo de 2010

Línea 42. Un recorrido del quince

No tenía mucha seguridad de levantarme hoy temprano puesto que ayer me acosté sobre las 2 de la madrugada. Una muy agradable velada en compañía de mi primo Manolo, la Pili -y Patricia- viendo las reformas de su casa y degustando "brazo de gitano", orujo buenísimo y las delicias de La Almozara, en sus bares, fue la causante del retraso en mi hora habitual de irme a dormir. Sin embargo la mente alberga insondables misterios pues sobre las ocho menos cuarto alguna neurona o grupo de ellas encargadas del área cerebral de la responsabilidad han realizado diligentes su trabajo y han hecho que me despertara.

Así es que ya tenemos preparado el cuadro de este domingo: somnoliento, micciono, me afeito, me pongo crema para el sol, bajo a vestirme y me visto, subo y me como un plátano y una naranja y me proveo de una manzana para mi nueva cita dominical.

Salgo de casa a las 8:51 y enseguida me llaman la atención las naves semiderruidas de Marqués de la Cadena. Decido dedicarles cuatro fotos que ahora, al supervisarlas, me resultan originales. Continúo a buen paso por el puente de la Unión y me cambio de acera (no alarmarse, era para ir por la sombra).

Sigo con mi periplo buscando intencionalmente recorridos novedosos. Decido circular por calles paralelas a San José y descubro nuevas calles y rincones hasta ahora no hollados por mí. Paso por la calle Monasterio de Samos y la cervecería-bar Sol, calle Luis Aula, calle de La Alegría, cafetería Capitán Alatristre, Plaza del Bearn, iglesia evangélica de Filadelfia (al lado del instituto Pablo Gargallo) y a la altura de la calle Melilla el trayecto se vuelve cada vez más empinado y rural hasta el punto que me meto por un sendero sin asfaltar y, si no llega a ser por un chucho que me ladra inopinadamente el canto de un ruiseñor me hubiera trasladado al sotobosque de la ribera del Ebro.

Paso por los restos de lo que en su día fueron viviendas de una planta con sus parcelas y que ahora están derruidas, atravieso un solar abandonado y, finalmente arribo al Canal Imperial donde una concurrida representación del gremio de la pesca se ha dado cita espaciando sus emplazamientos.

Al principio no se muy bien dónde estoy, pero enseguida me oriento: debo desviarme a la derecha para tomar el desangelado puente de hierro de La Paz, cruzar el canal y de nuevo tirar cuesta arriba, esta vez por el parque de la Paz para tratar de dar con la parada del 42 que, intuitivamente sitúo por la calle Oviedo. Sin embargo, ni rastro de la 42, por lo que continúo mi trayecto con la intención de encontrar yo solito la parada sin preguntar a nadie por la calle San Eugenio y calle Cuarta Avenida y de nuevo sin noticias de la parada del bus. Finalmente decido preguntarle a una señora que me encarrila con más acierto a las inmediaciones. Después confirmo la veracidad de la información con un señor que, con más precisión, me indica dónde puedo encontrar mi anhelado bus. Conclusión: he llegado a la parada al tiempo que he disfrutado con la incertidumbre de encontrarla y a sabiendas que preguntando se llega a Roma.

Como no se ve a nadie por la calle hipotetizo que el bus pasa muy de tiempo en tiempo y, consiguientemente decido seguir caminando para buscar el inicio de la parada pero justo cuando ya he resuelto que tomaré el vehículo "au commencement" aparece y tengo que regresar precipitadamente a mi anterior emplazamiento para tomarlo.

Vamos solos los dos en el bus: el conductor y yo pero esta anomalía dura poco porque enseguida empieza el festival de subidas y bajadas de personas anónimas viajando conmigo.

(Continúo con mi relato hoy lunes, día 3 de mayo a las 17:29 de la tarde. El retraso en escribir la crónica debido a obligaciones familiares me va a permitir constatar el porcentaje de pérdida de información que, según las añejas investigaciones de Ebbinghaus podría llegar a ser hasta del 70%. En fin, qué se le va a hacer)

El viaje se desarrolla a buen ritmo pero se me hace larguísimo. El bus da vueltas y más vueltas hasta que por fin se encarrila hacia el Actur. Cuando por fin llegamos a las cercanías del Carrefour ya estoy deseando apearme.

Comienza entonces la segunda parte del periplo dominguero. Me acerco a unos señores para interesarme por la parroquia pero me encaminan hacia la de San Jorge (parroquia de San Andrés) en la que ya estuve cuando viajé en la línea 23. Me acerco hasta la puerta de la iglesia casi con la certeza que ya la había visitado y lo constato. Oh, decepción, tendré que buscar otro templo para que mi objetivo quede cubierto.

Decido entonces visitar la barriada de viviendas sociales donde antiguamente se ubicaba el teatro de títeres "Arbolé" y probar suerte a ver si hay otra nueva iglesia por los alrededores. Esta decisión ha sido muy acertada porque me ha permitido pasearme por una zona de la ciudad por la que no discurro habitualmente. Paseo un rato en paralelo a la autovía A2 o Autovia del Nordeste. Observo los paneles acústicos colocados para -en teoría- proteger a la población residente del rugiente ruido de la autovía. También constato la existencia de dos localizaciones en las que se rompe la "cadena de aislamiento acústico" puesto que son dos oquedades por las que entra el ruido impunemente. Empiezo a compadecerme de la gente con pocos recursos y todavía me compadezco más cuando contemplo una barriada con los bajos de las viviendas o locales sin utilidad comercial, llenos de pintadas. Los "jardines" tampoco dan para muchas alegrías. En fin, me da un poco la impresión de que -intencionalmente- se decidió ubicar en este emplazamiento a gente de bajo poder adquisitivo y también baja capacidad de presión a las autoridades.

Le pregunto a una señora gitana si sabe dónde se ubica la iglesia. Ella me devuelve la pregunta: ¿es para llevar ropa? como indicándome que a ella le vendría bien. Cuando le digo que es para oír misa se desentiende rápidamente. Luego a una señora mayor que, por aquello de la edad, intuyo sabrá algo de templos. Me indica algo crípticamente que cerca de la residencia de ancianos cree que hay una iglesia. Como no se donde se ubica dicha residencia continúo mi excursión hasta que veo un edificio con pintas de ser templo. Oh, decepción de nuevo, es un templo pero Adventista.

Empiezo a pensar que a la jerarquía católica no le interesan mucho los pobres de este barrio y que los adventistas (aleluyas entre los gitanos) han tomado esta parte menos sabrosa del pastel. Dejo atrás la iglesia y a lo lejos contemplo unas sillas de inválidos ocupadas por gente mayor. "Esa será la residencia" y me encamino hacia ella. Por el camino me topo con una señora que pasea un perrito y le inquiero sobre la iglesia. Negando la mayor, me dice que por allí no hay iglesia católica alguna y que la más cercana la tengo a bastante distancia, cerca del parque del Respeto (curioso nombre) para lo cual deberé atravesar Pablo Picasso. Resignado, me encarrilo hacia esa Avenida y continúo mi indagación. El caso es que después de mucho andar y andar, descubro finalmente la iglesia del Espíritu Santo que forma parte de la parroquia de San Andrés en la Calle Emilia Pardo Bazán, 27. Gozoso por mi buena fortuna me dirijo presuroso a los carteles indicadores de los horarios de misas. ¡Vaya! son las 11:15 y la celebración comenzaba a las 11:00 ¿qué hacer? ya que la siguiente (misa) comienza a las 12:30. Decido meterme aunque sea un poco tarde y me encuentro ya con el sermón. En el mismo instante en el que me siento, descubro que he metido la gamba por el tono monocorde del cura, la propia rapidez de la decisión y el deseo de seguir el ritual de visitas anteriores pasando por el bar antes de acudir a la iglesia. Todo ello da como resultado que me ponga en pie y abandone precipitadamente el templo.

Ahora son las 11:20 y dispongo de una horaza para dedicarla a lo que me plazca así es que primero buscaré una cafetería con "charme" o, como decía Belarra, que me "coinvolga" (pronúnciese "coinvolya", del verbo italiano "coinvolgere"), es decir que me implique, que me involucre. La tarea no es fácil porque la crisis ha vaciado muchos bares y otros los ha "enfeecido" (permítaseme esta expresión).

Vueltas y más vueltas por el entorno de Emilia Pardo Bazán y no veo cafeterías con encanto. Finalmente descubro otro "agujero de gusano" como el de la visita del domingo pasado, en la calle Sor Juana de la Cruz, que me trasporta a la calle Gertrudis Gómez de Avellaneda al lado de Grancasa. En ese nuevo universo descubro enseguida varios cafés con abundante afluencia de público y decido entrar a la Chocolatería-creperie-pizzeria "La Trufa". Las dos camareras (intuyo que también dueñas del local) no dan abasto pero atienden amablemente. Se han terminado los croissanes por lo que acepto la sugerencia de una tostada caliente con mantequilla y mermelada además de, por supuesto, mi sagrado café con leche.

Mucho humo en el local. Yo rezando para que aprueben de una vez por todas la prohibición de fumar en los bares y, mientras tanto extendiendo la mitad de la mantequilla (ojo con el colesterol) y toda la mermelada en la tostada. Me la comería al estilo pueblo pero me hago el refinado y la troceo cuidadosamente con el cuchillo y el tenedorcillo. Los dos productos me han sabido a gloria. Creo que el cuerpo ya me pedía glucosa después de tanto andar. También el cerebro, que de nuevo se activa y trata de desentrañar conversaciones más o menos veladas, gestos y movimentos de los clientes del bar.

Pago, voy al baño y abandono "La trufa". No ha habido opción a la lectura de ningún diario por la aglomeración de personal en el establecimiento. Todavía me queda 1/2 hora que decido dedicar a recorrer con tranquilidad las calles aledañas. Tomo fotos aquí y allá de todo lo que me llama la atención y voy haciendo tiempo hasta que empiece la misa. La última visita es para una urbanización cerrada en la calle Emmeline Pankhusrt donde cuatro cipreses estratégicamente plantados configuran el centro de su plaza.

Llego a la iglesia y ya se ven distintos grupillos de gente diversa dispuestos a penetrar en la instalación. Un abundante grupo de sudamericanos me llama la atención. Todos ellos muy bien vestidos y arreglados. Luego me entero que tres niños de esa zona hacen hoy su primera comunión.

En el interior del recinto el panorama habitual: dos fieles más entusiastas afinando sus guitarras mientras niños y mayores forman un lógico barullo hasta que se acomodan. También observo al sacerdote que ya se ha revestido y que hace tiempo hasta que los músicos terminen con sus acordes de ensayo. Entra y sale varias veces -revestido- de la sacristía. Habla con un señor que hay a mi lado. Esas confianzas -pienso yo- le hacen perder autoridad ya que su entrada al comenzar la misa debería ser solemne.

Por fin da comienzo el divino oficio, recordando al público las primeras comuniones de los niños ecuatorianos y continúa con los trámites de siempre: las lecturas, el evangelio y, lo más sabroso, el sermón. Bueno, mejor dicho, debería ser lo más sabroso pues en esta ocasión tampoco ha dado para muchas alegrías. La estrategia del oficiante ha sido darle vueltas y más vueltas a la famosa frase "amaos los unos a los otros como yo os he amado". Para mi gusto, ha jugado a realizar permutaciones, permutaciones con repetición y combinaciones de las palabras que componen la expresión y el resultado final ha sido un discurso aburridísimo y nada convincente ni por el fondo ni por las formas pues de comunicación no verbal tampoco iba muy sobrado. Deseando que terminara cuanto antes el suplicio dialéctico, he aguantado pacientemente el chaparrón de frases rebuscadas y lugares comunes. Para más inri, el sermón lo ha terminado abruptamente haciendo caso omiso a la regla de oro: introducción, nudo y desenlace. Como revancha yo también me he levantado abruptamente y he dejado atrás el templo por el cual no creo que vuelva a pasar más.

Regreso nuevamente a la calle de Gertrudis y adquiero el País. La señora que me lo vende presenta un semblante lastimero, como algo deprimida pero es amable. Luego me encamino hacia el C1 que llega con mucha rapidez y me trasporta hasta la parada ubicada al comienzo del Puente de la Unión. En el bus me encuentro con Serafín y su esposa, compañeros del colegio Cortes de Aragón cuando yo pertenecía al Equipo Psicopedagógico que visitaba ese centro. Ya están jubilados y disfrutan de su tiempo libre. Van a visitar a un primo que vive en mi urbanización y les franqueo la entrada al tiempo que continuamos charlando sobre la crisis económica, el desempleo juvenil, etc. Nos despedimos y yo tomo rumbo a mi casita. Llego y la casa está semivacía. Aprovecho para revisar por enésima vez el jardín: las rosas siguen brotando, el hierro ha favorecido a las abelias, las parras siguen creciendo a buen ritmo, las hormigas han iniciado un nuevo ascenso al cerezo, los geranios, agapantos y hemerocálides progresan adecuadamente, el limonero muestra espléndido sus aromáticas flores, las petunias vuelven a brotar, las fresas ya toman color y muchas semillas de albizia han germinado con las últimas lluvias. El trachelospermun a punto de florecer. Recojo varias hojas del suelo en un vano intento de poner orden en este entorno tan cambiante y luego me retiro al interior porque ya ha llegado la representación femenina y hay que dar novedades.

Una nueva y variada mañana de domingo ha sido bien aprovechada. El reto de recorrer todas las líneas de bus sigue en pie. No dejo de sorprenderme por las novedades con que me encuentro. Me lo paso muy bien y eso es más que suficiente.

domingo, 25 de abril de 2010

Línea 41. La próxima vez, traer sombrero

A pesar de llevar 640 kilómetros a mis espaldas, producto del viaje de ida y vuelta de ayer, sábado, a Madrid, he sido puntual a mi cita y me he despertado a eso de las 8:20 de la mañana. Aprovisionado con los cítricos de siempre, he salido de casa sobre las 8:57 ya con el objetivo prefijado de ir caminando hasta el inicio de la línea 41 en la Puerta del Carmen.

El paseo se ha desarrollado muy agradablemente. La mañana lucía un encanto especial propio de finales de abril y la gente paseaba tranquilamente por las riberas del Ebro mientras otros lanzaban sus cañas al río a la espera de inciertas capturas.

Una foto para un "chopo felusero" que se había encargado de tapizar de blanco los alrededores y varias para los candados del puente de Santiado, iconos de amores más o menos precipitados que, no se si por moda o por convicción, han quedado anclados en los barrotes de la barandilla para dejar pública constancia de la fortaleza de la unión.

Continuando por el Mercado Central y luego por César Augusto, todavía me he detenido en la iglesia de los escolapios a fotografiar un curioso fraile alado que preside la entrada que me ha llamado la atención e igualmente otra foto para la sede de Turismo de Aragón por si en su momento tengo necesidad de recabar información al hilo de la regeneración de Rutaviva.

He llegado finalmente a la Puerta del Carmen y, por aproximación he deducido que la parada-inicio de línea del 41 estaría en las inmediaciones. Sin embargo se me ha resistido y no me ha quedado más remedio que preguntarle a un conductor de otro bus, el cual amablemente me ha indicado el comienzo de línea en la calle Hernán Cortés.

Llegado a mi objetivo sólo me quedaba esperar que también arribara el bus, hecho que ha tenido lugar con rápida inmediatez. Preguntado el conductor por la salida, todavía me ha concedido 7 minutos para ver si conseguía comprar un bonobús pues en esta ocasión había sido mi hija mayor la que había dispuesto del bonobús de su padre.

No he conseguido adquirir la tarjeta y he abonado el importe en metálico. Como el conductor viera que yo esperaba las vueltas, ya me ha aclarado el nuevo precio del viaje: 1 €.

El bus ha iniciado un alegre trotecillo y muy poca gente ha subido en él. El viaje hasta Rosales del Canal me ha parecido plácido y tranquilo; más propio de un paseo turístico que de un desplazamiento urbano. Enseguida hemos llegado a Montecanal, discurrido por el Paseo de la Ilustración y descendido hasta las inmediaciones de la Clínica Montecanal desde la que ya se divisan tanto la Feria de Muestras como los movimientos de tierras de Arcosur.

Más tomas de fotos destacando grandes tuberías pendientes de enterramiento y, sobretodo, el azuzamiento del astro rey ya a esa hora relativamente temprana de la mañana.

Me he colocado una chaqueta que llevaba "por si acaso" en la cabeza para protegerme del sol y vestido de esa guisa he ido recorriendo las calles del nuevo gran barrio que allí se está construyendo.

Enseguida he avistado una pastelería y hacia ella me he dirigido presuroso pues el cuerpo me pedía azúcar. Me ha atendido una chica muy amable la cual con acento ruso me ha indicado también la ubicación de la iglesia del barrio a la entrada de Montecanal.

Otra vez a caminar desandando el tramo que anteriormente hiciera "a caballo" hasta que he llegado a la iglesia de Santa María donde me he informado de la hora de celebración dominguera: las 12 de la mañana. Todavía eran las 10:40 por lo que disponía de tiempo de sobra para continuar mis indagaciones sobre el acomodado barrio. Vuelta por aquí y vuelta por allá, tomando fotos de cafeterías y restaurantes para un hipotético regreso otro día acompañado de Rosa Mari. He recordado que en Montecanal viven José Antonio Canales, del pueblo y también Benigno Arias, compañero del sector de la psicopedagogía. No he visto a ninguno de los dos.

En un momento determinado he vislumbrado una callejuela estrecha sin asfaltar y algo descuidada en el plano jardinero y he decidido atravesarla. Posteriormente he descubierto que el enlace viene a ser como un "agujero de gusano" que te traslada desde el barrio de los ricos al barrio de las viviendas de protección oficial de Valdespartera. De manera que me he puesto muy contento al descubrir nuevos territorios para explorar. Para mi regocijo se ha puesto nombre de novelas y películas a las calles y así he paseado por la calle El ladrón de Bagdag, La isla del tesoro o Cantando bajo la lluvia. Por lo que he ido observando poco a poco el barrio se va poblando de jóvenes parejas pero todavía no hay suficiente masa crítica para una interacción social visible. En una de las cafeterías de nuevo cuño parecía observarse un poco más de movimento, así es que he decidido entrar a "Abierto hasta el amanecer" (así se llamaba el establecimiento) que conjuga tanto la función bar como la de restaurante.

Mucha amabilidad por parte de la joven camarera con sendos pearcings en sus labios. Tanto el café con leche como el croissant me han sabido buenísimos y, además con el aditamento del "Periódico de Aragón" disponible desde el primer momento. Lástima que de nuevo hubiera olvidado mis gafas de cerca por lo que me he tenido que contentar con los titulares.

Ya se iba haciendo la hora de misa y yo he abonado la consumición y retornado por el anterior enlace entre universos, esta vez, de nuevo al barrio de los acomodados. Aún me ha quedado tiempo de dar una vuelta por un pequeño centro comercial al aire libre abierto desde el que he escuchado como las campanas de la iglesia convocaban a los fieles a la ceremonia de las 12. He aprovechado para comprar un bonobús y, posteriormente me he encaminado hacia la parroquia.

He llegado al templo y penetrado en su interior. He observado la bella y moderna factura de su construcción con un gran arco de hormigón separando las estancias del altar y de los fieles. Una gran pared al fondo imitación de piedra servía para albergar una cruz y una gran estatua de la virgen apoyados sus piadosos pies en una bola representando el mundo. La luz penetraba suave y difuminada por distintas aperturas cuidadosamente diseñadas por los arquitectos.

También como en otras ocasiones, un persistente ayudante se ha encargado de recordarnos los cánticos que deberían acompañar al oficiante en los distintos tramos de la celebración. Numerados todos ellos, resultaba sencillo seguir sus indicaciones gracias a un librito, compendio de todos los cantares eclesiásticos de uso en iglesias, colegios y comunidades que ya va por su séptima edición. Por un momento he pensado que me gustaría conocer al promotor de tan práctica idea.

La iglesia se ha ido llenando de un público variopinto en cuanto a la edad aunque todos ellos compartiendo etiqueta y ademanes propios de burguesía urbana. El ayudante al que aludía anteriormente ha ido dirigiendo con vigor los cánticos y las lecturas de tal manera que la labor principal correspondiente al cura oficiante y su otro acólito ha quedado un poco oscurecida por el primer protagonista. De las lecturas no me he enterado mucho. Del evangelio, tampoco y del sermón mucho menos. Aunque he prestado atención no he conseguido sacar ninguna conclusión razonable de un discurso plagado de oraciones subjuntivas y recorridos dialécticos sin mucha conexión. Se ha hecho alusión al día de las vocaciones y se ha señalado mucho la función de los pastores que cuidan de sus rebaños. Poco más he podido extraer de una homilia explicada, creo yo, más para rellenar el tiempo que para otra cosa.

Así es que al finalizar el exordio me ha faltado tiempo para ponerme en pie y salir raudo y veloz por la puerta de atrás, de nuevo a la intensa luz del día. Sin dilación me he dirigido a la parada del 41 situada en las cercanías y también con inmediatez ha acudido el bus.

El camino de regreso ha resultado igualmente plácido y enseguida me he encontrado de nuevo en Hernán Cortés. Allí he realizado el trasbordo con el 38 desde el que he presenciado una muestra de vehículos Seat 600 por el Paseo Independencia y que me ha conducido hasta San Miguel y, una vez adquirido El País, he tomado el 39 dirección Barrio La Jota.

También en esta ocasión se ha repetido el ritual familiar de todos los domingos que no detallo para no resultar repetitivo. Después de comer ha quedado tiempo para ver un rato la tele y revisar las plantas del jardín. Posteriormente me he tumbado en la cama acusando la conducción de ayer. Después de una breve siesta y ya más despejado he continuado con la redacción de mi artículo. Poco a poco todo ha ido colocándose en su sitio. Los humanos necesitamos dosis alternativas de variedad y normalidad. El exceso de uno u otro ingrediente hacen decaer el ánimo. Una mezcla razonable de ambas es el mejor antídoto contra la monotonía.

Las fotos de la visita en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/Linea41LaProximaVezTraerSombrero##

domingo, 18 de abril de 2010

Las propiedades del yute ya nadie las discute. Línea 40

Un singular proceso de asociación de ideas me ha llevado a decidirme por el titular con el que encabezo la crónica de hoy. Resulta que he estado visitando la parroquia de San Lino y, ya se sabe, del lino al yute hay un paso. El pareado no es mío. Lo vi siendo niño en un cartel de la antigua estación del norte y me llamó mucho la atención. Me parecía un título original y ahí se queda.

Hoy la mañana estaba muy agradable. Llovía finamente y la temperatura era templada. Hecho que he aprovechado para esparcir quelato férrico entre las plantas del jardín más necesitadas del nutriente, especialmente las abelias y el limonero.

Hoy he desayunado con relativa tranquilidad. El tazón de leche ha ido acompañado con miel de "La Manzana", café descafeinado y dos rebanadas de pan con mermelada "Sinfonía de frutas". Anteriormente ya había dado cuenta de una manzana royal gala. Así es que he salido a la calle con anorak, paraguas y calorías suficientes para caminar durante un buen trecho.

Como digo la lluvia caía de forma delicada pero pertinaz y yo me sentía muy a gusto caminando bajo la celestial fina ducha. He tomado el Puente de la Unión por su acera izquierda según se va al centro de la ciudad a sabiendas que tendría que caminar más metros debido a la curva exterior que presenta Marqués de la Cadena a la altura del Parque de Oriente. No me importaba en absoluto. Mis piernas me pedían "más caña" y deliberadamente me he encaminado hacia Las Fuentes con la borrosa conciencia de que por allí pasaba la línea 40 que hoy debería inspeccionar.

He llegado a Salvador Minguijón y de la 40 ni rastro. Se ve que me he liado con la 30 que sí pasa por esos lares pero como digo este hecho no me ha trastornado porque me sentía muy a gusto caminando sin prisa y volviendo a recorrer itinerarios que hace ya un tiempo tenía descuidados.

He remontado Compromiso de Caspe, pasando por la tienda de persinas "Expansión", nombre que me parece muy acertado en todos los sentidos. Siempre que he ido a comprar algo relacionado con las persianas, me han atendido muy bien y allí lo he encontrado.

Al llegar a Miguel Servet he visto pasar un 40 y entonces me he apercibido del recorrido que realiza este bus: San José-Vía Hispanidad. Así es que he continuado caminando hasta a Plaza de San Miguel donde el panel señalizador ya se ha encargado de informarme de que en 6 minutos llegaría mi autobús.

Con precisión GPS ha llegado el vehículo y, como siempre sólo unos pocos viajeros hacían uso en este momento del derecho de todo ciudadano a desplazarse por donde le plazca.

A la altura de la plaza Aragón, en el monumento al Justicia, ahora adornado con banderas, se observaba una especial agitación. Una reducida banda de cornetas ensayaba el izado de banderas, preludio -imagino- de la celebración del día de la comunidad el 23 de abril.

El viaje ha continuado a buen ritmo y de nuevo he podido contemplar las obras del tranvía porque el recorrido ha sido paralelo -en varias ocasiones- a esta nueva infraestructura.

Finalmente hemos llegado a Vía Hispanidad y luego girado a la derecha por la calle Alcalde Sáiz de Varanda donde se ubica el final de la línea. He descendido del bus y, enseguida me he percatado de la abundancia de edificios institucionales y singulares. Como buen cronista debía aprovechar esta circunstancia y he dedicado mi tiempo a tomar fotos de los que me parecían más relevantes.

He comenzado por el Seminario que ya está finalizado y que presenta un aspecto imponente. Su rosetón central y las cenefas pétreas que lo adornan le confieren un aire peculiar; algo así como un "quiero y no puedo" arquitectónico. Imagino que los curas gerifaltes de la época no pudieron disponer de todo el presupuesto que hubiera requerido un edificio singular "de verdad", pero bueno, teniendo en cuenta la anomia urbanística que ha presidido Zaragoza hasta hace poco, el producto final resultó razonablemente bien.

Fotos también para El pirulí de Telefónica, el hotel Reina Petronila, la Clínica Montpellier, el complejo Aragonia, el auditorio Eduardo del Pueyo y Conservatorio superior de música, el Centro de Tecnologías avanzadas, la Federación Aragonesa de Tenis y, para que no tuviera envidia, el Colegio "Corazonistas Moncayo". También una foto muy especial a un anuncio de "Desigual" que rápidamente lo he conectado con el último libro leído de un tirón "Las razones del deseo" , ensayo sobre sexualidad humana en el que, entre otras cosas, se insiste en la querencia de los humanos por la simetría. Por disonancia cognitiva me ha llamado la atención una campaña publicitaria que centra su mensaje en la antisimetría.

Ya de vuelta de mi periplo inmobiliario, enseguida ha arribado el 40 y aún he tenido que esperar un poco ya que el conductor -palillo en boca- me ha indicado que todavía quedaban 5 ó 6 minutos para la salida.

Hemos iniciado el recorrido a la inversa, el bus ocupado sólo por el conductor y por mí. Enseguida han montado nuevos viajeros y así, de nuevo hasta la plaza Paraíso con su fuente semivacía mostrando su alambicada fontanería merecedora de una foto por mi parte.

De nuevo al pasar por la Plaza Aragón la banda de música, esta vez al completo y una representación de bomberos, fuerzas armadas y guardia civil todos ellos honrando la bandera aragonesa. Me ha resultado especialmente chocante el saludo de las fuerzas militares a la enseña autonómica; no lo había visto nunca y, en mis tiempos de mili, eso hubiera sido impensable.

Al pasar por la plaza España todavía me ha dado tiempo de visualizar de soslayo y fotografiar el nuevo tranvía que se exhibe bajo carpa.

El 40 ha continuado su recorrido dirección San José. En la plaza San Miguel se preparaba una manifestación contra la crisis económica: "Que la crisis la paguen los ricos". Lema con el cual estoy totalmente de acuerdo. Unos globos rojos y negros también han sido fotografiados para dejar constancia que en la "mani" probablemente participaban los de CNT.

El bus ha enfilado la Avenida de San José y pasado por la antigua Harinera rehabilitada por el Ayuntamiento y sin utilidad conocida por el momento. Después ha virado a la derecha y ya nos hemos metido por terrenos de la calle Zaragoza la vieja donde ha terminado el trayecto.

He tomado una foto del colegio público María Moliner y, enseguida un señor muy amable al que le he preguntado me ha encaminado hacia la parroquia del barrio que, según me ha indicado se encontraba en la Plaza dos de Mayo. Enseguida he encontrado la plaza y la iglesia y ambos entes me han causado buena impresión. Destacaré la abundancia de bares y cafeterías que -intuía- me facilitarían una buena elección para mi café con leche.

La iglesia está consagrada a San Lino, hecho que me ha resultado curioso pues no tenía noticia que la planta herbácea-textil de raíz fibrosa tuviera un correlato en las alturas. A la entrada del templo un joven había montado un tenderete de libros que, según me ha explicado, trataban de dar testimonio de la pobreza en el mundo. Amablemente he escurrido el bulto para no verme obligado a adquirir literatura no prioritaria al tiempo que me informaba del horario de misas y decidía asistir a la de 12, ya que todavía eran las 11:30.

Un vistazo rápido a la plaza me ha servido para decidir que tomaría el desayuno mañanero en la cafetería Square la cual por su amplitud, decoración y cercanía a la iglesia había resultado vencedora en rápida puja mental.

La excelente atención de una bella camarera, el aroma del café con leche y la bollería fresca no han hecho sino añadir puntos en la ya de por sí elevada calificación inicial. A todo lo anterior habría que añadir la disposición, ya de entrada, de "El mundo" que ha sido devorado rápidamente por mis dos veloces receptores visuales ayudados de la amplificación que proporcionaban las lentes de 1,5 aumentos.

Saboreados los tres elementos del desayuno dominical: café con leche, croissant y periódico he pagado, he pasado por el baño y me he encaminado a la iglesia.

Los templos católicos nunca dejan de sorprenderme. En esta ocasión por lo recoleto del edificio y también por la disposición de los bancos a varias alturas. La decoración muy bien dispuesta y el ambiente agradable con una presencia de un 25% aproximadamente de niños sobre un total de unos 200 feligreses. Me he ubicado en un lugar preeminente y ya he vislumbrado a un señor con la guitarra lo que me ha hecho suponer que la misa sería cantada como así ha sido.

Las buenas vibraciones iniciales se han visto algo cercenadas cuando el de la guitarra se ha arrancado ya que parecía cantar solo él y además no muy bien, por cierto. Menos mal que el cura oficiante mostrando un talante alegre y desenfadado ha sabido enmascarar el poco juego que daba el guitarrista.

Como digo, el celebrante mantenía un discurso cercano dirigido sobretodo a los niños (tanto a los comulgados como a los que iban a recibir la primera comunión). La utilización del micrófono inalámbrico facilitaba los desplazamientos del mosen lo cual contribuía a una mejor puesta en escena del mensaje que pretendía transmitir.

Más canciones en solitario o a dúo con el oficiante y, enseguida ha llegado el evangelio y el sermón. El primero trataba de una nueva aparición de Jesús a los apóstoles, en esta ocasión para ayudarles a llenar sus redes. Hoy ha sido la primera vez que he escuchado del evangelio el número de peces que pescaron, en esa ocasión, los discípulos de Jesús: 153.

El sermón con argumentación dirigida especialmente al público infantil me ha resultado algo pueril. El sacerdote hacía preguntas a los niños, los cuales casi nunca daban en el clavo. Entonces el cura deshacía el malentendido y así, de esta forma socrática, se ha pretendido impartir doctrina sobre la Pascua.

Como ya me encontrara algo fatigado de tanta explicación, he aprovechado el revuelo del "Señor esté con vosotros" para salir raudo por la puerta de atrás.

He repetido el ritual de la semana pasada de comprar el periódico en una papelería cercana y me he encaminado por la calle Zaragoza la Vieja de nuevo hacia la Avenida San José para tomar el 39 de vuelta a casa.

He llegado sobre las 13:30 y sólo se encontraba en el hogar mi hija pequeña embebida en el Tuenti, así es que, rápidamente me he puesto a escribir la crónica, por lo menos los episodios más remotos. Enseguida ha llegado el resto de la familia y la comida también ha llegado veloz al ser adquirida en una tienda de platos precocinados. De nuevo se ha repetido el ritual dominguero de la comida en familia aunque, en esta ocasión no me ha interesado especialmente un debate sobre puntuaciones en selectividad y carreras universitarias suscitado entre las féminas. He aguantado pacientemente hasta que se extinguiera la polémica mientras disfrutaba del pollo al ast ocupándome de cuando en cuando de mis libaciones de rioja. Ha llegado la hora de los postres y he dado cuenta de una excelente natilla casera también precocinada. Finalmente la familia nuclear hemos pasado al salón para dedicarnos cada uno de nosotros a su ocupacion preferida: unos el telediario y otras Internet. A la segunda noticia una agradable sensación de sopor ha recorrido mis nervios interoceptores. Sin solución de continuidad me he quedado frito. Al despertar de nuevo una sensación de paz interior y sosiego ha recorrido todo mi ser. "Voy a plantar las petunias" he anunciado y a este menester me he dedicado como cierre de jornada dominguera.

Reportaje fotográfico en:http://picasaweb.google.com/rutaviva2/LasPropiedadesDelYuteYaNadieLasDiscuteLinea40#

domingo, 11 de abril de 2010

Hermoso día. Divertido paseo. Línea 39

Afortunadamente las sucesivas flexiones y agachamientos de las labores de jardinería del sábado no han hecho mella en mis piernas y la nómina de músculos damnificados ha sido escasa. Así es que, animado al constatar que podía caminar sin problema alguno, he salido de casa a una hora redonda: las 9 de la mañana.

Mi objetivo estaba cercano. El inicio del trayecto de la línea 39 lo tengo a dos pasos de casa en Vadorrey. Al principio he dudado si coger o no ropa de abrigo pero un vistazo al termómetro de exteriores -12º- me ha decidido a salir al exterior "a cuerpo". Confiaba que la mañana se iría templando poco a poco -como así ha sido-. He pasado revista al Lidl que lo están reformando y que lo reabren el día ¿24? Supongo que con la crisis este tipo de establecimientos otean buenas perspectivas. Yo ya lo he constatado en otras visitas al establecimiento, al encontrar los pasillos llenos de clientes, muchos de ellos inmigrantes.

Al llegar a la parada principio de línea me ha parecido que el bus estaba vacío (sin conductor) y rápidamente me he puesto a tomar un primer plano del coloso rodado. Justo en ese momento ha descendido el conductor y, para evitar malentendidos, le he musitado si no le importaba que tomara una foto al vehículo a lo cual él me ha mirado con extrañeza y preguntado para qué. No he tenido más remedio que explicarle mi encomienda respecto a viajar los domingos en una línea distinta. Aprovechando ese breve intercambio de palabras, hemos extendido el tema de conversación hacia el buen día que hacía, la afición a la bicicleta de montaña del conductor e incluso le he comentado que conocía al malogrado Pepe Gasca que fue conductor de TUZSA durante muchos años en la línea 22. El señor me ha informado de su antiguedad en la empresa: 26 años y, como ya se hacía la hora de partir, ambos hemos subido al autobús y yo me he colocado en posición de observación del trayecto.

Conocía ya el recorrido del 39 hasta San José más o menos y el resto del trayecto no ha ofrecido características especiales salvo una incursión por una zona de calles ubicadas a la derecha de Fray Luis Garcés, según se sube al cementerio. Esa zona la he recorrido luego a pie y, como comentaré, el paseo me ha resultado muy gratificante.

Después de la incursión autobusera por las calles Ateca, Mesones de Isuela y demás, el bus ha retornado de nuevo por un tramo por el que ya había pasado hasta llegar a la parada ubicada al lado de la antigua cárcel de Torrero. Justo enfrente tenía, de nuevo la calle Ateca y por allí me he encaminado con tan buena suerte que ya justo a la entrada de la calle he adivinado la silueta de la parroquia de la Sagrada Familia. Me he informado de las misas directamente y celebraban a las 10, 11 y 12. Eran las 9:45 y he optado por dar un garbeo por el barrio y hacer tiempo hasta la misa de las 11. Justo enfrente de la iglesia había una papelería. Allí compraría El País al terminar el recorrido. Iglesia, papelería, parada del autobús... "Todo en el mismo pack" -he pensado- "la suerte me sonríe hoy".

Dada la regular disposición de las calles de la zona (todas ellas paralelas) y de la misma longitud, tal como puede verse en Google Maps he decidido recorrer en primer lugar la calle Castillo de Loarre (aunque en la placa ponía sólo Loarre) y posteriormente realizando un trayecto en "U" girar a la izquierda y pasar a la calle Ateca, luego Ejea de los Caballeros, etc.

Como he dicho la mañana estaba espléndida y el silencio y la tranquilidad se respiraban en la zona, especialmente en las casitas de una planta que por allí abundan. Ha sido un paseo relajante y estimulante. El hecho de ir a mi aire y de disfrutar de la novedad de visitar un entorno desconocido para mí, ha ejercido un efecto relajante en mi cuerpo y en mi espíritu. He pasado también por el colegio Lestonnac que ahora está abandonado y, finalmente he retornado a la calle Fray Julián Garcés ya con la misión de buscar una cafetería a la altura del día y de mis cada vez más elevadas expectativas.

Me he decidido por el restaurante "A mesa puesta" ubicado en la calle del fraile Garcés ya que en una pizarra se indicaban las excelencias de sus desayunos además de la amplitud de los salones. Al principio he tenido que permanecer un rato de pie pues el establecimiento estaba lleno, luego he podido conseguir un taburete y, posteriormente una mesa.

Desde el principio una de las dos jóvenes camareras me ha parecido, digamos, peculiar. Su manera de hablar, de dirigirse a los clientes y, en una palabra, de estar, llamaban la atención. Le he pedido lo de siempre: café con leche y croissant. Ella, con gran familiaridad me ha interrogado sobre el croissant: ¿normal o a la plancha? Era la primera vez que me lo ofrecían planchado en todo mi historial dominguero y, por tanto he accedido a que la respostería, como digo, pasase por la plancha.

Me han servido el croissant caliente con dos pequeñas tarrinas, una de mermelada y otra de mantequilla. Me he entretenido extendiendo ambos productos con precisión artesanal y después he devorado el bollito resultante. Como tuviera ciertas urgencias por exonerar el vientre, nada más terminar con el desayuno me he encaminado al lugar idóneo para aliviar esa pena. Terminado el proceso, he salido exultante y triunfal decidido a comerme el mundo tal había sido la magnitud del alivio que, conjuntamente con el efecto de la cafeína creía habían hecho de mí un ser especial.

Todavía me ha quedado un momento para ojear El Heraldo (esta vez sí llevaba las gafas) y, como ya se hiciera la hora de la misa, he salido raudo y veloz de nuevo hacia la calle Ateca.

Esta vez a la entrada de la iglesia no he encontrado pobres. O los fieles no son muy dadivosos o los pobres no conocen la parroquia (hipótesis forzada) o, sencillamente se les invita a no pedir o bien se les atiende en otros servicios. Bueno, pues el caso es que me he ubicado en un lugar desde el que se podía presenciar sin problemas el santo oficio y, como ya es habitual, me he dedicado a observar lo que iba ocurriendo en el interior del templo.

Justo al fondo, a la derecha se estaba preparando un pequeño grupo con su orquestación básica (guitarras) y el que realizaba también las funciones de técnico, ha desplegado una pantalla para proyectar. Todavía hemos tenido que esperar unos 7 minutos hasta que ha aparecido el cura revestido para la ocasión y ha hecho su "paseillo" desde la sacristía ubicada en la parte posterior de la iglesia hasta el altar.

Siempre insisto en la importancia del "efecto primicia", es decir el condicionante de la primera impresión que causamos a los demás en el juicio, que a medio plazo realizan sobre nosotros en función de nuestro aspecto, nuestro vestido, nuestros gestos, etc.

En este caso, siento decir que el sacerdote no me ha causado buena impresión. Se trataba de un señor mayor que, en ocasiones, sonreía (para mí forzadamente) y por su expresión y por sus gestos parecía hueco y artificial y más de la acera de allá que la de aquí.

El oficiante ha retornado por el pasillo central asperjeando (hisopeando, rociando) a los fieles y cuando ha pasado cerca de mí, ya me preparaba para la ducha con agua bendita pero, milagrosamente, no he resultado salpicado por el sagrado líquido. Ese vuelo rasante del cura no ha hecho sino confirmar mi mala primera impresión al creer adivinar cierto aire malévolo en sus intenciones al manejar el hisopo.

Ha comenzado la misa y tanto el ritmo adoptado en la ceremonia como los intervinientes me han parecido bastante desajustados. Los cánticos no iban acompañados por el resto de los fieles y los lectores de la epístola mostraban timbres y volúmenes de voz inadecuados al desarrollo general del evento.

Sólo me ha faltado escuchar un embolicado sermón en que se ha insistido más en los detalles sobre lo que se decía en el evangelio que en acercar y hacer comprensible la "palabra de dios" a los fieles. Así es que, aprovechando una llamada de Javier a las 11:29 he salido discretamente de la iglesia intentando transmitir la imagen de que "me llamaban por teléfono".

He conversado afablemente con mi amigo y, ya liberado del yugo eclesial, he entrado en la papelería para comprarme El País (y una curiosa copa de cristal por sólo un euro más) y me he encaminado hacia el inicio de la línea 39 dirección Vadorrey.

La vuelta se ha realizado sin novedades especiales. De cuando en cuando leía (mejor dicho, interpretaba) algunas noticias que venían en el periódico pues no me he puesto las gafas. El artículo que más me ha llamado la atención versaba sobre la crisis y el tambaleo del estado de bienestar. He pensado que cuando llegara a casa lo leería a fondo. Una familia de negritos (los padres y dos niños pequeños) me han servido de mucha distracción ya que ella iba cubierta (sería musulmana) y parecía bastante joven. El niño más mayor se dirigía a su padre en español realizando de cuando en cuando comentarios de lo más variopinto. Los padres hablaban entre ellos un raro idioma que no he sabido identificar. Inicialmente me parecía que la madre era más bien tímida pero luego he constatado que su tono de voz y su autoridad al hablar la alejaban bastante de mi esquema inicial. Los cuatro se han bajado en Pascuala Perié con lo cual ha terminado el entretenimiento y yo me he preparado para bajar dos paradas más adelante, en la calle Balbino Orensanz, cerca de la urbanización Al Ándalus.

Al llegar a casa mi señora estaba muy afanada limpiando y recogiendo y yo, para purgar mi pecado de la salida mañanera, me he ofrecido a hacer la comida. Lo primero que se me ha encomendado ha sido ir a comprar pan y vino blanco. Por mi cuenta he añadido al encargo una fregona en los chinos para fregar el suelo del jardín.

He vuelto a casa y ya tenía los muslos de pollo preparados en el horno. Yo me he limitado a aportar el brevaje elaborado con perejil, ajo picado y vino blanco de cuando en cuando para que cogiera sabor. También me he esmerado en la preparación de las ensaladas. Toda la familia hemos comido con muy buena gana departiendo animadamente sobre lo que nos había deparado la mañana. Los efectos del riojilla no han tardado en aparecer y una vez terminadas las viandas, he pasado al sofá donde plácidamente he dado cuenta de un flan adobado con mermelada de arándanos. Después me he echado una cabezada. Maravilloso final para una esplendorosa mañana.
Las fotos de la salida de hoy, en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/HermosoDiaDivertidoPaseoLinea39##

domingo, 4 de abril de 2010

Línea 38. Variado recorrido en un día variable

El ejercicio de la escritura del blog conlleva un importante componente de selección de contenidos del circuito realizado retenidos en la memoria. Como siempre, han pasado muchas cosas, pero sólo iré reseñando aquellas que ahora afloran a mi conciencia. La percepción humana es selectiva y la selección se realiza con la criba de la personalidad de cada uno.

Después de llevar a mi hija mayor a la estación de Delicias en compañía de Rosa Mary, hemos vuelto a casa y, rápidamente, he encarado el nuevo reto de hoy saliendo dispuesto a vivir una nueva aventura dominguera. El día me ha engañado un poco pues dentro del coche no se apreciaba el fresquillo mañanero y he salido más bien de primavera. Así es que en los primeros pasos por el Puente de la Unión ya he podido percibir el aviso inmisericorde del cierzo que habita en el cauce del Ebro.

Sin embargo, haciendo gala de mi aragonesa tozudez he redoblado el paso y continuado mi trayecto como si tal cosa. Sólo me he detenido un momento para tomar unas fotos de una nave industrial derruida del extinto polígono ubicado en el inicio del puente, en su ribera izquierda. También he tomado nota de la empresa destrozadora: http://www.casale.com/ y de la que se supone que reedificará en el solar cuando quede expédito de escombros: http://www.arascon.com/

Así, he continuado el pedestre viaje y arribado a la calle Miguel Servet donde ya sabía podía tomar el 38 en dirección a la residencia Pignatelli. Como el bus tardaba, he aprovechado para constatar la cantidad de locales en alquiler o en venta por el cese de negocios que, otrora, constituían boyantes proyectos en marcha. "Consecuencias de la crisis" -he pensado- Los grandes negocios (especialmente bancos y supermercados) se comen a los pequeños. Aún así también he pensado que los pequeños pueden mantener su hueco de mercado siempre y cuando acierten con el producto o servicio y con la forma de ofrecerlo.

La sucesiva llegada del 39 y del 40 han encendido falsas alarmas porque me encontraba bastante distante de la parada. Finalmente, el 38, con dos maduras viajeras ha hecho su aparición y yo he subido al vehículo.

Un original recorrido salpicado de baches que el bus, inclemente, no disimulaba para nada. El traqueteo no ha cesado en todo el viaje. Creo que ha ejercido un efecto hipnótico en mí porque cuando hemos llegado al final de trayecto el conductor me ha tenido que avisar para que me bajara. ¿No va hasta la residencia Pignatelli? -he preguntado inocentemente- NO, los domingos sólo llega hasta Vía Hispanidad, me ha contestado el conductor al tiempo que hacía que las puertas se abrieran como expédita invitación para que yo me apeara.

Así es que de nuevo he paseado por las calles de la urbanización Alférez Rojas como ya lo hiciera en mi anterior visita y, por variar un poco, he pasado al interior del parque del Psiquiátrico ya que no lo había visto con anterioridad.

Un corto paseo por el parque me ha servido para descubrir nuevas perspectivas y también varias fuentes y estanques que no conocía. Dada mi natural inclinación por estas instalaciones he aprovechado para tomar varias fotos. Cuando se toman fotos en las que no aparecen personas, siempre que sale agua por algún sitio, parece como si la instantánea estuviera más "viva". También he tomado alguna foto a las instalaciones del Psiquiátrico que, ahora, quedan parcialmente ocultas tras la vegetación.

Una vez concluida mi misión he retornado al punto de inicio-fin del trayecto de la línea 38 y he esperado a que viniera el bus. En un instante, mansamente, un nuevo vehículo se ha acercado a la parada. He accedido a él y el aparato controlador de billetes muy amablemente me ha concedido la gracia de viajar en la condición de "trasbordo", es decir, el viaje de vuelta no me ha costado nada.

En esta ocasión el autobús soportaba mejor los fallos del asfalto. "Será vehículo nuevo" -he pensado- y así, tan ricamente, después de un viaje de una media hora de duración, me he visto transportado hasta las instalaciones de TUZSA en la carretera de Castellón.

Enseguida me han llamado la atención los silenciosos autobuses aparcados "en cocheras" así como un depósito al aire libre en el que permanecen alineados contenedores de basura, de cristal y de papel a la espera de su distribución por la ciudad. También he tomado varias fotos porque este espectáculo no se ve todos los días. Me daba la impresión de estar en algo así como "el hospicio de los contenedores" por el silencio que reinaba en el ambiente y por su aspecto desvalido sin arropamiento alguno. Cerca de allí se ubican así mismo las instalaciones de FOCSA, empresa encargada de la limpieza de la ciudad y también varios vehículos de la empresa reposaban silenciosos a la espera de un diestro conductor que les diera utilidad.

He rodeado a pie todas estas instalaciones para retornar a la carretera de Castellón iniciando de esta manera el segundo acto de mi visita: localización de la iglesia y asistencia a la misa. He pasado por la antigua discoteca Torreluna y por un momento me he trasladado a gloriosos tiempos en los que con mi amigo Javier Cay nos colamos en una celebración oficial haciéndonos pasar por importantes personas "Aragonensis et Unicastrus natus" y también por la Facultad de Veterinaria y continuado mi viaje por Miguel Servet. Me he desviado por Alcampo Utrillas y también he aprovechado para tomar varias fotos de las cigüeñas que año tras año deciden anidar en la antigua chimenea rehabilitada que ya ha quedado rodeada por edificios residenciales.

Me he perdido intencionalmente por calles por las que nunca había transitado como la Calle de las Flores (Supongo que las tuvo en su momento pero ahora ha desaparecido totalmente su rastro) y también por la calle Mariano Adam (por la que ya me he perdido en otras ocasiones) y, como veía que me iba hacia San José he realizado un viraje y, pasando por la Plaza Pintor Aguayo, me he encaminado hacia la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores en la calle Monasterio de Poblet. Allí he comprobado dos hechos curiosos: unos altavoces "transmitían" la misa al exterior más cercano y la celebración de las 12 se aprovechaba también para un bautizo. Los pobres de rigor me observaban con curiosidad aunque ninguno de ellos me ha dirigido la palabra.

Eran las 11:20 y, por tanto, disponía de 40´para tomar algo en la taberna-bar "Vama" que había localizado anteriormente en la plaza Aguayo y parecía tener buena pinta. Dicho y hecho, hacia allá me he encaminado y, como se verá, la elección ha sido acertada.

Al penetrar en el establecimiento ya he percibido dos sensaciones que me han impactado positivamente: limpieza y orden y variedad de tapas frescas y bien presentadas. La presencia de un grupillo de jubilados que tomaban vermut bromeando entre ellos también me ha resultado refrescante; no en vano el sentido del humor -máxime a esas edades- lo considero un preciado bien al que nunca hay que renunciar. Le he preguntado a uno de ellos si el Heraldo era suyo o de la casa y muy amablemente me ha contestado que, aunque era suyo, lo tomara sin rebozo alguno. Enseguida otro contertulio me ha indicado el lugar en el que se encontraba el periódico del establecimiento por lo que no ha sido necesario recurrir a bienes privados para saciar mi sed de lectura.

Como no tenían croissanes he pedido lo de siempre: café con leche y dos churros. El camarero ha tenido la inusitada amabilidad de servirme ambos productos en la mesa y la única pena que ha impedido un total disfrute del momento ha sido el no haber traído mis gafas de ver de cerca por lo que me he tenido que conformar con la lectura de los titulares y sólo he forzado un poco más la vista y puesto ojos de topillo para leer un breve artículo en el que se loaban y concedían todo tipo de parabienes al artefacto que no hace mucho adquirí: una HTC HD2. Satisfecho al refrendar de nuevo el acierto de mi elección he pagado, me he despedido de los amables y socarrones jubilados y me he encaminado con paso alegre hacia la iglesia. Aún ha sido necesario dar un rodeo a la manzana pues faltaban 5 minutos para el comienzo de la celebración.

Quizás por la hora, la nómina de mendigos se había incrementado pues eran al menos cuatro los que facilitaban la apertura de puertas con cierto aire de dignidad al tiempo que mostraban prudentemente sus vasitos de plástico blanco por si algún feligrés se dignaba a depositar el óbolo. He pasado al interior del templo y he quedado muy gratamente sorprendido por su original factura y la grandiosidad y amplitud de espacios interiores. La luz estaba muy bien dispuesta y también la ornamentación: suficiente y bien distribuida. He reparado especialmente en la peculiar disposición de las vigas que soportan la cubierta: 6 grandes puntales de acero en forma de L invertida confluyendo todas ellas detrás del altar. La disposición de los bancos para los fieles y cierta elegancia observada entre la añeja concurrencia me han predispuesto muy favorablemente para el divino oficio.

Una señora con voz melodiosa animaba a los fieles a acompañar los cánticos y un sacerdote ubicado más atrás hacía sonar suavemente los acordes del armonium. El sacerdote oficiante nos ha recordado a todos que en primer lugar se llevaría a cabo el primer acto del bautismo de una niña (Malena) y que luego continuaría la celebración hasta la homilía.

El ritual del bautismo se ha desarrollado con gran solemnidad a la vista de los, aproximadamente, 300 asistentes a la celebración y mientras los padres contestaban a las invocaciones de rigor mi pensamiento se ha deslizado hacia la vertiente sociológica de la importancia que siguen teniendo los rituales entre los humanos. En este caso, el cantar juntos, responder juntos a las plegarias y compartir -también conjuntamente- una misma religión considero posee una gran potencia psicológica que, sin duda, actúa benéficamente entre todos los que se consideran partícipes del evento. Lo mismo podría decirse -salvando las diferencias- de un espectáculo musical, de un coro o de un grupo de amigos que practican bicicleta de montaña con la condición -claro está- de mantener ciertos rituales que mantengan el espíritu y los lazos de unión comunes.

Hoy el evangelio trataba sobre la resurrección de Jesús y he permanecido especialmente atento pues, a pesar de escuchar este pasaje en otras muchas ocasiones nunca como hoy había apreciado con tanta precisión el proceso: María Magdalena y otras mujeres iban a embalsamar al señor y se encuentran que el cuerpo ha desaparecido y sólo quedan vendas y el sudario. Se lo comunican a Pedro y otros apóstoles, etc. El resto de la celebración ha mantenido el buen tono y el ritmo imprimidos por el cura desde el principio. Sólo hubiera cambiado la segunda señora que ha leído la lectura por no estar a la altura del resto de los intervinientes. Tampoco ha sido acertada -para mi gusto- la decisión del sacerdote de retirarse casi hasta la sacristía para decir la homilía. Con la cercanía física a los fieles, su discurso mesurado y bien estructurado hubiera ganado muchos enteros. Es una pena, como ya he comentado en anteriores ocasiones que los templos no dispongan de un buzón de sugerencias para mejorar los servicios divinos.

Terminada la homilía me he puesto en pie como el resto de los asistentes y, a diferencia de ellos, yo he abandonado respetuosamente el templo. He salido a la calle y la luminosidad del día era ya manifiesta por lo que he optado por continuar mi retorno a pie.

De nuevo he observado más negocios en quiebra en Miguel Servet y tomado nota de dos bares que parecen interesantes ubicados enfrente del antiguo matadero: En la luna y De película. Realizada esta observación me he encaminado a la calle Sanz Gadea donde recordaba la existencia de una papelería (papelería Zuzú). He comprado el País y he enfilado por la Avenida de las Torres en dirección a mi casa. En Jorge Cocci me he desviado por un camino que corre paralelo al Huerva y leyendo subrepticiamente el periódico, casi sin darme cuenta he arribado a mi hogar.

Revisión de las tareas que había realizado mi mujer y, en especial la nueva disposición de flores en el jardín, saludo al resto de la familia y, sin dilación a escribir las primeras líneas de mi artículo. Ahora son las 18:18 y lo doy por terminado con la sensación -como siempre- del deber cumplido. El resto del reportaje fotográfico en: http://picasaweb.google.com/rutaviva2/Linea38VariadoRecorridoEnUnDiaVariable##